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Leonardo Sbaraglia: "En cine, Argentina y España son el mismo territorio"

  • El actor presenta en sección oficial Aire libre, de Anahí Berneri 
  • Una crónica del hundimiento de un matrimonio que decepciona en el festival
  • Mia Hansen-Love eleva el nivel con Eden, crónica de dos décadas de música 'garage'

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Leonardo Sbaraglia, en el ecuador del Festival de San Sebastián

El cine argentino desembarca en San Sebastián con Aire libre, de la directora de Anahí Berneri, en la sección oficial. Un preludio del plato fuerte de mañana: la proyección de Relatos Salvajes con la presencia de su coproductor Pedro Almodóvar, su director Damián Szifron, y los actores Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia.

Precisamente Sbaraglia protagoniza (junto a Celeste CidAire libre, una crónica machacona del hundimiento de un matrimonio que supone un reto mayúsculo para sus actores, y un visionado árido para los espectadores. Como ocurría con La voz en off, un ejemplo de cine latinoamericano basado en la descripción, más que en la narración.

Es una película hiperrealista, donde no sucede nada extraordinario”, reconoce Sbaraglia. “Cuestiona al espectador, lo incomoda. Cualquier persona que estuvo en pareja e intento sostener un proyecto se identifica”.

El proyecto del matrimonio protagonista está simbolizado por la construcción de una vivienda para la que apenas tienen ilusión. Mientras la levantan, y casi sin darse cuenta, cada uno acaba viviendo en casa de sus padres, con su hijo pequeño danzando de un domicilio al otro. "En medio de la lucha del amor y del dolor, uno se olvida de los más importante: los hijos, que son los más débiles”, añade el actor.

Anahí Berneri, que en 2007 obtuvo el premio Fipresci en San Sebastián por Encarnación, define la película como la historia de un vínculo violento. “Es una crisis que no está puesta en palabras, la violencia está naturalizada, los dos son violentos. En Argentina tenemos miedo a mostrarnos autoritarios, a poner en palabras los límites. Y lo no dicho se transforma en violencia”.

Sbaraglia, uno de los máximos exponentes del cine “Argeñol”, ha festejado el diálogo entre las dos cinematografías. “Cuando en 2000 comencé a trabajar en España, eran industrias muy diferentes, aquí estaba muy asentada, había presupuestos voluminosos. Lo que valoro mucho es la cantidad de uniones y acuerdos para trabajar juntos. En muchos aspectos es como si fuera el mismo territorio”.

Hansen-Løve triunfa con Eden

La película del día en la sección oficial es Eden, la número cuatro en las cuentas de la joven directora francesa Mia Hansen Love. Inspirada en la vida de su hermano, Eden recorre dos décadas, desde los 90 hasta la actualidad, en la vida de un dj de música ‘garage’ estancado en una vida de fiestas y drogas.

Suena turbio, pero Hansen-Løve, heredera de la tradición del naturalismo francés apuesta por la ligereza narrativa, evitando durante más de dos horas enfatizar los puntos de giro. Siempre comparada con el cine de Eric Rohmer, en este caso el referente más directo es Truffaut y Las dos inglesas y el amor. Como Jean-Pierre Léaud en aquella película, el pinchadiscos podrá mirar su reflejo y preguntarse “Estoy mayor ¿Qué me ha pasado?”.

De paso, muestra una crónica generacional con guiño incluido a sus máximos exponentes: los Daft Punk. “La película habla de esa incapacidad de llegar a la edad adulta. La misión era centrarnos en el destino de un outsider de ese movimiento, pero también aparecen las inspiraciones, los ideales, de toda una generación”, dice Hansen-Løve. Eden, una de las mejores películas de la sección oficial, hace buena la cita de Robert Bresson: “No corras tras la poesía. Ella penetra por sí sola a través de las junturas”.

“La vida es my sutil y llena de matices y las películas tendemos a simplificar. Siempre he preferido en que podemos transmitir cosas profundas a través de los matices”, resume Hansen-Løve.

Judios jasídicos en Montreal

Félix et Meira, la tercera película del canadiense Maxime Giroux, es la historia de tiernos acercamientos entre una joven judía jasídica y un estrafalario hombre solitario. Ella, casada y aislada en su comunidad, se debate en romper unos lazos impuestos con los que no encaja.

“No es una película mensaje la única idea es que hay que seguir tu propio camino. Todo el mundo se puede relacionar con esto”, dice Giroux.

El cineasta se declara ateo y afirma que fue la curiosidad de conocer las comunidades judías de su ciudad la que le llevo a crear la historia. “Ponerme en contacto con ellos para hablar no suponía ningún problema, pero cuando les decía que quería rodar una película era algo más difícil porque no forma parte de su cultura ver una película”. Otra película que no aporta demasiado a la sección oficial pese a las mejores intenciones.

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