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Vecinos y visitantes disfrutan de una mañana de sol en 'Esta es una plaza' en Lavapiés (Madrid)
Vecinos y visitantes disfrutan de una mañana de sol en 'Esta es una plaza' en Lavapiés (Madrid). J.G.

"Esto antes era un solar": de movimiento vecinal a plan de urbanismo de los ayuntamientos

  • Diversas ciudades han recuperado espacios vacíos para el ocio de los vecinos

  • Barcelona, Zaragoza y Madrid ya cuentan con huertos en solares abandonados

  • La iniciativa ciudadana está siendo regulada por los ayuntamientos 

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“Esto era un solar abandonado que llevaba 20 años en desuso”, explica Xosé Ramil sentado sobre el borde de un arriate lleno de hortalizas detrás de los antiguos muros de una platería de la calle Doctor Fourquet, en el madrileño barrio de Lavapiés. Así empieza la historia de ‘Esta es una plaza’, un proyecto vecinal para la recuperación de un espacio en desuso que puede utilizarse como modelo de otras muchas historias de solares recuperados por la ciudadanía en diversos lugares de España.

Se trata de “vacíos urbanos autogestionados”, si utilizamos la expresión acuñada por el colectivo Todo por la Praxis, surgidos generalmente en suelo dotacional baldío que les ha obligado a mantener una complicada relación con la administración. Un diálogo que ahora en ciudades como Madrid y Barcelona busca hacerse estable, sólido y regular pero que también amenaza con desvirtuar la utopía de libertad que alimenta estos viveros de ideas.

“Este espacio forma parte de una red europea, ‘Local Squares’, una iniciativa propiciada por el colectivo Basurama que agrupa proyectos de siete organizaciones en cinco países distintos y que tiene como objetivo estudiar este tipo de iniciativas”, comenta orgulloso Ramil.

Sin embargo, sus orígenes van mucho más allá. “Estos proyectos beben de los movimientos sociales tardofranquistas como las asociaciones de vecinos y de experiencias holandesas y alemanas que se produjeron después de la Segunda Guerra Mundial para recuperar espacios. Aunque más recientemente se inspiran en procesos producidos en Alemania del Este y Berlín influenciados por el cambio cultural de la web 2.0 que despierta la actitud proactiva de los ciudadanos y les da los instrumentos”, explica a RTVE.es la profesora del departamento de Geografía y Sociología de la Universidad de Lleida Carmen Bellet.

“Desde un punto de vista pragmático, en un momento de crisis económica, se produce una gran oportunidad para experimentar y canalizar la demanda de participación ciudadana en la vida pública”, asegura Bellet, que señala como principales características del movimiento la autofinanciación y la producción de un espacio público al margen del mercado.

“Estos espacios son muy necesarios en un entorno cada vez más privatizado donde cada vez es más difícil realizar iniciativas libres y espontáneas gestionadas por los vecinos”, corrobora Ramil.

Del bottom-up al top-down

“En principio, la mayor parte de estas propuestas casi siempre han estado muy sujetas a una cierta arbitrariedad o precariedad al no tener avales”, explica a RTVE.es el arquitecto Diego Peris, miembro del colectivo Todo por la Praxis. “Tú presentas un proyecto y firmas una serie de cláusulas con las que adquieres unos grados de compromiso que no son iguales en todos los casos. Esto ha generado situaciones de desequilibrio y desigualdad a la hora de negociar con el Ayuntamiento”, puntualiza.

Sin embargo, ahora los ayuntamientos están tomando cartas en el asunto y buscan organizar y regularizar los procesos de concesión. “Para nosotros, y yo creo que para mucha gente, sí que es bueno que haya una cierta institucionalización en el sentido de poder acceder a estos espacios, que estén reguladas las aportaciones de las asociaciones o los colectivos que se hacen cargo, pero también las contribuciones que tiene que hacer la Administración”, aclara Peris sin dejar de señalar que, en su opinión, esta última intervención debe ser “débil” y no ha de afectar a la programación de los espacios.

Es buena la intervención sin que se pierda la autonomía del proyecto

“Este es uno de los principales riesgos”, explica el arquitecto. “Se puede perder el carácter autónomo de estos lugares en el sentido de que lo interesante que tienen es que son una alternativa a los espacios convencionales donde la toma de decisiones ya no se produce de una manera directa por el ciudadano”, aclara.

“Otro de los peligros que tiene institucionalizarlo es que, según los casos, si existe un papel o una presencia muy fuerte de la Administración, se puede generar un cierto clientelismo”, advierte Peris.

La ventaja estaría en que los ayuntamientos cambiasen el paradigma, apunta Ramil. “El Ayuntamiento, en teoría, es una institución de todos. Pero, en la práctica, la mayor parte de las veces no tienen en cuenta la opinión de los ciudadanos. Esto es darle la vuelta. Por eso el Ayuntamiento tiene que ver cómo está funcionando y como puede promover iniciativas similares para crear ciudadanía activa”, señala.

Zaragoza, Barcelona y Madrid tres modos de aplicación

Zaragoza es quizás la ciudad pionera a la hora de generar un proyecto de arriba hacia abajo tutorizado desde su Ayuntamiento. La idea nace en el estudio de arquitectura de Patrizia di Monte, que en 2005 propuso al Consistorio abrir cinco solares abandonados para incorporarlos al espacio público de la ciudad a través de la mirada de cinco artistas. En 2009 nació el programa ‘Esto no es un solar’ que “incluye 32 espacios abandonados que han sido transformados en espacios públicos de uso temporal dando respuesta a solicitudes de asociaciones vecinales de cada distrito”, explica la arquitecta.

Sin embargo, Peris y Bellet están de acuerdo en que esta experiencia tiene un error de base. “El problema es que esos solares se abren indiscriminadamente. El Ayuntamiento ha seleccionado los sitios pero no había ningún movimiento social o petición vecinal asociada y muchas de las instalaciones que se han hecho no responden a las necesidades del propio barrio. Por eso han fracasado”, explica Peris. Lo mismo pasa en proyectos similares en Huesca y Lleida, explica Bellet. “Los vecinos se implican al principio pero no continúan con la gestión”, aclara.

El ‘Plan de Buits’ (‘Plan de Vacíos’) del Ayuntamiento de Barcelona ha intentado superar este contratiempo generando una fórmula mixta. “También surge del propio Ayuntamiento que selecciona los solares y los saca a concurso. Ellos eligen el lugar y se presentan propuestas a las que luego se les adjudica el espacio”, cuenta Peris. “Aquí sí que hay un paso en el que se le está dando espacio a que haya movimientos vecinales asociados”, señala.

Ahora bien, este plan también está siendo bastante criticado porque “en cierta manera ya hay una forma de dirigir un poco las opciones”. Peris se queja de que el Ayuntamiento está diciendo qué solares y en qué distritos. “Esto, que aparentemente no parece tan grave, tiene una intencionalidad política detrás. Además, ¿cómo se establecen cuáles son los criterios para asignar un proyecto?”, se pregunta el arquitecto.

“No somos cuatro hippies”

El caso de Madrid es algo distinto. Hace tres años se creó una Red de Huertos Urbanos que agrupa a una treintena de espacios de este tipo que comparten recursos y actúan de manera conjunta. “No tiene ninguna figura legal pero estamos reconocidos por buenas prácticas en ciudades europeas por la ONU y tenemos el reconocimiento del Ministerio de Medio Ambiente y de Fomento, no somos cuatro hippies”, explica orgulloso azada en mano Alberto Peralta.

Alberto es miembro de la mesa de debate que decide qué puntos se llevan a la negociación con el Ayuntamiento en la comisión que la Red de Huertos y la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAM) han creado para negociar con la Administración. “La necesidad de negociar con el Ayuntamiento surge en el momento en que vemos que estamos en precario, que están desalojando algunos huertos, que no tenemos acceso al agua o a la energía… Pero, sobre todo, surge en el momento en que creemos que nos gustaría que esta fuese una experiencia que se implantase en la ciudad”, explica.

Esta negociación comenzó hace cuatro años pero a ojos de Peralta el proceso se ha acelerado de cara a las elecciones. “Ha habido tres años de inacción y ahora hay mucha prisa por su parte por sacar ese plan de huertos y anunciar que Madrid tiene su red. Somos conscientes de que lo están acelerando por el rédito electoral pero es una conquista nuestra, hemos logrado que se ponga el tema sobre la mesa”, puntualiza.

El Ayuntamiento, según informa la propia Red de Huertos, propone renovar las cesiones quinquenales de los huertos ya existentes y regularizar la situación de los que no tienen un acuerdo con el Consistorio. Además, también propone dotar a aquellos que empiecen de herramientas, una caseta y tierra para abonar el terreno. Sin embargo, la gran lucha de la Red y la FRAM es el acceso al agua. "En este aspecto vamos a ser bastante rígidos y si no nos dan lo que pedimos no vamos a firmar”, sentencia Peralta.

Temporalidad o permanencia, la gran amenaza

Sin embargo, existe una amenaza común para todos estos espacios que es el tiempo. La mayoría de estas experiencias surgen en una situación de crisis económica y se desarrollan en suelo urbano dotacional más o menos consolidado que es propiedad de los ayuntamientos pero “¿qué pasará el día que se reactive la economía y estos espacios vuelvan a resultar necesarios o interesantes para la Administración?”, se pregunta la profesora Bellet.

Mientras que colectivos como Todo por la Praxis tienen muy claro que este tipo de intervenciones son algo temporal, los vecinos que forman parte del proyecto sienten el deseo de que su trabajo perdure en el tiempo.

“Claro que en ‘Esta es una plaza’ nos hemos planteado ese panorama”, reconoce Ramil, por eso el colectivo está recogiendo firmas para que el Ayuntamiento declare el espacio zona verde. “Esto, en un plazo muy grande de tiempo e independientemente de la situación económica nos garantiza la continuidad de la iniciativa”, explica.

“Este es un huerto metafórico, un huerto de ideas que se comparten, se plantan y se desarrollan. Dentro de diez años será más verde y aquí habrá nuevas generaciones”, comenta entusiasmado un vecino que se ha acercado al ver la grabadora. “La ciudad es como una selva y estos sitios te hacen tener un poco de paz y volver a valorar el ser humano. Volver a llamar a la gente por su nombre”, reconoce Candela Martínez, otra vecina que se ha sumado a la conversación mientras cuida el parterre de los ajos.

Huertos urbanos en ciudades europeas


Allotment garden (Reino Unido). Por definición legal, es una parcela que no excede los 100 metros cuadrados, cultivado total o principalmente por su ocupante con fruta y vegetales para autoconsumo. Una pequeña parte puede ser utilizada para conejos o gallinas.

Kleingarten (Alemania). Es un terreno entre 200 y 400 m2, utilizado principalmente para horticultura y cultivo de flores para autoconsumo, muchos de ellos con un pequeño cobertizo en el que guardar las herramientas. No está permitido tener animales ni pernoctar en los huertos. Según los estatutos de las asociaciones se deben dedicar al menos dos tercios del terreno a vegetales.

Jardins familiaux (Francia). La legislación francesa los define como “grupos de jardines gestionados por una asociación cuyos productos no pueden ser comercializados”. Normalmente se localizan agrupados en bandas próximas a carreteras, ferrocarriles, vacíos urbanos... que los alcaldes ceden gratuitamente o por un precio simbólico.

Community garden (Red internacional). Se trata de jardines urbanos comunitarios. Con diversos tamaños y localizaciones, se caracterizan por ser proyectos locales autogestionados, que centran su atención en la creación de lazos comunitarios y en el desarrollo local mediante actividades de formación y autoempleo.

Huerto de ocio (España). Los huertos de ocio son parcelas para el cultivo, en terrenos de la Administración local, que mantiene la gestión de los mismos y en algunos casos establece los horarios de acceso y trabajo. Los huertos se adjudican durante un determinado periodo de tiempo a los participantes (de 3 a 5 años). Normalmente estas cesiones están asociadas a actividades previas de formación. Sus objetivos principales son la recuperación de espacios urbanos, la educación ambiental y la creación de espacios de socialización. En muchos casos están destinados a un segmento concreto de la población, como jubilados, desempleados, niños o personas en situación de exclusión social.

FUENTE: Morán Alonso, Nerea (2011) “Huertos urbanos en tres ciudades europeas: Londres, Berlín, Madrid” 

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