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La NASA da por terminada la misión Deep Impact, la primera en tomar contacto con un cometa

  • Fue la primera en tomar contacto con un cometa
  • Sobrevivió en más de ocho años a su cometido original
  • Se dirigía a un nuevo objetivo cuando se perdió el contacto con ella

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Impresión artística de la Deep Impact y el impactador
Impresión artística de la Deep Impact y el impactador NASA/JPL

Lanzada el 12 de enero de 2005 con la misión de acercarse al cometa 9P/Tempel en julio de ese mismo año para estudiarlo, y tras fracasar todos los intentos de retomar el contacto con ella, perdido el pasado 8 de agosto, la NASA acaba de declarar terminada la misión de la sonda Deep Impact, ocho años, ocho meses, una semana y un día después de ser lanzada.

La primera parte de su misión pasaba no solo por acercarse al cometa 9P/Tempel, sino que tenía el objetivo de lanzar una pequeña nave autónoma para que chocara con el cometa y de esta forma poder estudiar su composición interna.

Impacto contra un cometa

Para asegurar en la medida el éxito de la misión el impactador, formado básicamente por una masa de cobre de 370 kilos, tenía también su propio sistema de guiado con un ordenador de a bordo y una cámara para seguir al cometa, además de unos motores que le permitían afinar su trayectoria una vez separado de la sonda principal.

Hubiera sido imposible, por otra parte, controlarlo de forma remota porque a la distancia de la Tierra a la que estaba previsto el impacto los comandos que se le enviaran tardaría 7 minutos y medio en llegar, y otros tantos en venir de vuelta las lecturas de los instrumentos de a bordo.

En cualquier caso todo funcionó a la perfección con el sistema de guiado y así, el 4 de julio de 2005 a las 5:52 UTC el impactador chocaba contra el núcleo del cometa, convirtiéndose en la primera nave espacial en tomar contacto con un cometa, aunque fuera de forma violenta.

La fuerza del impacto, equivalente al de unas 4 toneladas y media de TNT, provocó la expulsión de una nube de restos formada por agua, dióxido de carbono, sustancias orgánicas, sulfatos, ácido cianhídrico y silicatos, confirmando las expectativas de los científicos en cuanto a los materiales que componen el núcleo de un cometa, aunque en este caso no en cuanto a su proporción relativa. También les permitió calcular que 9P/Tempel es espacio vacío en aproximadamente un 75 por ciento.

No era la primera vez que una sonda se aproximaba a un cometa, pues la sonda Giotto ya se había aproximado hasta a 596 del cometa Halley en marzo de 1986, o la Stardust al cometa Wild 2 en 1994, pero sí fue la primera vez que se pudo estudiar su interior, lo cual fue todo un logro para la NASA.

La mayor desilusión vino del hecho de que la nube de restos impidió a las cámaras de a bordo de la Deep Impact ver el cráter del impacto, aunque más tarde la NASA programó la sonda Stardust, que ya había terminado su misión original, para aproximarse a 9P/Tempel, a donde llegó el 15 de febrero de 2011, obteniendo imágenes desde unos 200 kilómetros de distancia que permitieron determinar que el cráter resultante del impacto tenía unos 150 metros de diámetro.

Nuevas misiones

Una vez superado su encuentro con 9P/Tempel, la Deep Impact seguía en perfecto estado de funcionamiento y aún tenía combustible para maniobrar, por lo que la NASA decidió buscarle nuevas misiones.

Y así, el 3 de julio de 2007 anunció que la Deep Impact pasaba a ser la misión EPOXI, cuyo nombre sale de Deep Impact Extended Investigation (DIXI) y Extrasolar Planet Observation and Characterization (EPOCh).

Como DIXI el objetivo inicial era aproximarse a estudiar el cometa Boethin, al que se habría aproximado hasta una distancia de 700 kilómetros, con su espectrómetro y sus cámaras. Pero dado que finalmente fue imposible calcular con la suficiente precisión la órbita de este cometa se cambió el objetivo de la misión, que pasó a ser el cometa 103P/Hartley, a donde la Deep Impact llegó en 2010, con una aproximación máxima de 694 kilómetros.

La sonda obtuvo magníficas imágenes del cometa y permitió a los científicos descubrir que los chorros de gas que escapan de él y ayudan en sus movimientos son de hielo carbónico y no de agua.

Como EPOCh la ex sonda Deep Impact usó su cámara de mayor resolución para estudiar estrellas alrededor de las que ya sabíamos que hay planetas extrasolares para obtener nuevas mediciones de la luz que llega de ellas y así poder caracterizar mejor esos planetas.

Además, durante sus viajes de un lado a otro del sistema solar las cámaras de la sonda obtuvieron imágenes de otros objetos como nebulosas y galaxias, además de estudiar la Luna con su espectrómetro y obtener imágenes de un tránsito de esta por delante de la Tierra desde una distancia de unos 31 millones de kilómetros.

En definitiva, la Deep Impact ha sido todo un éxito, yendo mucho más allá de sus objetivos originales.

De hecho, cuando la NASA perdió contacto con ella iba camino del asteroide 2002GT, a donde habría llegado en 2020, aunque la verdad es que no había prácticamente ninguna esperanza de que la sonda siguiera funcionando para entonces.

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