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Blas de Lezo, un almirante cojo, manco y tuerto, que evitó para Felipe V la pérdida de América

  • Con seis navíos de guerra derrotó en 1741 a 195 barcos ingleses
  • Murió pobre y olvidado, aunque Carlos III le rehabilitó con un título
  • El Museo Naval reivindica la figura de este marino on una exposición

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Exposición sobre Blas de Lezo

Su historia de abnegación, valor y heroísmo darían para una película de Hollywood, pero tuvo la desgracia de haber nacido español. Se llamaba Blas de Lezo y Olavarrieta, un vasco de Pasajes, que sirvió en la Armada de Felipe V.  Su gran victoria de 1741 en Cartagena de Indias ( en la actual Colombia) ante Inglaterra evitó que perdiéramos en el siglo XVIII  la América hispana.

El Museo Naval dedica una exposición conmemorativa de este marino singular, que murió pobre y olvidado en una fosa común meses después de su gran victoria ante Inglaterra de 1741, cuando todavía éramos una potencia mundial. La exposición, con ochenta piezas únicas del siglo XVIII, de colecciones privadas y públicas, estará abierta hasta el día 13 de enero.

Ascensos por méritos de guerra

Tenía apenas 17 años cuando entró como guardiamarina en tiempos convulsos como la Guerra de Sucesión a la corona española, el gran conflicto armado de la Europa de comienzos del siglo XVIII.

Su primer ascenso a alférez de navío fue  por méritos de guerra en la cruenta batalla naval de Vélez-Malaga, donde Lezo que perdió su pierna izquierda por una bala de cañón. Siguió en su puesto de combate sin ninguna queja. 

A partir de ese momento realizó una carrera meteórica por su valor y pericia, perdiendo el ojo izquierdo  en la defensa de Tolón. Le estalló el globo ocular por una esquirla de madera o un fragmento de metralla.  Después quedó con el brazo derecho inútil  por un balazo de mosquete en el segundo sitio de Barcelona, ganado para la causa del pretendiente austriaco Carlos III. Y siempre invicto, muchas veces ante enemigos muy numerosos y haciendo grandes capturas.

En la defensa de Tolón,  con apenas 23 años, llegó a hacer once presas enemigas, la menor de 20 cañones, y una de ellas la del navío Stanhope,

Con 47 años llegó a teniente general, pese a su condición de mutilado desde que tenía 25. Era temido por su apodo el "mediohombre” o el "almirante patapalo", un hombre de mar que no se avenía bien con la Corte y sus intrigas., como el propio Lezo llegó a reconocer: “Que tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra".

La guerra de la oreja

Lezo salió con su flota el 3 de febrero de 1737, llegando a Cartagena de Indias el 11 de marzo, quedando de comandante general de aquel apostadero, tan importante para la defensa del mar de las Antillas.  Era la llave de América y el paso del oro y la plata que tenía como destino España.

Inglaterra había roto sus relaciones con España por  la llamada guerra de la oreja de Jenkins debido a que Julio León Fandiño, capitán de un guardacostas español, interceptó el 'Rebbeca' del contrabandista Robert Jenkins perdonándole la vida pero a cambio le hizo cortar a éste una oreja, después de lo cual le liberó con este insolente mensaje: “Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. 

Fue el pretexto perfecto para declarar una guerra, que en realidad estaba motivada por la avaricia de los comerciantes ingleses y el intento de su gobierno, nada disimulado, de apoderarse de la importante plaza de Cartagena de Indias.

Ante la mayor flota de la historia

Inglaterra armó la mayor flota de la historia, sólo superada  por la que se movilizó por la conquista de  las playas de Normandía en la II Guerra Mundial.

La armada, al mando del almirante Edward Vernon, estaba formada por 195 navíos (51 de ellos, buques de guerra), 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington.


Frente a esta poderosa flota Lezo sólo disponía de  3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la plaza fortificada de Cartagena de Indias: el 'Galicia' (que era la nave Capitana), el 'San Felipe', el 'San Carlos', el 'África', el 'Dragón' y el 'Conquistador'. La proporción era desfavorable: un español por cada diez ingleses.

Tan seguro estaban los ingleses de su victoria que acuñaron una moneda con Lezo humillado y derrotado ante Edward Vernon. Sometieron a Cartagena de Indidas a 67 días de intenso cañoneo, que no cesaba ni de día ni de noche.

Después llegó el ataque por tierra. Las tropas inglesas erraron en la altura de las murallas y las escalas se quedaron cortas en dos metros. No habían tenido en cuenta el foso que había ordenado construir Blas de Lezo. Fue una carnicería. Los ingleses dejaron en el campo a ocho mil hombres, según algunos fuentes favorables a nuestra causa, y sin poder tomar la plaza.

Lezó atribuyó su victoria a las "misericordias de Dios", y no a su gran talento para el arte de la guerra.

"Maldito Lezo"

Vernon tuvo que claudicar y retirarse, hundiendo alguno de sus navíos por falta de hombres. En aquella guerra caballeresca Vernon dirigió un último mensaje a Lezo. "Hemos decidido retirarnos para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica".

Lezo le contestó: "Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir".


A Vernon, herido en su orgullo, sólo quedó gritar a los cuatro vientos su desperación: "God damn you, Lezo!" ("¡Que Dios te maldiga, Lezo!")

Vernon fue relevado y expulsado de la Marina en 1746, aunque la arrogancia y el orgullo inglés hizo que le enterraran en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes, y en su tumba pusieron el siguiente epitafio: «Sometió a Charges, y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria».

Era una forma de reconocer su gran derrota, que Inglaterra, por orden de su rey, ordenó borrar de su historia

El olvido de Lezo

España olvidó a Lezo, que murió  pobre y enterrado  en una fosa común en Cartagena de Indias por intrigas políticas del virrey Eslava y sin saber que su rey le había exonerado de todos sus cargos y honores  a instancias del virrey.

Carlos III le rehabilitó en 1760, concediéndole  a título póstumo el marquesado de Ovieto  por la "heroica defensa de Cartagena de Indias, donde murió". Hoy, una moderna fragata lleva el nombre de Blas de Lezo, el "mediohombre", que bien podíamos llamar el Nelson español.

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