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El día en el que un presidente negro hizo historia

  • Washington vivió con intensidad la primera jura de Obama como presidente
  • La entrada en la Casa Blanca de una familia negra supuso una revolución

Ver también:  Elecciones en EE.UU. 2012

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Barack Obama is sworn in during the inauguration ceremony in Washington
Imagen de 2009 en la que se ve a Barack Obama y a su esposa, Michelle, durante su primera jura como presidente de EE.UU. REUTERS JASON REED / REUTERS

Washington es una ciudad donde quienes usan el metro no soportan el contacto físico con otros pasajeros y prefieren dejar pasar trenes hasta que llegue uno menos lleno. Quienes van dentro esperan ese comportamiento por parte de quienes esperan en el andén.

Aquella madrugada del 20 de enero de 2009 el andén a las cuatro y media de la madrugada estaba muy concurrido y hacía prever que el tren llegaría cargado.

Conociendo los hábitos de la capital me preparé para rogar a los pasajeros del tren que me dejaran montar y apretujarme, que yo iba a trabajar. No hizo falta.

El tren llegó abarrotado, pero los pasajeros lejos de molestarse al ver la cantidad de gente que queríamos montarnos se lo tomaron con humor, se apretujaron aún más, squeeze, squeeze, y a pesar del sueño, los apretones y el sudor –íbamos pertrechados para pasar horas bajo cero- reinó el humor y un espíritu fraternal.

De vez en cuando alguien iniciaba uno de los lemas famosos en la campaña, “Fired up…”, “…Ready to go” le seguía el resto del vagón. Cuando en una de las estaciones parecía que era ya imposible meter un cuerpo más en aquella lata de sardinas alguien gritó lo obvio, “yes, we can.

Washington DC and the area es una zona de abrumadora mayoría de votantes demócratas, pero lo que se respiraba en el ambiente esa mañana era más, mucho más, que la euforia-alivio de esos votantes por el fin de la era Bush y el inicio de una presidencia demócrata. Washington DC and the area es una zona de mayoría negra.

Y ese día, al mediodía, iba a ocurrir algo que creían nunca iban a ver en su vida, never in my lifetime. La jura como presidente de los Estados Unidos de un afroamericano, la entrada en la Casa Blanca de una familia negra.

Subrayo lo de familia porque quien hace negro a Barack Obama (hijo de padre africano negro y madre estadounidense blanca) ante los afroamericanos, quien lo ancla en la comunidad negra, es Michelle, su esposa, de uno de los barrios negros de Chicago y descendiente de esclavos. Michelle y las hijas, Malia y Sasha, en la Casa Blanca son un símbolo, una revolución, tan o más significativo que el presidente Barack Obama.

En Europa solemos infravalorar la huella profunda, dolorosa y envenenada que dejaron la esclavitud y la segregación racial en los Estados Unidos. Lo que significa tener interiorizado que tus antepasados fueron tratados como una pertenencia más del amo terrateniente, como animales, o tener memoria viva, porque lo vivieron, de cuando no les dejaban ir a la misma escuela que iban los blancos, o a las mismas cafeterías, o a los mismos WC públicos, y la policía les echaba los perros cuando se manifestaban pidiendo igualdad de derechos o, como le ocurrió a Condoleezza Rice, que niñas compañeras de escuela murieran por bombas arrojados contra el domicilio. Por negras. Memoria de cuando un hombre negro era percibido como violador en potencia de mujer blanca… Hablamos de hace cincuenta años, de los 60, de cuando Barack Obama nació.



Los números cantan, se suele decir, y en este caso cuentan que nunca ningún presidente convocó a tanta gente en la enorme explanada frente al Capitolio para presenciar su toma de posesión, calculan que acudieron casi dos millones de personas (1,8 millones). Lo que no cuentan las cifras es esa fraternidad en el metro hacinado a las cuatro de la madrugada, los abrazos que te brindaban desconocidos por la calle, la sonrisa permanente en los labios y las lágrimas en los ojos de tantos afroamericanos aquel día en que por primera vez se sintieron plenamente ciudadanos de su país.

Lo dije en las conexiones en directo de aquellos días y lo repito cuatro años después, al presidente Obama se le juzgará por su presidencia, pero su elección y su toma de posesión son ya un capítulo de la Historia. De la de los hechos y de la de las sentimientos. Y en Europa a menudo cuesta hacerse una idea de hasta qué punto.

* Anna Bosch es periodista de TVE y en 2009 era corresponsal en Washington

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