Los bancos y Grecia ponen a España en el punto de mira mundial por temor a un efecto contagio

  • La posible salida de Grecia del euro podría provocar un efecto dominó
  • Los rumores sobre Bankia y la bajada de nota de Moody's aumentan la tensión
  • Los países del G-8 tratarán de convencer a Merkel de que deje vía libre al BCE
ALBERTO FERNÁNDEZ 

Un artículo de The Economist que considera que la última reforma financiera española es "demasiado poco, demasiado tarde". Otro de The Financial Times que adelanta que el BCE ya habla de un "divorcio amistoso" de Grecia. Una columna en The New York Times que adelanta que si esto pasa se producirá un "corralito" financiero en nuestro país.

Después de esto, la tormenta: La prima de riesgo española roza su máximo histórico mientras el bono alemán se convierte en valor refugio. Los bancos españoles pierden varios escalones en su nota y algunos se quedan al borde del bono basura. Las bolsas mundiales viven su peor semana en meses.

Y, para culminar, un rumor luego desmentido: la retirada de 1.000 millones de euros de Bankia en los últimos días -que sigue de manera casi matemática a la confirmación de que masivas retiradas de efectivo se están produciendo en Grecia-, que desata el pánico en la bolsa de Madrid y provoca la atención de los medios internacionales.

La cita del G8

Esta sucesión de acontecimientos ha convertido a España en el 'invitado ausente' de la cumbre del G8 que empieza este viernes en Camp David, donde la crisis de la eurozona en general y la postura de Alemania en particular respecto a los países periféricos del euro estará en primer plano.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reúne este viernes con su homólogo francés, François Hollande, y se espera que ambos entonen el nuevo 'mantra' del crecimiento económico y aumenten la presión sobre la canciller Merkel para que actúe ante los últimos acontecimientos.

Siendo el primer ministro italiano, Mario Monti, uno de los interesados directos en un giro de la política económica y tras las palabras del primer ministro británico, David Cameron, pidiendo más acción a la eurozona, la canciller puede sufrir una presión sin precedentes.

La evolución del tratamiento de la crisis en España en los medios anglosajones muestra también cómo la preocupación ha ido 'in crescendo' tanto en Londres como en Washington.

Las palabras bancos y España han sustituido a la tradicional rima con la que estos medios se han referido a nuestro país desde el estallido de la burbuja inmobiliaria (pain in Spain, dolor en España).

Ahora, el tema no es ni la protesta en la calle ni el alto desempleo juvenil ni los desmedidos proyectos inmobiliarios en los que se embarcaron las comunidades autónomas, sino una preocupación más urgente e inmediata, el temor a un doble contagio 'español'

El 'contagio' griego

El primero, con un origen eminentemente político. Los crecientes rumores sobre la salida de Grecia de la eurozona ante la parálisis institucional provocada por el resultado de los comicios del 6 de mayo, que ha provocado una nueva convocatoria electoral para el 17 de junio, han desplazado el foco hacia otros países periféricos del euro, Italia y, fundamentalmente, España.

Lo decía el propio líder de la izquierda radical anti-rescate, Alexis Tsipras, en declaraciones a la CNN, que vaticinaba que España e Italia "serían las próximas en caer", un augurio que, en cierto sentido, es compartido por sus 'enemigos acérrimos' de los mercados y el Banco Mundial.

"Grecia saliendo del euro no es el mayor problema; es el efecto dominó", señalaba a Reuters John Bearman, jefe de inversiones de la cartera de inversiones Thomas Miller Investment, que maneja activos valorados en 4.800 millones de dólares.

El aún presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, era aún más explícito el pasado miércoles: "La cuestión clave no será Grecia, sino España e Italia".

"Donde reside el peligro es cuando vienen los hechos y comienzan a afectar a la confianza y se producen momentos de falta de liquidez, y los momentos de falta de liquidez suponen que algo empieza a caer, tanto empresas como bancos", añadía.

En su análisis sobre las consecuencias sobre la caída del euro el pasado lunes el editor de Negocios de la BBC, Paul Peston, señalaba claramente la posibilidad de una fuga de capitales de los bancos de Italia y España ante el temor de que estos países fueran los próximos en salir de la moneda única y se produjese una devaluación masiva de sus activos.

Para evitar esta situación, el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, vaticinaba una especie de "corralito" financiero en ambos países con el objetivo de frenar la fuga de capitales, una expresión que corrió como la pólvora por España y a la que incluso tuvo que referirse el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Mientras, de nuevo Grecia contribuía a aumentar la chispa: la petición de Tsipras de que se diesen a conocer las conversaciones del presidente griego, Karolos Papulias, con los líderes europeos, desvelaban que se habían retirado 700 millones de euros de los bancos griegos tan solo el lunes por temor a la salida de la moneda única.

El embrollo de Bankia

Y entonces llegó una noticia del diario El Mundo que parecía confirmar el peor de los temores: la salida de 1.000 millones de euros de capital desde que se pidió la intervención del gobierno la pasada semana.

Las acciones del banco español cayeron en picado, pero ese no era el principal problema, sino el segundo efecto contagio, que no es otro que la posibilidad de que la banca española tenga que ser rescatada cuando se conozca la profundidad del ladrillo en sus activos.

El runrún sobre Bankia y la nueva reforma financiera del ejecutivo comenzó ya en la prensa extranjera la pasada semana, que consideraba que pese a que suponía un avance significativo pero que se quedaba corta a la hora de valorar los activos tóxicos del sector financiero.

"Desde fuera es muy difícil saber exactamente cuál es la profundidad de los agujeros en los balances de los bancos del país. Los analistas y los inversores reconocen que entre 60.000 y 80.000 millones de euros en pérdidas adicionales deben ser reconocidas antes de que ninguna confianza real en las cuentas de los bancos se reestablezca", señalaba un analista de The Economist.

El problema es que los 30.000 millones contemplados por el gobierno cubren apenas la mitad y situaciones como la de Bankia, cuya intervención se hizo de la noche a la mañana, lo que afectó a la confianza en el Banco de España.

"La debacle supondrá un daño duradero también en la reputación de los reguladores. Muchos sospecharon hace unas semanas que estaban permitiendo a los bancos reconocer solo las pérdidas que se podían permitir cubrir con el capital y las provisiones ya existentes", añadía el analista.

La gripe financiera

Ante esta situación, algunos analistas consideran que una línea de crédito del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (el fondo de rescate) o del Fondo Monetario Internacional le darían a España los fondos necesarios para restaurar la confianza en su sistema bancario.

"Esto podría haber dado un mensaje contundente por parte de los políticos de la Unión Europea a los mercados de que están determinados a afrontar la situación. Pero al final, el gobierno no ha ido tan lejos como debería haber ido", consideraba un banquero cercano al Banco de España el pasado viernes.

El Gobierno teme que pedir la ayuda extranjera puede terminar en pedir un rescate a todo el país y sumarse de manera definitiva al club de Grecia, Irlanda y Portugal.

Pero el paralelismo con Irlanda y los problemas de su sector financiero, que son los que hicieron que pidiera la ayuda externa, están en la mente de muchos analistas.

"Mira a Irlanda, los números del sector inmobiliario solo se consideran de confianza otra vez ahora", señalaba a Reuters un especialista de instituciones financieras de un banco europeo de inversiones.

Frente a la visión de los mercados, el Fondo Monetario Internacional adelantaba en su informe hace unas semanas que el 70% de la banca española es sana, tal y como recuerda el Financial Times en un análisis este viernes.

Este rotativo diferencia claramente al Santander, al BBVA y a otras entidades como Banesto o La Caixa del resto de cajas de ahorro, que consideran los elementos más débiles del sistema.

"Los grandes bancos españoles tienen negocios internacionales, acceso a grandes recursos, especialmente fondos y capital, y su toxicidad y el legado de sus posiciones en España es un problema relativamente menor para ellos", señalaba Justin Jenk, socio de European Resolution Partners.

Pese a eso, Moody's ha bajado tres escalones al Santander y al BBVA y les ha colocado al mismo nivel que la deuda soberana española, en una ligación de su destino a los de España que podría contagiarles de manera definitiva si el Gobierno se ve obligado a rescatar a los bancos más débiles con fondos externos bajo la presión de los mercados.

Aquí, como en el caso de la salida de Grecia, políticos y mercados juegan a la profecía autocumplida. Como recuerda el Financial Times, estos grandes bancos son también los grandes compradores de deuda soberana española, sobre todo tras la inyección de liquidez del BCE de un trillón de euros.

Con la prima de riesgo española en niveles no sostenibles y con bancos bajo el ojo del huracán como compradores, un mayor papel de la entidad de Fráncfort se antoja como fundamental no solo para los analistas, también para el Gobierno.

Todos los caminos conducen a Fráncfort (y a Berlín)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tuvo que salir a la palestra para pedir un gesto a la Unión Europea que respalde las reformas de España.

O, lo que es lo mismo, que el Banco Central Europeo vuelva a comprar deuda de los países en problemas y salga de la 'dieta' impuesta por una Merkel ahora en horas bajas.

El economista José Carlos Díez consideraba en Los Desayunos que una intervención del BCE rebajaría hasta en 100 puntos la prima de riesgo en un día, pero esta intervención debería ir incluso más allá.

En plena tormenta financiera, Rajoy recibía el respaldo del primer ministro británico, David Cameron, que pedía una decisión política para dar un mayor papel al BCE y la emisión de eurobonos, algo que también ha demandado el nuevo presidente francés, François Hollande.

Desde el otro lado del Atlántico, la opinión es compartida.

"Cuando los líderes del G-8 se reúnan en Camp David el viernes, el presidente Obama y otros presioanara a la canciller Merkel para que se comprometa en un paquete de crecimiento. No es momento para medias tintas: su programa de que la austeridad de uno puede servir para todos ha fracasado, colocando a países muy endeudados más en recesión y haciéndoles más difíciles pagar sus deudas", señalaba el New York Times en un editorial.

En el mismo rotativo, Paul Krugman 'olvidaba' el 'corralito' y trazaba su particular conclusión de lo ocurrido esta semana: "El Banco Central Europeo debería decidir dar una financiación abierta (a los bancos españoles e italianos) y, si dice que no, el euro en conjunto podría estallar".

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