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Fukushima Daiichi, Año 1

  • El accidente nuclear de Fukushima Daiichi tendrá un coste enorme en Japón
  • La tarea es mantener los núcleos controlados hasta que puedan ser desguazados
  • Fukushima año 1, antes y después

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Japón se prepara para vivir el aniversario del terremoto y el tsunami

La situación actual en Japón, doce meses después de que un enorme terremoto provocase un terrible tsunami, que a su vez puso en marcha la destrucción de la central nuclear de Fukushima Daiichi, es la siguiente:

Los reactores 1 al 3 de Fukushima 1 están oficialmente en ‘parada fría’ desde mediados de diciembre de 2011 (el reactor 4 estaba apagado y descargado el día del accidente). Pero no están en situación de ser abandonados: precisan de constante atención debido a que los sistemas de refrigeración pierden agua, que debe ser repuesta (medio millón de litros al día).

Las pérdidas deben ser contenidas y el agua descontaminada por medio de sistemas activos, que se han instalado con redundancia para caso de avería o de otro posible terremoto. Los núcleos de los reactores 1 al 3 se fundieron; el 1 completamente, los demás casi por completo. A pesar de informes alarmistas no hay indicios de que se siga produciendo fisión en ellos ni de que el corium (material fundido similar a la lava producto de la fusión) haya atravesado la base de hormigón que hay bajo las vasijas de contención. Solo consta la salida de materiales de la vasija en el reactor 1, donde puede haber cierta penetración en la base, en todo caso menor de 1 metro; el receptáculo inferior de hormigón tiene 8 metros de grosor.

No hay, por tanto, ni puede haber 'síndrome de China'. La tarea ahora es mantener los núcleos controlados hasta que puedan ser desguazados, tarea que llevará muchos años.

Radiación controlada aunque no eliminada

Los edificios de los reactores 1 al 4 están seriamente dañados por explosiones de hidrógeno, liberado al reaccionar los elementos de combustible de los reactores 1 al 3 con el agua refrigerante; el edificio del reactor 4 se llenó de gas procedente del 3. Los terrenos de la planta están muy contaminados; en algunas áreas con niveles de radiación letales en minutos.

Miles de trabajadores llevan a cabo tareas de limpieza, reparación y contención y eliminación de contaminación radiactiva. Esto implica que la radiación está controlada, aunque no eliminada. De los edificios dañados por la explosión el del reactor 1 tiene una cubierta provisional y el del reactor 2 tenía pocos daños y ha sido reparado. Los de los reactores 3 y 4 están siendo cubiertos, pero mientras se riegan los escombros con fijadores para evitar la dispersión de polvo radiactivo.

En todos los edificios hay instalados sistemas de ventilación y de supresión de gases para evitar nuevas explosiones. Las piscinas de combustible usado, que causaron gran inquietud durante la crisis, están bajo control; a pesar de los temores al final no provocaron grandes problemas. Se espera que las labores de contención y limpieza del recinto duren décadas. No se conocen casos de trabajadores muertos o enfermos por la radiación; por el momento se toman las precauciones necesarias, y se realizan los turnos oportunos para evitar la acumulación de radiactividad.

Zonas de exclusión

Entre 80.000 y 100.000 personas fueron evacuadas en cuestión de horas del área de exclusión de 20 kilómetros alrededor de la central y de otras regiones contaminadas (la ‘pluma’ en dirección noroeste, hacia donde soplaba el viento, alcanza casi 50 kilómetros). La rápida y eficiente evacuación salvó sin duda miles de vidas y evitó que centenares de miles de personas quedaran expuestas a la radiación.

Según datos del gobierno muchos podrían volver ya a sus casas, pero la mayoría no se fía y permanecen alejados. La actuación del gobierno y TEPCO durante la catástrofe ha generado una persistente desconfianza en las fuentes oficiales, (la muerte de la confianza) lo que no es de extrañar. Por otro lado hechos como la presencia de Plutonio (en cantidades diminutas, pero detectables) en ciertas áreas sigue generando miedo.

En el mar la refrigeración a la desesperada de los reactores durante las primeras fases del accidente vertieron gran cantidad de elementos radiactivos en el Pacífico, donde se han detectado a gran distancia de la costa. El pescado y otros productos marinos, al igual que la producción agrícola de las áreas contaminadas, deberá ser vigilada durante años. Afortunadamente el enorme volumen del océano ha diluido el impacto, que será solo local.

Se calcula que el vertido total de radiación al medio ambiente es aproximadamente una cuarta parte del producido en el accidente de Chernobyl, con una mucho menor dispersión de los elementos contaminantes. De todas formas la descontaminación de las áreas de tierra más afectadas llevará muchos años y tendrá un coste descomunal.

Una industria que ya estaba en declive

La industria de la generación nuclear de energía eléctrica ya estaba en declive antes del accidente, pero después de lo ocurrido en la planta japonesa (y de las a veces histéricas repercusiones mediáticas que tuvo), ha encajado un golpe casi terminal. Japón ha cerrado todas menos dos de sus 56 nucleares, y se espera que muchas de ellas no vuelvan a entrar en funcionamiento. La reacción internacional ha sido muy variada.

Alemania apagó sus 8 reactores más antiguos inmediatamente después del accidente; los 9 que todavía operan serán desconectados entre 2015 y 2022 según una ley aprobada mayoritariamente en el parlamento. En Italia un referéndum rechazó los planes de retomar el programa nuclear del entonces primer ministro Berlusconi. Suiza decidió no actualizar las cinco centrales activas hoy.

Empresas de ingeniería como la alemana Siemens han abandonado por completo la construcción de plantas nucleares. Donde las centrales nucleares no se han cerrado los gobiernos y los organismos internacionales han aumentado los requerimientos de seguridad de las plantas operativas, lo que ha encarecido este tipo de energía. La consecuencia es que la electricidad ha vuelto a generarse quemando combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural), que han subido de precio. Además, se prevé un aumento mundial de la producción de gases de efecto invernadero (CO2).

La factura energética japonesa ha sufrido un importante aumento, lo que ha provocado que este país entre en déficit comercial por primera vez desde 1980; Japón ha gastado un 37,5% más en gas natural y un 21,3% más en petróleo en el último año. Algunos proyectos de construcción de nucleares han sido ralentizados o paralizados, pero en EE UU incluso se ha aprobado la construcción de nuevos reactores.

Francia, el país más dependiente de la energía nuclear del mundo, apenas si ha cambiado sus políticas, aunque por primera vez la energía nuclear se ha convertido en tema de campaña. En Argentina se ha activado recientemente un nuevo reactor (Atucha II). Brasil mantiene sus dos reactores activos (Angra I y II), y la India sigue con sus planes de construir la central de Jaipur, con seis reactores. En total en el mundo hay ahora mismo 63 reactores en construcción en quince países y otros 156 están planeados. Pero el futuro es oscuro.

Replanteando los modelos de riesgo sísmico

Las autoridades y los científicos japoneses están replanteándose los modelos de riesgo sísmico y de tsunamis para la costa oriental de las islas. El terremoto de T¿hoku ha demostrado que tanto la magnitud del seísmo como la consecuente subida del mar habían sido muy subestimadas en los cálculos oficiales. El terremoto fue mayor de lo calculado y los modelos en los que se basaron las alertas de tsunami predecían un aumento de menos de 6 metros en el nivel del mar, cuando la crecida media superó los 9 metros (y en algunos lugares llegó hasta casi los 20).

Miles de personas que creían estar a salvo, por encima del nivel de seguridad, fueron arrastradas por las aguas. El país está desplegando un nuevo y más preciso sistema de alerta de tsunamis capaz de dar la alerta con antelación y de informar rápidamente de la magnitud de la ola camino de la costa. Las defensas costeras que tachonan puertos y centrales nucleares a lo largo de la costa oriental de Japón, completamente abierta al Pacífico, también habrán de ser replanteadas, al haber demostrado su insuficiencia.

En conjunto el accidente nuclear de Fukushima Daiichi tendrá un coste enorme en Japón, y sus consecuencias se notarán allí durante muchos años; tal vez décadas. Pero no ha sido el apocalipsis nuclear global que nos vendieron en algún momento. Si bien la catástrofe ha demostrado las insuficiencias en la ingeniería de las plantas nucleares antiguas también ha dejado claro que con adecuados procedimientos de construcción y control incluso el peor de los casos (fusión completa de tres reactores) es sobrevivible.

Cuando la crisis vuelva a encarecer el precio de la energía fósil y las fuentes alternativas y la industria tenga tiempo re crear y promocionar nuevos diseños de reactor con mayor seguridad pasiva, no es descartable que la energía nuclear regrese. En Japón, sin embargo, será más difícil convencer a la población, aunque eso suponga una reducción neta de su capacidad económica y política al hacer más vulnerable al país.

Por más que las terribles portadas de marzo y abril del pasado año hayan resultado ser exageradas, la imagen de las explosiones de los reactores y del miedo de aquellos días, sumada a la persistencia de zonas vedadas a personas durante años contribuirán a que convencer al pueblo japonés vaya a ser muy complicado en el inmediato futuro. Y nadie podrá reprochárselo.

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