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 Algunos títulos míticos de la ciencia ficción española
Algunos títulos míticos de la ciencia ficción española

La ciencia ficción, un género tan raro en el cine español como estimulante

  • Un género poco explotado en el cine español por falta de presupuesto

  • Aún así grandes directores han derrochado imaginación en títulos míticos

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El éxito de crítica y público de Eva, de Kike Maíllo (nominada a 12 Goyas), nos ha hecho soñar con que el cine español puede hacer películas de ciencia ficción tan interesantes como esta con medios mínimos y mucho talento. Y es que mientras que en otros géneros, como el terror, hace unos años que destacamos, la ciencia ficción sigue siendo la asignatura pendiente de nuestro cine. Y eso que tenemos grandes talentos como Álex de la Iglesia (un gran director de género que naufraga cuando se pone profundo).

El pionero, Segundo de Chomón

Los españoles, como en tantas otras cosas, fuimos pioneros en el cine de ciencia ficción gracias al talento de Segundo de Chomón, un mago de los efectos especiales que fue contratado por la productora francesa Pathe para competir con el mismísimo George Meliès, con resultados excepcionales, como en La casa encantada (1906).

La considerada como la primera película española de ciencia ficción es El hotel eléctrico (1908?), para el que perfeccionó la técnica del paso de manivela, gracias a la que logró dar vida a un hotel en el que todo está automatizado. Los cepillos peinan solos, los zapatos se atan sus cordones y todos los electrodomésticos de las habitaciones funcionan solos.

Fue un genio de los trucajes, desde el coloreado de películas, pasando por todo tipo de efectos como maquetas, doble exposición, sobreimpresiones, pirotecnia, escamoteos... Dirigió otros títulos del género como Viaje al planeta Júpiter o Viaje al centro de la tierra y fue el responsable de los efectos de la mayor superproducción francesa de la época, el Napoleón (1927) de Abel Gance.

Los años oscuros

Sin embargo, estos inicios prometedores fueron un espejismo porque, desde el principio, la ciencia ficción y el cine español no hicieron buenas migas, entre otras cosas porque el género necesita unos presupuestos impensables para la época.

Por eso,  en la primera mitad del siglo XX apenas hay ejemplos como Madrid en el año 2000 (1925), de Nemesio Soldevilla, en el que se nos muestra un Madrid futurista (Una película de la que no se conserva ninguna copia). O títulos que tocan el género de forma tangencial como la soberbia La torre de los siete jorobados, de Edgar Neville.

Y en los 50, la época dorada del género en EE.UU, los españoles estábamos preocupados por otras cosas. Aunque hay dos títulos del género imprescindibles: Luis Lucia dirigió la primera película española sobre extraterrestres: La lupa (1955) en la que unos aficionados a las novelas de misterio investigan el aterrizaje de unos marcianos; y Rafael Gil sorprendió con La otra vida del capitán Contreras (1955) en la que un capitán de los tercios de Flandes despertaba en el siglo XX (50 años antes que la exitosa película Los visitantes no nacieron ayer, 1993)

Los Bravos contra Fu Manchú

Los 60 se estrenaron con La hora incógnita (1963), la primera película de Mariano Ozores, que trataba sobre los supervivientes de una catástrofe nuclear. Con buenas críticas pero muy mala recaudación, el realizador orientó su carrera hacia la comedia con el éxito que todos conocemos

En 1965 nos encontramos con una película tan extraña como interesante, Fata Morgana de Vicente Aranda, que contó con la colaboración (en el guión) de Gonzálo Suárez. Un experimento con personajes que aparecen y desaparecen cargado de simbología.

Jose Antonio Nieves Conde sorprendió con El sonido de la muerte (1966) en la que se narra la búsqueda de un tesoro en Grecia y el encuentro con una criatura del pasado. La escasez de medios hizo que la criatura nunca se viese y los asesinatos se desarrollen fuera de plano, aunque es una estupenda película.

Los Bravos se convirtieron en los primeros superhéroes hispanos para protagonizar un duelo con un sosias de Fu Manchú en Dame un poco de amor (José María Forqué, 1968). Una curiosa cinta que incluía una secuencia de animación que mezclaba animación con imágenes reales.

El rayo desintegrador (Pascual Cervera, 1966) es una curiosa película infantil de ciencia-ficción, en la que un niño se hacia amigo de Arturo el Robot.

En Los monstruos del terror (Hugo Fregonese, 1966) un extraterrestre intentaba invadir la tierra resucitando a los grandes  mitos del terror (Frankenstein, Drácula, el hombre lobo y la momia, una película que contaba con el gran Paul Naschy)

La televisión fue el gran refugio de la Ciencia Ficción y el terror de la época gracias a dos series de televisión dirigidas por Chico Ibáñez Serrador y protagonizadas por su padre, Narciso Ibáñez MentaMañana puede ser verdad, 1962 (una serie que crearon en Argentina adaptando a los grandes clásicos del género como Ray Bradbury y que luego repitieron para TVE) e  Historias para no dormir (1965) que mezclaba el terror y la Ciencia ficción en historias como Asfalto o El Trasplante. Dos auténticos hitos emitidos y premiados en todo el mundo.

Los 70 son nuestros

Los 70 supusieron otro pequeño revulsivo para el género, gracias a 2001 (Stanley Kubrick, 1968) y las películas de terror y ciencia ficción de la Hammer. Y se rodaron  títulos como Trasplante de un cerebro de Juan Logar (1970), pero casi todo el cine fantástico estaba más emparentado con el terror (un género en el que España sí destacó) que con la Sci fi.

Lo comprobamos en películas como Las ratas no duermen de noche (Juan Fortuny, 1973) otra historia de científicos locos protagonizada por el gran Paul Naschy; la estupenda El refugio del miedo, de José Ulloa, en la que dos matrimonios conviven en un refugio nuclear tras el holocausto atómico; o Pánico en el transiberiano (Eugenio Martin, 1972) una mezcla de géneros inspirada por la película El enigma de otro mundo (Christian Nyby, 1955) y protagonizada por el dúo formado por Christopher Lee y Peter Cushing.

El astronauta (Javier Aguirre, 1970) es una de las mejores comedias del cine español en el que unos pícaros, con Tony Leblanc a la cabeza, intentan crear una NASA a la española, la SANA. Una maravilla.

Pedro Lazaga dirigió Largo retorno (1975) en la que se narraba la historia de una mujer hibernada durante 40 años. Y en 1973 Juan Antonio Bardem realizó una adaptación de La isla misteriosa, de Julio Verne, con un reparto en el que destacaba Omar Shariff como el Capitán Nemo y que televisión española emitió como miniserie.

También destacan El hombre perseguido por un ovni (1976), de Juan Carlos Olaria, en el que los extraterrestres querían secuestrar a un humano. Y también Los viajeros del atardecer (1979), de Ugo Tognazzi, que cuenta cómo, en un futuro más o menos próximo, los ciudadanos que cumplen cincuenta años deben retirarse a un exilio forzoso lejos de la civilización, dominada por los jóvenes (Algo así como La fuga de Logan).

Sin embargo, los directores de cine fantástico de la época, entre los que destacaron Naschy y Jess Franco, siempre se decantaron por el terror, mucho más barato de producir y con ventas aseguradas en el extranjero.

Una vez más,  los grandes hitos de la época son dos producciones televisivas. En este caso del dúo formado por Antonio Mercero y José Luis GarciLa cabina (1972) que sigue siendo la producción televisiva española más galardonada de la historia, y La Gioconda está triste, en la que un vigilante del Louvre descubre que la famosa sonrisa del cuadro está desapareciendo.

Juan Piquer Simón

A finales de los 70 y principios de los 80 el género explosionó definitivamente gracias a películas como Superman (Richard Donner, 1976), La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas y Encuentros en la tercera fase y ET (1977 y 1982) de Steven Spielberg. Y en España tuvimos copias, plagios o parodias de casi todas ellas (Quién no se acuerda de ET y el Oto, protagonizada por los hermanos Calatrava). Pero también un artesano que compitió con los americanos con presupuestos ridículos y mucha imaginación, el recientemente fallecido Juan Piquer simón.

El director valenciano rodó, en 1976, una adaptación de Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne. Con actores americanos y efectos especiales, algo insólito en el cine español y que facilitó su distribución internacional teniendo gran éxito entodo el mundo.

En esos años dirigió su propio Superman (Supersonic man, 1979), su propio ET (Los nuevos extraterrestres, 1983, en el que un niño se encontraba un alien con aspecto de oso hormiguero. Sí es tan ridícula como suena) y Misterio en la isla de los monstruos, con Peter Cushing y Terence Stamp. Pero terminó centrándose en el género de terror donde consiguió bastante éxito con títulos como Mil gritos tiene la noche (1982) o Slugs, muerte viscosa. Solo volvió al género con La grieta(1989), inspirada en Abyss (1989), de James Cameron, y en la que Pocholo Martínez Bordiú interpretaba a un buceador.

El gran tropiezo: 'El caballero del dragón'

Lo curioso es que en España siempre hubo estupendos técnicos y creadores de efectos especiales como Juan de la Cierva (sobrino del inventor del autogiro), que recibió un premio especial de la Academia de Hollywood por un estabilizador óptico utilizado en Tora Tora Tora; los que trabajaron en las superproducciones de Samuel Bronston; el maestro  Reyes Abades, Emilio Ruíz del Río y sus trucajes ópticos para películas como Conan el Bárbaro (John Millius, 1982), o el británico, afincado en España, Colin Arthur (Conan, el bárbaro, Alien, 2001). Pero casi todos han trabajado casi siempre para Hollywood.

En 1985 Fernando Colomo rodó la mayor superproducción española de la historia y también el mayor disparateEl caballero del dragón, con un reparto de lujo que incluía a Klaus Kinski, Harvey Keitel (en horas bajas), Fernando Rey y Miguel Bosé en el papel de un extraterrestre cuya nave aterrizaba en la edad media y era confundida con un dragón.

En 1989 Agustín Villaronga nos sorprendió con El niño de la luna, con un niño clónico destinado a convertirse en el líder de un nuevo imperio nazi. Poderes mentales, mutaciones y tecnología en una interesante película, como casi todas las del realizador.

Los nuevos talentos: Álex de la Iglesia y Amenábar

Tuvimos que esperar a los 90 para que jóvenes cineastas tomaran el relevo con imaginación y toques de comedia. El primero fue  Álex de la Iglesia con Acción mutante (1993) con mutantes, colonias espaciales, canciones de Massiel y vascos al mando de cargueros espaciales que transportan palitos de merluza. Un hito en el cine español con unos efectos especiales tan imaginativos como convincentes.

El otro renovador del género es Alejandro Amenábar gracias a Abre los ojos (1997), la película que le catapultó internacionalmente. Un referente para el género en España. Pero son dos excepciones.

En estos últimos 20 años, cada cierto tiempo, se estrenan películas dispares en ambición y resultados, aunque casi todas con presupuestos exiguos, como  Supernova (1993), una comedia ridícula protagonizada por Marta Sánchez (su primera y última película) y Javier GurruchagaAtolladero (1995), de Óscar Aibar (Basada en su propio cómic, ambientada en un Texas postapocalíptico y protagonizada por Iggy pop);  Nexus 2.431 (1996), la última película del gran José María Forqué (nunca estrenada en cines) que giraba en torno a la lucha de varios grupos pintorescos por dominar el universo.

Científicamente perfectos (1996), de Francesc Xavier Capell, que narra la historia de una especie de monstruo de Frankenstein sin defectos físicos; La mujer más fea del mundo (1999), de Miguel Bardem, son dos variaciones del género de mad doctors (científicos locos)

Humor y éxitos internacionales

En 1998 Javier Fesser triunfa con una comedia tan disparatada como estimulante, El milagro de P. Tinto, el mejor homenaje a uno de los grandes del cine español, Luis Ciges. Una película con algunos hallazgos visuales inolvidables.

Rara avis es Stranded (Náufragos) (2001), de María Lidón, una película que tuvo distribución internacional y que contaba con un reparto formado por Vincent Gallo, Maria de Medeiros y Joaquim de Almeida. Narraba el viaje de la primera misión internacional a Marte. María, que también tenía un papel en la película dirigió, en 2007, otra película del género, Moscow Zero, protagonizada  por Val Kilmer, Vincent Gallo y Joaquim de Almeida, en la que narraba una expedición para investigar una sociedad marginal que habitaba en el subsuelo de Moscú.

En los últimos años Carlos Atanes ha dirigido algunos títulos interesantes: FAQ: Frequently Asked Questions (2004), rodada en video digital y que trataba sobre sobre un gobierno totalitario futurista compuesto únicamente por mujeres; Próxima (2007) una epopeya espacial protagonizada, entre otros, por el mentalista Anthony Blake; Maximum Shame, un largometraje fetichista, musical, de ciencia-ficción; y varios cortos recopilados en Codex atanicus, una cinta que recibió excelentes crítcas en EE.UU.

Pocos títulos pero interesantes

Con Los cronocrímenes (2007), Nacho Vigalondo, demostró que es uno de los mayores talentos del cine español de la actualidad y que, con cuatro duros y mucho talento se puede hacer una estupenda película de ciencia ficción.

3 días (2008), de Francisco Javier Gutiérrez, es otro ejemplo de lo mismo. Una fantasía sobre el fin del mundo que consiguió cuatro premios en el Festival de Malaga (Mejor película, actriz secundaria, guión novel y maquillaje).

La serie Plutón BRBNero (2010), de Álex de la Iglesia, basada en la británica Enano rojo y Lorna y su robot, el cómic de Alfonso Azpiri, ha sido el único intento de los últimos años de hacer televisión de ciencia ficción de calidad.

Y Planet 51 (2010), de Jorge Blanco, demostró que el cine de animación español está entre los mejores del mundo, consiguiendo gran éxito en el mercado anglosajón.

Esperemos que el éxito de Eva haga que el cine español dedique más tiempo y esfuerzos a la ciencia ficción, aunque no somos muy optimistas, debido a la crisis que también afectará al séptimo arte.

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