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El exgobernador de Massachussets y candidato presidencial republicano, Mitt Romney.
El exgobernador de Massachussets y candidato presidencial republicano, Mitt Romney. REUTERS

Mitt Romney, el mormón multimillonario

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Empresario de éxito, multimillonario, padre de cinco hijos, currículum formidable... Ante los focos es el candidato perfecto con un solo "defecto", su religión mormona, que representa a tan solo cinco millones de estadounidenses, y le aleja del perfil republicano al uso... y de millones de votantes.

Partidario de políticas centristas, Mitt Romney se ha mantenido al margen de estridencias y ha dejado que sean otros, los candidatos del Tea Party los protagonistas de los momentos más controvertidos. Tan moderado es su talante que sus adversarios le acusan de no ser un "verdadero" conservador.

A ello ha contribuido su etapa como gobernador de Massachussets (2003-2007) durante la que aprobó una reforma sanitaria muy similiar a la de Barack Obama, respaldó el aborto y no bloqueó la aprobación de los matrimonios homosexuales. Medidas que han lastrado el apoyo del ala más conservador del Partido Republicano y de las que ahora reniega para evitar una sangría de votos.

Empresario de éxito

Criado en el seno de una familia mormona en Michigan, donde nació hace 64 años, Romney sirvió dos años y medio en Francia como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y a su regreso se graduó con honores en Derecho por la Universidad de Harvard y en Administración de Empresas.

A partir de entonces, su carrera como empresario ha estado plagada de éxitos. En 1978 llegó a ser el vicperesidente de Bain&Company, una consultoría a la que salvó de la quiebra, y en 1984 cofundó Bain Capital, que reestructuró sin despidos y dio vida a gigantes como Staples, Sports Authority y Domino's Pizza.

Sus logros en la empresa privada se trasladaron a la buena gestión de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002. En tres años al frente del comité organizador, Romney dio un giro de 360 grandes al evento, manchado por escándalos de corrupción y asfixiado por un déficit de casi 400 millones de dólares. Los juegos tuvieron  tanto éxito que fueron considerados por los medios de comunicación como los mejor organizados de la historia de EE. UU.

Moderado y ¿conservador?

El salto a la política no tardaría en llegar. Un año más tarde ganó su candidatura como gobernador de Massachussets e impulsó las políticas educativas y sociales que tantas críticas le han valido.

Tras su etapa como gobernador decidió que era el momento de pensar más a lo grande y se presentó a las primarias republicanas en 2008. Ganó en 11 estados y consiguió 255 delegados, pero no fueron suficientes para vencer a John McCain.

Ahora, lo vuelve a intentar ante rivales que no han conseguido todavía hacerle sombra. Su baza es apelar a que los republicanos voten con la cabeza y no con el corazón porque en estas primarias se juega un forma de hacer política que va desde el pragmatismo al conservadurismo radical. Él representa la primera opción, la centrista y moderada, la que no levanta pasiones pero es la más "presidenciable" frente al efecto Obama.

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