Túnez habló por primera vez...en clave islamista

  • El partido islamista Al Nahda logra una victoria mayor de la esperada
  • Los jóvenes temen que la religión se adueñe de la revolución
  • Los partidos laicos reconocen su derrota y se abre un futuro de alianzas
ESTHER VÁZQUEZ (EN PORTADA) 

Fue el primer país donde prendió la mecha de la revolución, que se ha dado a conocer como Primavera Árabe, y también ha sido el primero en pasar la prueba de fuego de unas elecciones.

Un acontecimiento histórico, que ha quedado, sin embargo, un poco eclipsado en los medios de comunicación internacionales debido a los acontecimientos en la vecina Libia.

Una nueva página en la historia de este país que había esperado demasiado tiempo para poder elegir libremente a sus representantes.

Túnez salió masivamente a la calle para elegir a sus representantes, las colas en los colegios electorales retrasaron la hora de cierre, a pesar de la incertidumbre y de la inestabilidad que envuelve aún a la sociedad tunecina.

Los sondeos daban una clara victoria al partido islamista Al Nahda (Renacimiento) pero los resultados han superado con creces las más optimistas predicciones.

Auge islamista

Miguel Albarracín, periodista de Efe, que lleva varios lustros en el país asegura que sólo hay que darse una vuelta por la medina para darse cuenta del creciente apoyo popular a los islamistas, (muchas más mujeres con velo, mezquitas repletas, prohibiciones de bebidas alcohólicas) un partido, que por ahora se presenta como moderado, siguiendo la aparente moda de la turcomanía, es decir, islamismo a la turca, pero que contando con un apoyo de tales dimensiones, algunos creen que no sería difícil que se radicalizara en el futuro.

Algunos jóvenes tunecinos, grandes protagonistas de la revolución, se muestran incómodos con las perspectivas de que el poder pase en exclusiva a manos de los islamistas y se cuestionan si la revolución solo va a servir para cambiar el signo de un poder absoluto a otro.

Sin embargo, el auge de la religión en este país, considerado como uno de los más laicos del mundo árabe, no es un fenómeno reciente. A raíz de la guerra del golfo, en Túnez como en otros países árabes, muchos jóvenes empezaron a afianzar sus señas de identidad y buscar en la religión explicaciones a tantas injusticias.

Aunque la mayoría de la población se identifica con esa herencia islámica pero sin conexión con la política, hubo también movimientos especialmente en las universidades, que empezaron a introducirse en el islam político.

El ex presidente Ben Ali fomentó ese miedo al islamismo e intentó que desapareciera cualquier símbolo religioso en la sociedad, prohibiendo incluso el uso del velo en instituciones públicas.

El movimiento inspirado en los Hermanos Musulmanes egipcios predica la misma política hoy en día, un islamismo moderado compatible con una sociedad moderna.

Durante toda la campaña electoral, miembros de Al Nahda se han esforzado por disipar temores. Rachid Gannouchi, su líder, que pasó veinte años en el exilio ha asegurado que su partido está comprometido con la democracia, “los biquinis y las barbas tendrán su espacio en el nuevo Túnez”, dijo durante su campaña electoral, pero algunos partidos liberales y de izquierda que ya antes de la revolución excluían a los islamistas del bloque de la oposición, no confían en sus promesas de moderación y tolerancia.

Además de un creciente apoyo, los islamistas han contado con apoyos financieros que les han permitido desarrollar una fuerte campaña electoral.

Los laicos, divididos

A la tradicional izquierda tunecina de poco le ha valido su experiencia en la clandestinidad, fragmentada, dividida y sin un claro mensaje ha dejado demasiados huecos por donde los islamistas han podido captar el apoyo de gente que espera soluciones inmediatas a problemas reales: el paro es un gran lacra en el país, la situación económica es cada vez peor y a eso se suma una mayor inseguridad y un ambiente de confusión y falta de esperanza.

El Partido Demócrata Popular, de Maya Zribi una mujer que se esforzó durante la clandestinidad por defender la democracia y la unidad de los partidos y que se presentaba como el exponente del centrismo, reconocía su aplastante derrota, un fracaso que les ha pillado desprevenidos , ya que esperaban obtener mejores resultados.

Más de un centenar de partidos, muchos nacidos a raíz de la revolución, han desbordado a los tunecinos, no acostumbrados aún a seguir las campañas electorales en las que casi todos prometen las mismas cosas.

Ahora se abre un nuevo período de alianzas postelectorales, un período de reflexión para la clase política tunecina y un nuevo desafío para el pueblo de Túnez que espera ver consolidados los sueños de libertad y dignidad que le corresponde.

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