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El Crucificado de la Síndone y la Sábana Santa de Turín
El Crucificado de la Síndone y la Sábana Santa de Turín. RTVE.es

El Cristo de la Sábana Santa de Turín procesiona por primera vez en Córdoba

  • El paso tiene más de 600 heridas y erosiones, el 60% del cuerpo

  • Ha sido esculpido por el artista sevillano Juan Manuel Miñarro

  • Pertenece a la Universidad, una de las 35 Hermandades cordobesas

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Ya no hace falta ir a Turín para ver, mejor dicho, entrever, el Cristo de la Sábana Santa, un controvertida reliquia que se venera en Turín y que, según la tradición, envolvió el cuerpo de Jesús de Nazaret tras su muerte en la cruz hace 2.000 años. Basta con ir a Córdoba. Allí saldrá por primera vez, en esta Semana Santa, un crucificado que refleja fielmente la Pasión tal y como se describe en la sábana.

El Crucificado de la Síndone, así se le llama, no deja indiferente, como ocurrió hace años con La Pasión de Mel Gibson (2004), que también se inspiró en esta reliquia, para mostrarnos un cuadro duro y violento de la Pasión. “La crucifixión fue un horror, pero luego ha derivado en un goce estético”, asegura Juan Manuel Miñarro, el escultor.

La talla es un atractivo más de Córdoba, única ciudad andaluza Patrimonio de la Humanidad y que es candidata a ser la capital europea de la Cultura en 2016.

El Cristo de la Síndone

El Cristo de la Universidad de Córdoba, o como se le conoce popularmente, El Cristo de la Síndone, representa a un crucificado de proporciones perfectas, 1,81 metros de estatura y unos 79 kilos de peso. Debía estar colgado del madero con un ángulo de 65 grados, con el brazo derecho dislocado por los esfuerzos para poder respirar. Hoy se sabe que los crucificados morían asfixiados en una lenta agonía.

Otros detalles de la talla realmente sobrecogen. Tiene más de 600 heridas que rasgan la epidermis. Representan el 60% de la superficie corporal. Su espalda, el pecho y las piernas están laceradas y erosionadas por las múltiples lesiones provocadas por el flagelo romano, formado por unas tiras de cuero terminadas en la punta en bolas de plomo que desgarraban el cuerpo de la víctima. Debieron realizarse por dos esbirros y con la víctima ligeramente inclinada. El escultor ha trasladado a su obra más de un centenar de latigazos en un lugar exacto del cuerpo, tal como queda reflejado en la Sábana de Turín.

La cabeza inclinada está representada con un casco de espinas de la especie Ziziphus jujuba, arbusto o árbol pequeño con tronco espinoso y retorcido, común en la cuenca mediterránea. Sus espinas no se rompen con facilidad y debieron penetrar hasta el cráneo de la víctima de la Sábana, donde se pueden observar más de 30 heridas.

Los clavos, en las muñecas

Hay otras lesiones en la imagen, como las erosiones de las rodillas por caídas, que, según la tradición, fueron tres, que corresponden a los pecados de las tres etapas de la vida del hombre: niñez, madurez y ancianidad. Además, tiene roto el cartílago nasal por un fuerte golpe.

El Cristo tiene un rasgo particular respeto a otras tallas que procesionan en Semana Santa. Los clavos de las manos. No están en la palma, sino en las muñecas. Era la posición más conveniente para aguantar el peso de un cuerpo de casi 80 kilos. Además, no se fracturaba ningún hueso, pero se lesionaba el llamado nervio mediano, que da movilidad a la mano.  El corte de este nervio provoca la flexión del dedo pulgar y dolores de paroxismo en el sujeto que lo padece.

El pie izquierdo aparece encabalgado sobre el derecho. Finalmente, la lengua y los dedos de los pies muestran un color azulado tras el fallo cardíaco que precedió a la muerte.

La gestación del proyecto

La Hermandad Universitaria tenía desde sus inicios la intención de venerar un crucificado inspirado en el Hombre de la Sábana Santa. De hecho, se le encargó en 1992 al imaginero Miguel Ángel González Jurado, autor de la imagen de Nuestra Señora de la Presentación, titular de la Hermandad.

Pero el proyecto se dilató en el tiempo hasta su completa paralización. En 1993, la Hermandad perdió a su presidente en accidente de circulación. Además, entró a partir del año 2000 en un proceso de reconstitución hasta lograr la aprobación canónica definitiva, que llegó en 2006.

Otro escultor debía ser en esta nueva etapa el encargo de llevar a cabo el proyecto. El elegido fue Juan Manuel Miñarro López. Su propuesta fue aprobada por la Hermandad el 27 de junio de 2007. El imaginero sevillano proponía realizar una talla, basada en los estudios de las dos más famosas y controvertidas reliquias relacionadas con la muerte y crucifixión de Cristo.

“El rostro de la imagen de Cristo, muerto en la cruz - decía la memoria del proyecto-, será de especial interés plástico, ya que debe mover a la devoción, y a la vez reflejar un profundo realismo traumático y tanatológico, según los estudios del Sudario de Oviedo y de la Sábana Santa”.

Asesoramiento para realizar la talla

La Hermandad contó con el asesoramiento y dirección artística de uno de sus hermanos, el catedrático de Historia de Arte de la Universidad de Córdoba, Alberto Villar Movellán. Miñarro fue el elegido, por su vinculación universitaria, como catedrático de escultura, sus conocimientos de la Sábana Santa y su capacidad para interpretar la escultura de la imagen en clave andaluza.

Para ello contó un equipo multidisciplinar formado por médicos forenses y hematólogos que han identificado sin género de dudas las heridas, su disposición y la distinción entre la sangre pre y postmortem que debía reflejar la talla.

El escultor quería reflejar un momento muy concreto de Cristo, una hora después de su muerte.

La obra, de madera policromada, fue entrega en el mes de marzo de 2010, cuando fue expuesta por primera vez al público. Terminaba así, según confesó, el reto más importante de su carrera artística, agotado.

"Hubo dos o tres meses en que no pude hacer nada, porque solo tenía en mi mente el esfuerzo que me había costado, que no podía ni quería pensar en otra cosa que no fuese el Cristo de la Universidad. Incluso me han llegado propuestas de hacer imágenes similares, con las mismas características y he dicho que, desde luego, que no… Este Cristo va a tener esa cosa especial de ser la primera y la última vez que haga una obra así, con esa exactitud".

Óleo y tierra de Jerusalén

Realizar este talla fue todo un reto para Miñarro. Se trataba de realizar algo nuevo que tuviera en cuenta todos los conocimientos científicos que se tienen de la Pasión y de la Sábana Santa. La imagen –confesó Miñarro- no iba a ser un objeto de estudio, un objeto museístico, sino que tenía que ser, además, un objeto devocional.

Otra de las innovaciones ha sido la fuente de inspiración, la Sábana Santa, un tema que siempre atrajo a Miñarro desde muy niño, como las pirámides de Egipto, por su halo de misterio y magia. Esa atracción no le ha dejado. Lleva ya diez años estudiando profundamente la Sábana Santa, y tiene ahora este catedrático de Sevilla de 57 años.

"Yo tenía una cosa muy clara: si hay algo que distingue al hombre de la Sábana Santa, cuando se observa su fisonomía, y a pesar de las marcas del martirio que se traduce en un cuerpo lleno de traumatismos, es que hay un algo de paz en ese rostro, un algo de serenidad que no lo hace contrario a la devoción". El Cristo es, como otras tallas religiosas, de madera policromada, a la que se ha querido dar un realismo extraordinario, rehundido en la cruz, que no es lo habitual.

La pintura, parte importante

Luego siguió la policromía. Aquí Miñarro diseñó una técnica nueva que ha llamado policromía en relieve para conseguir un mayor realismo. Se ha empleado el óleo, tradicional en nuestra imaginería. Sin embargo, las erosiones por caídas y los roces, han requerido el empleo de técnicas mixtas, como la incorporación del látex y de tierra auténtica, traída expresamente de Jerusalén.

Otro de los retos fue la representación de la sangre, diferenciando la sangre vertida en vida y la sangre postmorten. Se han utilizado compuestos muy complejos, a base de metacrilato líquido y pigmentos en suspensión. Además se ha realizado una trasposición de las manchas de sangre que se encontraban en al Sábana Santa con una exactitud matemática sobre el cuerpo del Cristo. "Todo para conseguir algo que nos parece inaudito: hemos querido que el hombre de la Síndone sea también el Hombre Dios", asegura.

La talla de Miñarro ha sido la imagen sacra preferida por los internautas de La Hornacina, un portal dedicado a la información, investigación, divulgación y opinión sobre el mundo del arte, con especial dedicación al análisis y evolución de la escultura, pintura, arquitectura y demás ramas de carácter sacro. La obra ganadora, con un 26% de los votos es hasta ahora la más votadas de todas las cinco ediciones del premio.

La primera Semana Santa

El Cristo de la Síndone, o de la Universidad, permanece en la iglesia de San Pedro, en plena judería cordobesa, frente a la Facultad de Filosofía y Letras. El Jueves Santo, uno de los días grandes, llegará la prueba definitiva. El Cristo de la Sindone hará en riguroso silencio su primera estación de penitencia durante tres horas, incluyendo su entrada en la mezquita-catedral. Y siempre que el tiempo no lo impida.

“Yo creo –afirmó recientemente Miñarro- que va a ser el aldabonazo definitivo: ver qué resultado tiene esa imagen cuando procesione y cuand se pueda ver por detrás, cuando se ve itinerando, cuando se pueda ver a la altura del paso por esas callas de la Judería cordobesa. Cuando verdaderamente el cofrade puede hacer un tú a tú con la imagen”.

La Hermandad no se plantea por el momento la incorporación en la llamada carrera oficial, el recorrido común que realizan las cofradías cordobesas por el Casco Viejo. El motivo, la escasez de nazarenos de la Hermandad. En esta primera salida la talla estará acompañada por 30 hermanos con faroles.

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