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El reactor nuclear del barrio

  • El compromiso político con la energía nuclear varía según el momento político
  • Parece poco probable que Madrid vuelva a tener reactores experimentales

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En la foto de 1962, el entonces ministro de industria aprieta un botón para poner en marcha el reactor nuclear Arbi. Faltaban aún seis años para la inauguración de Zorita, la primera central nuclear española. El reactor de la foto era experimental, y se encontraba en la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao, en pleno centro de la ciudad.

En el actual clima de alarma respecto a la energía nuclear y sus usos, cabe preguntarse si algún político actual se atrevería a aparecer ante las cámaras apretando ese botón. Sin embargo, en España, y hasta hace muy poco tiempo, las instalaciones nucleares eran parte del vecindario.

La ayuda americana

Durante los años sesenta y setenta, España se nucleariza. A pesar de estar excluidos del Plan Marshall a causa de la dictadura franquista, el estado recibió algo de ayuda de EE.UU.

En este paquete se encontraban los reactores nucleares experimentales para las escuelas de ingenieros y la formación técnica para los titulados. Además del Arbi de Bilbao, el mismo año 1962 se inauguraba el reactor Argos de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona.

Por su parte, la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, que ocupa el antiguo Palacio de Industrias en el paseo de la Castellana, obtuvo un conjunto subcrítico, un tipo de reactor en el que la fisión solo se produce con una fuente externa de neutrones. “Yo creo que se utilizó una vez o dos” comenta Eduardo Gallego Díaz, titular en la actualidad del Departamento de Ingeniería Nuclear.

“Entre otras cosas, era muy pesado cargar las barras de uranio, y se decidió darlo de baja de la mejor manera posible. Yo participé en 1994 en su traslado al CERN en Ginebra, para utilizarlo en experimentos del amplificador de energía, el proyecto del Nobel Carlo Rubbia”, recuerda.

Muy cerca, en zona de Moncloa, se encuentra la sede de la que entonces era la Junta de Energía Nuclear, hoy CIEMAT. Allí se inauguró en 1968 el reactor crítico JEN-1, refrigerado por una piscina de agua ligera. Fue el reactor experimental más importante del país, y permaneció en activo hasta el año 94.

El mismo complejo de la capital albergó desde 1968 el reactor rápido CORAL-I, refrigerado por aire. Estaba compuesto por dos bloques de uranio enriquecido que se aproximaban mediante un tornillo sin fin para iniciar la reacción, varios mecanismos de seguridad y una cámara estanca que lo rodeaba. Fue decomisionado en 1992.

Los reactores experimentales

A partir de la moratoria nuclear, y progresivamente, los reactores experimentales desaparecieron de España. Aún así, en la actualidad hay 255 reactores de fisión para investigación repartidos en 60 países. Algunos todavía permanecen dentro de las universidades, en sus respectivas capitales. Son imprescindibles, no solo para la investigación en materia de energía nuclear, sino también como fábricas de isótopos radioactivos para usos médicos e industriales.

Los isótopos radiactivos o radioisótopos son átomos con un núcleo inestable. Esto quiere decir que tienen partículas de más, y tendencia a emitirlas en forma de radiación para recuperar el equilibrio. Una de las formas de obtener radioisótopos es bombardear materiales no radioactivos con neutrones dentro de un reactor. El antiguo JEN-1 de Moncloa se dedicaba principalmente a abastecer a los hospitales españoles de materiales radioactivos.

Precisamente, el uso más importante de los radioisótopos son la radioterapia y el radiodiagnóstico. La prueba hospitalaria conocida como PET-TAC requiere inyectar al paciente isótopos de yodo radioactivo, que tienen una actividad de muy corta duración. La radioterapia utiliza la radiación de los isótopos de yodo, estroncio y otros elementos para matar a las células cancerosas de los tumores.

Más allá de sus aplicaciones terapéuticas, los radioisótopos están por todas partes. Se emplean para esterilizar instrumental quirúrgico, conservar alimentos, dataciones en geología y paleontología, y fabricar los detectores de humo presentes en tantos edificios, entre otras cosas.

La investigación que no cesa

Tras el desastre de Fukushima, podría parecer que el futuro de la investigación nuclear está en peligro. Es evidente que el compromiso de los estados con la energía nuclear varía según el momento político y la opinión pública. Sin embargo, la investigación no se ha detenido, ni siquiera en España.

“Aquí el apoyo a la investigación en el área nuclear nunca ha sido grande, pero siempre ha habido apoyo suficiente para investigación en seguridad”, comenta Gallego. “En el área de residuos, Enresa ha tenido un plan de I+D muy ambicioso, y creo que no se puede pedir más. Es una postura razonable. Hay otros países se niegan a investigar.”

Tampoco se ha detenido en otros países. Ni siquiera en Italia, que abandonó por ley la energía nuclear en 1987, y sin embargo cuenta con potentes laboratorios y empresas en el sector. En Alemania, a pesar de la postura oficial, se encuentran los centros de investigación más importantes de Europa.

Reactores más seguros

Para Gallego, en la actualidad la investigación busca, sobre todo, reactores más seguros, que puedan enfriarse por medios pasivos, sin electricidad. Sin embargo “todavía hay que cerrar cuestiones tecnológicas. Las ideas principales se conocen, lo que falta es desarrollo”, añade.

Es lo que ocurre con el proyecto MYRRHA, en Bélgica. Este reactor es subcrítico, está disparado por un acelerador de partículas, refrigerado por plomo y pensado para transmutar los residuos y convertirlos en materiales de baja actividad. La fecha prevista de conclusión es 2020.

“La investigación es muy costosa, ese es el talón de Aquiles, y lleva su tiempo. Estos nuevos diseños de reactor, por ejemplo, hacen virtualmente innecesario evacuar a la población”, prosigue Eduardo Gallego, que no cree que el impacto de Fukushima en su área de trabajo sea inmediato. “Es el momento de hacer análisis. Si se llega a la conclusión de que no se evaluaron correctamente los riesgos, lo sentiré por Japón, pero será un alivio”.

A pesar de los avances, parece poco probable que la capital vuelva a tener reactores experimentales en el futuro: “Dentro de Madrid seguro que no, y tampoco lo considero adecuado”, dice Gallego. “Si se hiciera uno nuevo habría que construirlo separado de la ciudad”.

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