Ninguno podemos ser Humphrey Bogart pero, por unos segundos, podemos sentirnos cómo él repitiendo frases como "siempre nos quedará París"
Quién no ha soñado alguna vez con que le digan aquello de "Si me necesitas sílbame"
Y quién no tiene un amigo que se sabe de memoria escenas como la del bombardeo de Apocalipse Now, cuando Robert Duval ve los aviones arrasando la jungla y dice aquello de "Me encanta el olor del napalm por la mañana".
Todos recordamos frases de películas, las apuntamos y solemos recurrir a ellas en numerosas ocasiones, consciente o inconscientemente porque "Nadie es perfecto", no nos gusta que nos hagan "Luz de gas" y estamos dispuestos a "Morir con las botas puestas" porque pase lo que pase, "A Dios pongo por testigo, que no volveré a pasar hambre".
Frases como estas, que ya forman parte de la cultura popular, son las que ha recopilado durante años, el director de cine, productor y guionista, José Luis Borau, que además ocupa el sillón B de la Real Academia de la Lengua, en el que sustituyó a Fernando Fernan Gómez a su muerte en 2008.
Y ahora las publica en un libro titulado Palabra de cine que refleja la influencia del séptimo arte en el lenguaje.
Por ejemplo, la Rebeca debe su nombre a la película dirigida por Alfred Hitchcock en 1940 que consiguió el Oscar y en la que la protagonista (Joan Fontaine) vestía esa prenda, ¡aunque Rebeca fuera otro personaje!.
Afortunadamente, cuando alguien nos dice esa frase no nos encontramos una cabeza de caballo en la cama, cómo sucedía en El Padrino.
Pero la influencia del cine llega más allá. Cuando alguién hace una payasada lo llamamos "Charlotada" aludiendo al inolvidable personaje de Chaplin. Y hace muy poco hemos visto como a Zapatero le han puesto el apodo de Bambi o como la voz de nuestra conciencia puede ser nuestro "Pepito Grillo" el inolvidable consejero de Pinocho.
Y es que, según Borau, los más beneficiados por la influencia del cine en el lenguaje, son los medios de comunicación que a veces abusan de esas frases.
Por ejemplo todos los que desvelan algún secreto son llamados "garganta profunda", el título de la popular película de cine X de los 70 que fue usada para referirse al topo que contó los secretos del "Watergate".
Lo más curioso es que hay frases que todos damos por hecho y, realmente no proceden de las películas o de las novelas originales. Las más recordadas son "Tócala otra vez, Sam" que nunca se pronuncia en Casablanca y que procede de la obra de teatro de Woody Allen que se tituló así y que fue adaptada al cine como Sueños de un seductor
Tampoco oiréis en Tarzán "Yo Tarzán, tu Jane" ya que Johnny Weismuller se limitaba a golpearse el pecho y decir "Tarzán" y luego golpeaba a Jane y decía "Jane"
Y en las novelas originales de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes nunca decía aquello de "Elemental, querido Watson".
Todos hemos crecido viendo películas y sus diálogos permanecen en nuestro subconsciente porque, cómo decía la famosa canción de Luis Eduardo Aute, "Todo en la vida es cine..."
Así que, aunque prometamos no volver a usar esas frases, es innevitable, no siempre nos "Acompaña la fuerza".
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