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Un repaso a los 100 años del Tour en Pirineos

  • En 1910 llamaron al organizador Henri Desgrange "asesino y cosas parecidas"
  • Cada año coexisten banderas de Francia, España y el País Vasco en armonía
  • El 18 de julio de 1995, en el Porter d'Aspet, falleció el italiano Fabio Casartelli

Ver también: Especial Tour de  Francia 2010 | Archivo del Tour en RTVE.es 

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El Tour y los Pirineos, una relación de 100 años

"Algunas personas se quejaron y se enfadaron, llamaron al organizador Henri Desgrange asesino y cosas parecidas. Yo les dije, bueno, ¡vosotros no tenéis que correr! Desgrange quería ver lo que los hombres eran capaces de hacer. Nunca habían hecho etapas de alta montaña. Así que se aventuraba en lo desconocido. Quería descubrir, saber. Así que lo único que podíamos hacer es intentarlo, ¡eso es todo!".  Así lo explicaba Eugène Christophe, ex ciclista y primer organizador del Tour

Hace ahora 100 años, el Tour quería dar abrir una segunda ventana  y renovar su espíritu y la solución a su búsqueda la encontró en el aire fresco de las montañas, a pesar de la aprensión de los corredores, asustados por los relatos aterradores de los hombres que habían realizado misiones de reconocimiento. Cuentan que hubo muchos corredores que abandonaron cuando se enteraron que tenían que subir esas cuestas rumbo al cielo.

Para la historia del Tour, los Pirineos fueron como cuando uno entra en un museo. Tras la Primera Guerra Mundial, los grandes nombres del Tour forjaron sus victorias en los Pirineos. Empezamos aquí un repaso cronológico de lo que ha sido la historia de una cordillera que cambió para siempre el sentido de este deporte.

El macizo pirenaico fue atravesado por la 'Grande Boucle' por primera vez en 1910. Desde entonces sus puertos han visto pasar a los mejores ciclistas de la historia y sobre todo, a muchísimos aficionados al ciclismo.

Las carreteras pedregosas del Aubisque y del Tourmalet transformaron al campeón italiano Ottavio Botecchia. En 1924, ganó las dos etapas de los Pirineos en Luchon y en Perpiñán.

1927

El luxemburgués Nicolas Frantz inició su dominio con un triunfo en Lucho en 1927, la primera parte de su doblete en el Tour.

1934

 Antonin Magne conservó su maillot amarillo con la ayuda y el sacrificio de René Vietto, su compañero de equipo, un hombre invencible en el Aubisque Pero el escalador de la Riviera francesa dejó de lado su propia ambición y ayudó a su líder en el descenso del Puymorens. Vietto se vio condenado a esperar a la asistencia mecánica. Verle sentado llorando en un muro es una de las escenas más conmovedoras de la historia del Tour.

1947

A pesar de una interrupción de siete años, el Tour sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. En los Pirineos, Albert Bourlon, antiguo prisionero de guerra, protagonizó una increíble escapada. Inició el ataque al principio de la etapa de Carcassonne y recorrió los 235 kilómetros hasta Luchon. El récord sigue vigente hoy en día.

Al día siguiente, un bretón bajito pero muy robusto llamado Jean Robic desató la locura en la Francia de la posguerra. Tras superar los puertos de Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque, Robic llegó triunfante a Pau con una ventaja de 10 minutos. Fueron los cimientos de una victoria en la general.

1950

St Gaudens, 1950, Bobet, el campeón francés, se rindió a Bartali. Magni vestía de amarillo. Cruzar los Pirineos fue un verdadero caos. Bartali reconoció que se sintió amenazado físicamente por el público que se mostró muy agresivo en el puerto de Aspin. Los corredores italianos abandonaron el Tour.

1951

En 1951, se esperaba con impaciencia la gran etapa pirenaica entre Dax y Tarbes y llegó la tragedia. Un hombre se había quedado atrapado en el fondo de un barranco a 50 metros detrás una curva en el descenso del puerto de Aubisque. Era el maillot amarillo, el holandés Win Van Est. Los aficionados y los espectadores unieron fuerzas y se pusieron en marcha. Ataron docenas de ruedas y lograron izar al pobre hombre hasta la carretera. Van Est estaba indemne. Un verdadero milagro. Pero el impacto fue tan fuerte que decidió abandonar.

1952

Los mejores escaladores del mundo han dejado su huella en las vertientes de los Pirineos, como es el caso de Fausto Coppi en el Tourmalet en el 52. Una hazaña que quedó inmortalizada en las retransmisiones televisivas del Tour.

1958

1958 en el Aubisque: Federico Bahamontes, el espigado español conocido como el Águila de Toledo, se puso en cabeza, pero fue el escalador luxemburgués Charla Gaul el que ganó el Tour. Esta fue la era dorada de los escaladores en el Tour.

Raymond Poulidor vio desfilar a muchos escaladores en sus 17 años de carrera y 14 terminaron los Tours de Francia. Pero en 1969, no fue el más fuerte y sólo pudo ser testigo de las espectaculares hazañas de la carrera de Eddy Merckx. Merckx se escapó en la subida al Tourmalet, con la ayuda de Vandenbossche, su compañero de equipo.

Una escapada de más de 120 kilómetros por los puertos de los Pirineos, y utilizando el Tourmalet como plataforma de lanzamiento, a 2.115 metros de altitud, se ventiló Soulor y el Aubisque. A sus 24 años, Eddy Merckx no tuvo ningún miedo en su primera experiencia en la Grande Boucle. Su actitud atrevida propia de su juventud le llevó a asumir riesgos que no encajaban con las teorías normales del ciclismo.

En Mourenx, Merckx terminó a siete minutos por delante del italiano Danceli, segundo clasificado. Fue el inicio del reinado de los belgas en el mundo del ciclismo.

1970

En aquel momento, nadie pensaba que uno de los futuros rivales de Merckx sería un joven borgoñés de 24 años, una promesa del ciclismo francés. Nos referimos a Bernard Thévenet, que escaló con enorme energía un Tourmalet sumido en la niebla.  Incluso Merckx parecía vulnerable a las pedaladas del corredor del equipo Peugeot.  Un Bernard Thévenet hecho trizas, se consagró en la etapa de La Mongie. Primer Tour, primera victoria de una etapa muy significativa que auguraba un gran futuro.

1971

El 12 de julio de 1971, el Tour de Francia acaparó los titulares de las noticias de la televisión francesa ya que el Tour tomó un cariz dramático. Los televidentes pudieron ver la filmación cuya víctima era Luis Ocaña, el maillot amarillo del Tour.

Tragedia en los Pirineos. Ocaña, maillot amarillo, que ya estaba en el suelo, fue embestido por otro corredor en el descenso del puerto de Menté, aún más peligros debido al temporal de lluvia. Ocaña sufrió lesiones graves y tuvo que cederle el Tour a Merckx.

1972

No se salvó nadie. Thévenet quedó inconsciente unos minutos en el Soulor, pero pudo continuar.

1973

Raymond Poulidor, cubierto de heridas, con la cabeza ensangrentada en el puerto del Portet d'Aspet, fue asistido en un muro. Se había caído a un barranco, afortunadamente su bicicleta frenó el impacto.

1974

Un año después, Poulidor regresó y atacó a Merckx en la última escalada al Pla d'Adet. El ciclista de 38 años seguía siendo el rival más peligroso del belga. Tras sufrir en los Alpes unos días antes, Poulidor estaba decidido en ganar a Merckx y ese año fue segundo en París.

El campeón belga lo ignoró pero la derrota que había sufrido fue el inicio del declive de su carrera deportiva.

Poulidor, defendiendo el honor de Francia y la popularidad que suscitaba, obligó a ceder a Merckx, como había hecho con Jacques Anquetil diez años antes en su legendario mano a mano en el Puy de Dôme.

Haciendo gala de un gran coraje, Poupou ganó la etapa de Saint Lary. Una fantástica hazaña de Poulidor que fue un verdadero ejemplo de longevidad y regularidad. Habían pasado muchos años desde que había ganado por última vez una etapa en el Tour de Francia.

Sólo una noche separaba el triunfo de Poulidor de otra hazaña de un francés, un rayo caído del cielo que emergió de la niebla del Tourmalet. Hablamos de Jean-Pierre Danguillaume, el compañero de equipo habitual de Thévenet, más conocido por ser un sprinter, pero que se consagró en la cima del Tourmalet.

Fue la mayor hazaña de su carrera, pero lo que fue aún más increíble este inesperado ganador, es que el corredor de Tours, agotado tras su escapada, ¡volvió a hacerlo 24 horas después! en su segunda etapa pirenaica hasta Pau.

1976

1976 fue un verano tórrido en Francia, el Tour empezaba en las sofocantes pendientes de St Lary Soulan.  Merckx no estaba en la línea de salida... ¿a quién podría beneficiar su ausencia?

Cyrille Guimard, joven director deportivo del equipo Gitane, urdió una estrategia. Una táctica audaz: iniciar las hostilidades en el Portillon y terminar el trabajo en la ascensión a St Lary. En cabeza, su protegido, el belga Lucien Van Impe se había alejado muchísimo.

Van Impe causó un enorme impacto en el Tour. El belga ganó la etapa y le arrebató el maillot amarillo al francés Raymond Delisle. Las diferencias eran enormes e irreversibles. Joop Zoetemelk lo sabía y fue derrotado por más de tres minutos, una vez más el holandés tuvo que conformarse con una segunda plaza en París.

A los 30 años, Lucien Van Impe, ya no era un escalador puro, pero sí había ganado un Tour.

1985

El Tour todavía no había explorado algunas rutas pirenaica, así que en 1985, llegó el descubrimiento del pueblo de montaña de Luz Ardiden, a algo más de 1.700 metros. La silueta de Pedro Delgado, un joven corredor español, se traslucía a través de una delgada capa de niebla. Era el cuarto año de Delgado como profesional, y aquí empezó su récord de hazañas ciclistas. De hecho, esta victoria de etapa anunció la llegada de una nueva generación de corredores españoles a los que volveremos, como volveremos a Luz-Ardiden que selló una larga relación con el Tour de Francia.

1986

Bernard Hinault acababa de hacerse con el poder. La víspera había ganado la primera etapa pirenaica entre Bayona y Pau pero prometió algo: quería dar la victoria final al norteamericano Greg Lemond, su joven compañero de equipo, que el año anterior quedó segundo por detrás de él.

Hinault atacó prematuramente al principio de la etapa. Y al llegar a Superbagnères, lo pagó muy caro. Sin embargo, esto permitió despegar a Greg Lemond, su protegido. Y Lemond logró la victoria en la etapa. Esta ambigua cohabitación entre Hinault y su propio heredero,  con el que no compartía la misma mesa por la noche en el hotel, dio lugar a un tenso final de tour que Lemond acabó ganando

¿Eso quiere decir que Hinault se sacrificó, o sobrestimó sus propias fuerzas y se vio arrastrado por las dificultades? Intentó limitar la derrota que le infligió el norteamericano que le ganó por casi cinco minutos . Hinault hizo frente a la crisis y se labró una nueva popularidad, la de perdedor. Pero sus opciones a una sexta victoria en el Tour se estaban esfumando.

Greg Lemond ganó su etapa, la primera que se llevaba un norteamericano en la alta montaña. Los Pirineos fueron la piedra de toque que le llevaría a subirse al podio en los Campos Elíseos.

La cuenta atrás había comenzado. Tras una larga etapa de sufrimiento, Hinault apeló a su orgullo para encontrar los recursos que necesitaba para salvar su maillot amarillo. Y como era habitual en él, forzó la máquina al máximo. Tanto que se le salió dos veces la cadena en los últimos metros. Hinault salvó las apariencias, para bien o para mal.

Pero la táctica dio resultado. Hinault conservó el maillot amarillo aunque no por mucho tiempo. El anunciado relevo se confirmaría en los Alpes.

1990

Cuatro años después, Greg Lemond fue el verdadero 'patrón' del Tour. Una vez más, la sentencia de Luz Ardiden sería decisiva. Mientras pedaleaba junto al español Miguel Indurain, el norteamericano se lanzó hacia la victoria, la tercera. pero Lemond todavía no sabía que Indurain, su compañero de ese día sería su torturador el año siguiente. El ganador español de la etapa se proclamó nuevo dueño del Tour.

1994

Era evidente que el ciclismo entraba en una nueva era y Miguel Indurain fue la personificación de ese cambio, aunque es cierto que el francés Luc Leblanc le estaba presionando cuando apareció entre la niebla de Lourdes-Hautacam.

Pero Indurain miró y aguantó.  Haciendo gala de un gran poderío, Luc Leblanc se llevó a casa una de sus mejores victorias sin que al español se le moviera una ceja. Los que lo intentaron después, también fracasarían.

Al día siguiente, el sol se llevó la niebla. Al igual que Leblanc, Richard Virenque era uno de esos impulsivos franceses a los que les gustaba ir a su aire. El corredor del Var se lanzó a una audaz carrera hasta Luz-Ardiden, el anticipo de una larga historia con el Tour. A los líderes del Tour no les preocupó su escapada en solitario, pero se equivocaban. Virenque aumentó considerablemente su ventaja. El francés se colocó en cabeza y se distanció de todos los favoritos por más de 4 minutos. Se situó segundo en el general y se preparó para el primeros de sus siete maillots al mejor escalador.

1995

Una curva en el descenso, hombres en el suelo, poco antes del mediodía del 18 de julio de 1995, el destino se cebó de forma trágica en este lugar, en el Porter d'Aspet. Entre las víctimas que se dieron violentamente contra el suelo estaba un joven italiano: Fabio Casartelli, campeón olímpico de 1992. El herido fue trasladado en helicóptero hasta el hospital de Tarbes.

El pelotón siguió adelante sin saber nada de la tragedia, con Richard Virenque en cabeza. Cuando el corredor del Var luchaba solo en cabeza, las noticias de la muerte de Fabio Casartelli corrieron por toda la caravana del Tour de Francia.

1998

Marco Pantani estaba considerado el mejor escalador de la década. Había llegado su momento de asaltar el Tour. Con el italiano, el Tour exploró una nueva ascensión al Plateau de Beille. Además fue la primera victoria en la ascensión de 16 kilómetros del reciente ganador del Giro de Italia.

El italiano dejó atrás a sus rivales y allanó el camino hacia su victoria final. Cuatro años antes, había hecho buenas posiciones en Hautacam y Luz-Ardiden; ahora, esos mismos Pirineos fueron su consagración. Pero el maillot amarillo quería más y tuvo que esperar a los Alpes. Ese año era todo o nada para el escalador italiano. Dejó los Pirineos sabiendo que ganaría el Tour. 

2003

Armstrong se le enganchó el manillar en el bolso de un espectador, y cayó al suelo llevándose también a Iban Mayo. El incidente sembró la confusión en el grupo de favoritos. Ullrich fue el primero en reaccionar y se lanzó a toda velocidad sin esperar el regreso de Armstrong.

En cuanto se subió a la bici, el tejano estuvo a punto de volver a caerse. Se le salió el pie del pedal y se precipitó sobre el cuadro de la bicicleta. ¿Perdería Armstrong este Tour por culpa de esos dos golpes del destino? Puede que sus rivales se arrepintieran algún día de la benevolencia con la que trataron al norteamericano. Le esperaron y no le volverían a ver. En cuanto volvió se lanzó, primero atacando a Mayo, después solo hasta la línea de meta.

A Armstrong le resultó muy difícil ganar el Tour de 2003, así que había llegado el momento de arreglar las cosas. No mostró ninguna piedad con los que le habían esperado en la parte baja de la cuesta y les hizo sudar tinta.

El norteamericano logró una victoria de etapa y escaló puestos en la general. El fantasma de un quinto Tour planeaba en el horizonte.

2010

Todos los años, cuando el Tour atraviesa los Pirineos se desencadena una verdadera locura popular. Cientos de miles de espectadores acuden a los valles y a los puertos buscando el mejor lugar desde donde ver pasar a los corredores.

Los Pirineos, un cruce de caminos de regiones y sensibilidades. Una zona donde las banderas de Francia, España y el País Vasco coexisten en perfecta armonía, y que se ha convertido en un lugar mítico para el ciclismo. La audaz apuesta de 1910 se convirtió en una innovación que revolucionó la historia del ciclismo, y también fue un acierto geográfico.  Un escenario salvaje y auténtico que todo el mundo sabía identificar.

Una historia maravillosa que celebra en este 2010 una relación de 100 años.