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En Marsella, en Francia, la policía investiga la muerte a tiros de dos personas en plena calle, en lo que parece ser un ajuste de cuentas. Se trata de la ciudad con las tasas más altas de criminalidad de toda Francia y también la que tiene los barrios periféricos más pobres del país.

Rodeado con un muro como si fuera una fortaleza, entramos en una de las zonas más peligrosas del norte de Marsella. Es la ciudad con los barrios más pobres de Europa y que se han acabado convirtiendo en guetos.

"Puede haber un enlace entre pobreza, migración y seguridad, pero olvidamos que estas personas son portadoras de valores y de una cultura, que puede ser más fuerte que la francesa", dice Jean Vercoutére, delegado de Cáritas en Marsella, para quien la ciudad es, al contrario de lo que muchos piensan, un modelo de convivencia de etnias y religiones.

Se cumplen 10 años de la tragedia de Lampedusa: murieron cerca de 400 migrantes, que naufragaron cuando trataban de llegar a Europa. El Gobierno italiano no ha participado en los actos de recuerdo. Las ONG lamentan que hayamos normalizado estas tragedias.

Diez años no han conseguido apagar el dolor. Esta madrugada, a la misma hora del naufragio, han recordado a los 368 muertos. Algunos de estos son supervivientes eritreos que han regresado al lugar en el que vieron morir a los suyos, descargar uno tras otro los cadáveres y alinear los féretros en aquel pabellón de imborrable memoria.

La tragedia movilizó una operación de rescate que llamaron Mare Nostrum, de la que hoy no queda nada.

Las ONGs lamentan que no exista ninguna política gubernativa de búsqueda y rescate, y mucho menos de acogida e integración de inmigrantes.

FOTO: Zakaria ABDELKAFI / AFP