El sacerdocio: una vida consagrada que no es excluyente
- La vida de un joven que elige ser sacerdote no es muy diferente de la de cualquier otro, solo cambia el objetivo: una vida consagrada al servicio de Jesucristo y su Iglesia
- Pero el sacerdocio no es excluyente: al padre José Miguel de Barandiarán sus votos no le impidieron ser un referente en el estudio de la historia y cultura vascas
Ya estamos en Semana Santa. En estos días de recogimiento e introspección para muchos cabe preguntarse cómo es el proceso mediante el cual un hombre se hace sacerdote, qué sucede desde el instante en el que se da cuenta de que su vocación es auténtica hasta que se celebra su ceremonia de ordenación.
Este camino —como otras muchas cosas en la Iglesia— sufrió cambios a partir del Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965. En pleno Concilio, en 1964, RNE en Barcelona visitó el Seminario Conciliar de la ciudad en el que se preparaban para hacerse sacerdotes unos 200 jóvenes que habían sentido "la llamada de Dios" y entrevistó a su director, el padre Quirze Estop, a algunos de los seminaristas y a las monjas que les atendían.
En opinión del padre Estop, la principal cualidad que debía tener cualquiera de estos jóvenes es que fuera "un enamorado de Jesucristo y de su Iglesia", además de unos conocimientos culturales mínimos y un cierto estado de salud. Los estudios tenían un coste anual de 10.000 pesetas, que era sufragado por benefactores en caso de que el seminarista no pudiera hacer frente al pago (como referencia, el salario mínimo en 1964 era de 1.800 pesetas al mes).
En el reportaje conocemos su día a día, que comienza a las 6 y media de la mañana, cuando escuchan la grabación de las campanas del Vaticano difundidas por altavoces. Nada más levantarse, asisten al canto de Laudes y a misa; a las 9 comienzan las clases que incluyen asignaturas de todo tipo y deportes como el remo. También hacen talleres de trabajo en los que no puede faltar la música de fondo: escuchan desde jazz o música catalana a Georges Brassens y Jacques Brel. Música moderna para jóvenes que solo se diferencian del resto en que se han sentido "llamados".
El sacerdote José María de Bandariarán, un referente de la cultura vasca
El padre José Miguel de Barandiarán, que pasó por este proceso décadas antes, constituye un claro ejemplo de que la vida consagrada no impide llevar una vida plena dedicada al estudio no religioso. Nacido en 1889 en Ataun, un pequeño pueblo montañés guipuzcoano cercano a Navarra, el ascendiente de la profunda fe de su madre marcó sin duda a Barandiarán, quien dirigió muy pronto sus inquietudes hacia el sacerdocio, iniciando sus estudios para tal fin a los 14 años. Fue, finalmente, ordenado sacerdote en 1914.
El padre Barandiarán pronunciando el pregón de apertura del XIX Certamen Internacional de Masas Corales de Tolosa (1987)
En paralelo, gracias a su interés por la prehistoria y seguramente influenciado por la infancia vivida en su pueblo, a partir de 1916 dirige sus investigaciones hacia la etnografía y arqueología vascas, campos a los que dedicó gran parte de su amplísima bibliografía, que ha servido de referente para posteriores generaciones de etnógrafos vascos. Su trabajo de investigación y divulgación sigue siendo esencial para la comprensión de la cultura y la historia vascas. Falleció a los 101 años, trabajando en la publicación del que sería su último libro.
En enero de 1985, reporteros del programa Euskadi de 3 a 4 del centro territorial de RNE en el País Vasco acudieron a Villa Sara, la casa en su pueblo natal en la que el aita Barandiarán convivió con su sobrina Pilar durante gran parte de su vida, para entrevistarle. Además de Pilar, intervienen también el periodista Javier Aramburu y el alcalde de Ataun, Iñaki Arain.
Joyas del archivo sonoro