Los "Sucesos de Vitoria" del 3 de marzo de 1976: "La paliza más grande de la historia"
- Más de 4000 personas celebraban una asamblea no autorizada en la iglesia de San Francisco de Asís de Vitoria
- La Policía Armada recibió orden de desalojarlas: lanzaron botes de humo al interior y apalearon y dispararon contra los que salían
- El balance: cinco jóvenes muertos y centenares de heridos
Marzo de 1976: Francisco Franco ha muerto hace poco más de tres meses y Arias Navarro continua al frente del Gobierno, gabinete en el que Manuel Fraga es ministro de Gobernación (ministerio que tiene las competencias en seguridad ciudadana). La Ley de Orden Público de 1959 sigue vigente y pena con dureza cualquier actividad "perturbadora del orden público", como los "paros colectivos en empresas" o las manifestaciones ilegales (lo eran prácticamente todas que no hubieran sido convocadas por el aparato franquista).
El proceso de descomposición del régimen franquista se venía gestando desde hacía años en un contexto de aguda crisis económica (inflación en torno al 20%, crecimiento del paro exponencial, salida masiva de capitales) y de cambio social imparable. La transición estaba en marcha, pero en absoluto garantizado que terminase en un régimen plenamente democrático.
La represión de la asamblea
En este contexto, el 9 de enero los trabajadores de Forjas Alavesas, con sede en Vitoria, se declaran en huelga en demanda de mejores condiciones laborales. Les secundan trabajadores de otras empresas. Tras dos meses de despidos, detenciones y disturbios, se convoca huelga general el día 3 de marzo. Desde primera hora de la mañana, piquetes de huelguistas paralizan la ciudad. Hay violentos enfrentamientos con la Policía a lo largo de toda la jornada.
A las cinco de la tarde, en la Iglesia de San Francisco de Asís se hayan reunidas en asamblea unas 4.000 personas. La Policía Armada alavesa, reforzada por una compañía de reserva llegada de Miranda de Ebro, recibe orden de desalojarlas. Lanzan gases lacrimógenos al interior; apalean y disparan pelotas de goma a los que van saliendo. También les disparan con fuego real. Tres jóvenes mueren allí mismo o poco después; otros dos hombres fallecen más tarde. Más de 150 personas resultan heridas, muchas de bala. Decenas de policías resultan también heridos, algunos de extrema gravedad. Las transmisiones internas de la Policía, filtradas después, son espeluznantes: reconocen que ha sido una masacre, "la paliza más grande de la historia".
El reflejo en la prensa
Al día siguiente, los medios de comunicación hacen llamamientos al cese de la violencia para que no vuelva a repetirse nada semejante, pero también muchos responsabilizan a los agitadores. El diario La Prensa de Barcelona incluso publica un "informe" poniendo cifras a lo que, supuestamente, gasta la URSS en financiar la subversión en España.
Sixto Cámara (seudónimo que usaba Manuel Vázquez Montalbán en su colaboración en Triunfo) calcula con sorna días después que, de ser ciertas las cifras, se gastaría más que en la carrera armamentística que mantenía por entonces con los Estados Unidos.
El funeral por las víctimas
El funeral por los fallecidos se convirtió en mucho más que un acto religioso. Concelebrado por 80 sacerdotes y con la presencia del obispo Peralta Ballabriga, la homilía fue una durísima denuncia y condena de la violencia ejercida, entre aplausos de los miles de asistentes que llenaban la Catedral. También, una llamada a la misericordia y al perdón cristiano y a que el conflicto acabase cuanto antes con un acuerdo justo, el que buscaban "aquellos cuya muerte hoy celebramos", petición final que contó con la desaprobación general.
Tras la homilía intervino un trabajador que había participado en las huelgas, mucho más dispuesto a señalar culpables, a exigir justicia, que a perdonar y que hizo un llamamiento a continuar una lucha que considera justa y a secundar la huelga general.
La celebración acaba con las palabras de un familiar de los fallecidos que, en un ejercicio de magnanimidad, pide a los asistentes que "traten de borrar toda sombra de odio".
Estos sucesos y otros que se produjeron en los meses siguientes provocaron la dimisión de Arias Navarro el 1 de julio y aceleraron el proceso de reformas hacia la democracia de la que disfrutamos hoy. Recordar lo dureza del camino que la hizo posible tal vez nos ayude a valorarla más.
Joyas del Archivo Sonoro