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Atxo Apellániz, otro rescate al límite que no pudo ser

  • Atxo Apellániz falleció en el K2 en agosto de 1994
  • Sus compañeros de la expedición de Al filo de lo imposible trataron de salvarle jugándose la vida
  • Una historia como la del rescate de Juanjo Garra en Rescate al límite
Una fotografía muestra la cara sur del K2, una montaña imponente cubierta de nieve, con zonas rocosas visibles y nubes que rodean la cima, difuminando su contorno contra el cielo.
El K2 visto de la cara sur TVE
MÓNICA PÉREZ / ARCHIVO SONORO RNE

"En el Himalaya, uno vale por uno", en palabras de Iñaki Ochoa de Olza. Por encima de 8000 metros está lo que los alpinistas llaman "la zona de la muerte": el frío extremo pero, sobre todo, la falta de oxígeno y la baja presión hacen que el cuerpo deje de funcionar. En ella dependes de ti mismo ante cualquier incidente. Nadie te puede ayudar y tú no puedes ayudar a nadie. Gastas toda tu energía en mantenerte vivo.

En los primeros días de agosto de 1994, Atxo Apellániz y Juanjo Sansebastián, formando parte de una expedición de Al filo de lo imposible, hacen cumbre en el K2. En el descenso, todo se complica y, a pesar de los esfuerzos de Juanjo y del resto del equipo por salvarle, Atxo fallece.

Al filo de lo imposible - Reportaje sobre la expedición al K2 donde murió Atxo Apellániz (1995)

El programa Edición de tarde, dirigido por Antonio San José, en 1995 y de forma simultánea a la emisión del capítulo de Al filo de lo imposible sobre la expedición, emitió un reportaje narrando el intento de rescate. Tras él, los alpinistas Juanjo Sansebastián e Iñaki Ochoa de Olza, el director de Al filo, Sebastián Álvaro, y el neurocirujano del hospital Clínico de Zaragoza, Ricardo Arregui, especializado en el tratamiento de congelaciones, mantienen un coloquio con San José sobre todo lo sucedido.

Atxo Apellániz murió en el cuarto intento de un equipo de Al filo de hacer cumbre en el K2. Los tres anteriores no lo habían logrado. "Es la historia de una obsesión", dice Antonio San José. "Sí, pero de algo más", le puntualiza Sebastián Álvaro: "Es la historia de una pasión y, sobre todo, una bonita historia sobre la amistad". Una amistad que hizo que unos alpinistas se jugasen la vida por salvar la de su amigo, aunque no lo consiguieran.

Años después, en mayo de 2008, fallecía también Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna. Alpinistas de varios países acudieron en su ayuda, pero tampoco lograron que sobreviviera. Como los de Atxo Apellániz y Juanjo Garra, su cuerpo quedó en la montaña, formando parte para siempre de lo que tanto amaban.