Enlaces accesibilidad

La relación entre hermanos de Melani Olivares y Edu Soto

Melani Olivares y Edu Soto reflexionan sobre los hermanos con Gemma Nierga
Melani Olivares y Edu Soto reflexionan sobre los hermanos con Gemma Nierga
Anna Canudas

En el nuevo capítulo de Se hace lo que se puede, Gemma Nierga reúne a Melani Olivares y Edu Soto para hablar de una de las relaciones más intensas y determinantes de la vida: la de los hermanos. Ambos actores comparten su experiencia como madres y padres, desmontando mitos y revelando aspectos poco conocidos de su día a día familiar.

Ser hijo único

Melani Olivares, que creció como hija única, asegura que esa sensación de soledad marcó profundamente su infancia y fue determinante a la hora de formar su propia familia. “Siempre tuve claro que quería más de un hijo”, confiesa. La maternidad llegó primero con Martina, a quien adoptó siendo madre monoparental, y más tarde con Manuela y Lucho. Una familia diversa, compleja y llena de matices, como ella misma reconoce.

Melani admite algo que pocas veces se verbaliza: “No sé si existe el hijo favorito, pero siempre hay con quien tienes mejor relación”. En su caso, explica que esa conexión especial la comparte con su hija mediana, Manuela: “Tenemos muchas cosas en común… y los otros dos lo saben”. Sin tabúes, la actriz expone cómo cambian los vínculos dentro de una misma familia, y cómo cada hijo despierta una manera distinta de maternar.

Los hijos de Edu Soto

Por su parte, Edu Soto, padre de Imel (4) y Nora (2), se encuentra en una etapa bien distinta: la de la crianza intensa con hijos muy pequeños. Reconoce que imaginaba un futuro en el que sus hijos jugarían juntos y se entretendrían entre ellos, permitiendo a los padres respirar un poco: “Pensé que se entretendrían solos, pero de momento eso no está pasando”, bromea. Aun así, mantiene la esperanza: “Supongo que es porque son muy pequeños todavía”.

Sobre los celos, Edu explica que al principio creyó haberse librado: “No hubo celos en la llegada de Nora y pensé: ‘¡qué suerte!’”. Pero la tregua duró poco. “Llegaron más tarde, claro. Es un sentimiento natural, así que intento darle el espacio que necesita”. Para él, la clave está en no negar la emoción y permitir que el niño la transite.

Ambos coinciden en que los hermanos no nacen para llevarse bien, sino para aprender juntos: negociar, pelear, cooperar, reconciliarse… y crecer. Y es precisamente ahí donde radica la magia de estos vínculos: en su imperfección.