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20 años después... ¿Vuelven las vacas locas?

  • La Unión Europea vuelve a aceptar harinas de origen animal en los piensos para ganado
  • Esta práctica fue prohibida en los 90 por desencadenar la crisis sanitaria de las “vacas locas”
  • Las organizaciones animalistas consideran este paso un retroceso y un riesgo para animales y humanos

Por
vacas locas
¿Sabes qué comen los animales que te comes?

Puede que últimamente scrolleando en Twitter o cualquier otra red social te hayas encontrado esta noticia:

Una “pequeña” crisis alimentaria al otro lado del mundo — y de la que parece que no tenemos porqué preocuparnos demasiado* — dos casos de “vacas locas” detectados en Brasil han llenado mi feed durante días.

*Aunque supongo que con esta pandemia todos hemos aprendido que no funciona así el tema.

El caso es que me ha llamado extremadamente la atención que, mientras que esto me ha llegado sin indagar nada, tuviera que estar rebuscando en un medio de comunicación británico para toparme con una noticia que nos toca mucho más de cerca y, honestamente, a priori genera bastante más miedo:

Dos décadas después de la crisis sanitaria de las “vacas locas”, que acabó con varias personas muertas y miles de animales sacrificados, la Unión Europea volverá a permitir que los piensos para ganado contengan harinas hechas con los restos de otros animales. Si esto no te ha despertado ninguna alarma, te voy a refrescar la memoria:

¿Qué fueron las "vacas locas"?

Fue en Reino Unido en el año 1985 cuando la encefalopatía espongiforme bovina surgió por primera vez. ¿La causa? Una proteína llamada prión. Un prión es una proteína mal plegada que puede transmitir este defecto a otras proteínas creando enfermedades neurológicas degenerativas. Esta proteína se encuentra en las harinas elaboradas con carne y hueso animal y se contagia al ingerirlas. Cuando la afección se torna humana se llama Creutzfeldt-Jakob. Es incurable y mortal. En España murieron 5 personas.

20 años ha tardado la Unión Europea en pensar que las aguas están lo suficientemente calmadas como para reintroducir “proteínas animales transformadas” en los piensos para ganadería. La prohibición llegó en 2001 después de la conmoción social que dejaron los doscientos muertos y miles y miles de sacrificios de vacas. Se generó un miedo más que justificado que hizo que el consumo de carne de vaca y ternera bajase a la mitad.

Es cierto que la normativa será diferente y mantendrá restricciones: en la década de 1990 todo funcionó en plan ciudad sin ley. Los restos de bovinos infectados, enfermos o muertos se trituraban y reciclaban para dar de comer a las vacas de la misma granja sin pudor alguno. Esto no va a volver a ser así, de hecho seguirá prohibido alimentar con cadáveres animales a todos los rumiantes herbívoros, que incluyen vacas, ovejas y cabras. Sin embargo otros animales como cerdos y pollos podrán ser alimentados con restos animales, eso sí, que no sean de su misma especie.

¿Una opción más ecológica?

Desde Bruselas quieren darle a esta medida una perspectiva ecológica basada en números: más proteína animal europea, menos importación de proteína de origen vegetal como la soja brasileña (sí, esa por la que se deforesta el Amazonas para alimentar ganado). Pero lógicamente esta no es una visión compartida por todos. Francisco Vásquez Neira, fundador y director de la ONG internacional por los derechos de los animales AnimalNaturalis me mostró su preocupación y consternación con el tema: “El regreso de los piensos de origen animal para alimentar el ganado es sólo una estrategia para abaratar costos de la alimentación de los animales, darle destino a los millones de restos animales sin valor comercial y, una vez más, apostar con la salud de todos aquellos que consumen esos animales”.

Para Vásquez la prohibición de estos piensos fue una pequeña victoria: “Cuando se prohibió el uso de estos piensos, lo celebramos como un avance en el bienestar animal, ya que no se dejaba de forzar a estos animales herbívoros a alimentarse con los cadáveres de otros, pero también fue una acción responsable con la salud humana, por el riesgo al mal de las vacas locas y cualquier otra enfermedad similar que pudiera aparecer”.

Actualmente, Francia parece ser el único país en el que, como poco, se está poniendo en standby la situación. El ministerio de Agricultura comunicó el viernes que ha pedido una nueva opinión a la agencia sanitaria nacional antes de tomar posición al respecto. Según nos dicen desde AnimaNaturalis, tan solo los galos y los irlandeses se han atrevido a dar un pasito más allá por preservar la salud de sus ciudadanos. Cuando la propuesta se votó en mayo la mayoría de países del bloque apoyaron la propuesta de la Comisión Europea, el ejecutivo comunitario. Irlanda y Francia se abstuvieron.

Se trata de una opción que solo beneficia a los ganaderos

“El argumento esgrimido por los países productores de carne, con excepción de Irlanda y Francia, es que en Europa se prohibió la alimentación de todos los animales con este tipo de pienso cárnico, pero en el resto del mundo sólo se aplicó a rumiantes alimentándose de otros rumiantes, como las vacas. Es decir, toda la carne importada a Europa siempre estuvo alimentada con piensos de origen animal, excepto el vacuno. Ahora se volverá a alimentar a cerdos y pollos con cadáveres en polvo, abriendo una vez más el debate de arriesgar la seguridad alimentaria de la población sólo por el beneficio de algunos empresarios ganaderos”.

Como el Reino Unido ha abandonado la Unión Europea no tiene la obligación de seguir ninguna normativa al respecto, puede que por eso encontrase la noticia en una web británica que en ningún medio nacional, aunque eso es especular. Que los restos animales vuelven a formar parte de la alimentación del ganado europeo es ya una realidad.

“Las políticas de la Unión Europea deberían siempre privilegiar la seguridad y salud de los europeos, así como guiarse por principios éticos que ha expresado defender, como lo es también el bienestar animal”, reafirma Vásquez: “Comer animales alimentados con cadáveres de sus propia especie no solo suena grotesco, sino que es incomprensible en un mundo donde todas las señales nos indican que debemos reducir el consumo de carne para salvar el planeta... en lugar de alentar la producción de carne y leche, a costos cada vez menores para sus productores”.