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Premios Goya: La alfombra roja no fue siempre sinónimo de glamur

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Hiba Abouk, Paz Vega con Julio Medem y Yolanda Ramos. rtve

¿Te imaginas a una actriz pidiendo un vestido a una amiga porque no tiene nada qué ponerse para ir a los Goya? Ahora sería impensable pero antes, hace muchos años, había jóvenes actrices que tenían que recurrir a las amigas, e incluso a las representantes, para llevar un vestido a la gala. Lo más normal era pedir un chal elegante, una pashmina o un bolso de fiesta. Eran cosas que la gente no solía tener en el armario. Por suerte no todas eran así, ya que en el cine español siempre ha habido actrices elegantísimas, como Ana Belén o Marisa Paredes, quizá por su amistad con diseñadores como Jesús del Pozo o Sybilla.

Distintos momentos de la historia de los Goya. EFE

2011 marca un antes y un después en la alfombra roja de los Goya. Ese año se conmemoraba la vigesimoquinta edición de los premios y se tiró la casa por la venta, celebrando la gala en el Teatro Real de Madrid. Era una ocasión especial y por primera vez casi todos los invitados se preocuparon especialmente por el vestuario. ¡No iban a ir de trapillo al templo de la música!

Ana Obregón, Victoria Abril, Dani Martín y Elvira Lindo. EFE

Hasta entonces no daban importancia a la ropa que se ponían, sobre todo los jóvenes. Ponerse un traje era para ellos una cosa de señores mayores, un traje era aburrido y no iba con ellos. Muchos no tenían traje y menos un esmoquin, por eso tenían que alquilarlo o pedirlo prestado. El resultado era, en la mayoría de los casos, un horror. Chaquetas grandes, pantalones con el bajo arrugado, chalecos imposibles. Los más despistados llevaban chaqué e incluso frac. ¡Y no iban a tocar el piano, precisamente!

Maribel Verdú, Amaia, María Botto y Aitana S. Gijón. EFE

Como el traje era una cosa de mayores intentaban rejuvenecerlo cambiando la camisa por una camiseta o el pantalón por unos vaqueros. Por ver, hasta vimos a gente en zapatillas de deporte. Una década después, el nivel es altísimo. Los chicos suelen ir impecables porque saben de moda, tienen estilistas y quieren estar tan guapos como las chicas.

Santi Millán y Fernando Tejero. Candela Peña con vestido hecho por su tía Carmen. EFE

Errores y horrores, estéticamente hablando, ha habido muchos a lo largo de la historia de esta alfombra que no siempre ha sido roja. Algunos son conocidos, y forman parte ya del anecdotario de estos premios. Chenoa, Adriana Ozores, Paz Vega, Miriam Díaz Aroca y Yolanda Ramos tienen un hueco, merecido, en el álbum de fotos del terror, al lado de Unax Ugalde, Alberto Amman, Eduardo Noriega, Agustín Jiménez, Óscar Jaenada y Álex de la Iglesia.

Pilar López de Ayala, Bárbara Lennie y Paz Vega. EFE

Tropiezos tiene todo el mundo y es muy difícil acertar todos los años. Las valoraciones son, claro está, algo subjetivo pero hay casos en los que el veredicto es unánime. A veces es culpa del vestido y en otras ocasiones es el peinado el que arruina el look. En 2012, un año terrible, Pilar López de Ayala arruinó el glamuroso vestido de Nina Ricci con su aparatoso monumento capilar. Aunque algunos no pudieron verla ya que los destellos de los trajes de Agustín Jiménez y Unax Ugalde les habían dejado ciegos.

Hay actores y actrices que tienen momentos gloriosos y momentos dolorosos. Paz Vega, Goya Toledo, Aitana Sánchez Gijón, Clara Lago y Maribel Verdú han hecho apariciones fantásticas y otras que es mejor olvidar, aunque cuesta.

Juana Acosta y Ernesto Alterio y Álex García con Chenoa. EFE

La aparición de Chenoa en 2006 es tan memorable como el día que, hecha un mar de lágrimas y con la ya famosa sudadera gris, contó a la prensa que su noviazgo con David Bisbal se había terminado. Hay vestidos solo aptos para cuerpos de infarto porque más que vestir lo que hacen es desnudar. Y esto tiene mucho peligro. El modelo indescriptible de Hannibal Laguna que llevó Dafne Fernández rivaliza con el Yves Saint Laurent de Paz Vega en 2002 o el Cortana de Nora Navas en 2011. Aunque a ellas no les importaron las críticas porque las dos se llevaron el Goya.

Juliette Binoche, Clara Lago, Nora Navas y María León. EFE

Hay actrices que no se lo toman muy en serio y prefieren divertirse, apoyar a un amigo diseñador o jugar a ser excéntricas por unas horas. Yolanda Ramos, Rossy de Palma o Loles León son buenos ejemplos. Igual que José Corbacho.

Victoria Abril huye del minimalismo, la contención y la sobriedad, y nos ha dejado momentos gloriosos. Igual que Ana Obregón. En 2013 apareció con un vestido rojo de Santos Costura y no pasó desapercibida. Lo mismo era lo que pretendía. En ese caso, chapeau!

Aida Domenech y Miriam Díaz Aroca. EFE

Pero no hace falta retroceder tan atrás en el tiempo para poner multas de estilo. En 2019 asistimos con los ojos como platos a la llegada de Hiba Abouk con un vestido tremendo de Balmain y ese mismo año tuvo competencia: Aura Garrido, Lola Dueñas y Ana del Castillo. Miriam Díaz Aroca no sube de las últimas posiciones de las listas de la elegancia y tiene por vecina a Emma Ozores.

Hay diseños muy cuestionados y otros que dividen a la crítica. Es el caso de María León con su Leandro Cano, Verónica Sánchez con el vestido de flores de The 2nd Skim., Inma Cuesta con el vestido babero de Teresa Helbig o Maribel Verdú con su Dior de cuerpo negro y falda de flores.

Todos y todas tienen una oportunidad este sábado en Málaga para ganar puntos, escalar en las listas del glamur y cerrar la década en lo más alto del pódium.

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