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40 años sin Félix

Odile Rodríguez de la Fuente: "Cada momento en la vida de mi padre era para él una aventura"

  • Se cumplen 40 años del trágico accidente de avioneta en Alaska que acabó con la vida de Félix Rodríguez de la Fuente
  • Coincidiendo con este aniversario, su hija Odile publica un libro que recopila sus pensamientos: Félix. Un hombre en la tierra
  • Especial 40 años sin Félix

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Odile Rodríguez de la Fuente: "Cada momento en la vida de mi padre era para él una aventura"

El 14 de marzo de 1980, el mismo día que cumplía 52 años, el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente murió en accidente de avioneta junto a los miembros de su equipo de TVE Teodoro Roa y Alberto Mariano, además de Warren Dodson, el piloto estadounidense que los transportaba. Se encontraban en Alaska, rodando para la serie El hombre y la tierra la prueba de trineo con perros más dura del mundo: el mítico Iditarod, que recorre las aproximadamente mil millas que separan Anchorage de Nome.

Su fallecimiento provocó una profunda conmoción, como pocas se recuerdan. Había muerto el mayor divulgador en español de todos los tiempos; el gigante que llenó como nadie los televisores de nuestro país y consiguió contagiar su amor por la naturaleza a millones de personas. Cuatro décadas de ausencia no han conseguido borrar su herencia, que se ha transmitido de padres a hijos como un bien revalorizado.

[Especial 40 años sin Félix]

Coincidiendo con este aniversario, Odile Rodríguez de la Fuente publica Félix, un hombre en la tierra (Geoplaneta); un libro que recoge los principales pensamientos de su padre. Incluye los textos más significativos de su obra, además de la transcripción de algunas de sus intervenciones radiofónicas y televisivas más memorables. En este mundo frágil acechado por múltiples amenazas como pandemias o el calentamiento de la atmósfera, la figura de Félix Rodríguez de la Fuente y su legado como humanista, ecologista y comunicador resurge con más fuerza que nunca.

PREGUNTA: ¿Quedaba algo por contar de tu padre que no se hubiera dicho ya?
RESPUESTA: Precisamente me pregunté lo mismo cuando me ofreció Geoplaneta hacer este libro y mi primera reacción fue decir bueno, qué voy a decir yo de mi padre que no se haya dicho ya...Y sin embargo sí que hay un aspecto: yo creo que con el tiempo, a raíz de que se creó este mito de "el amigo de los animales”, se quedó un poco encasillado en esa imagen de hombre muy popular que habló de la naturaleza y que sobre todo marcó a una generación. Quizá todo esto oscureció su parte más profunda, filosófica, verdaderamente reflexiva sobre la humanidad y el problema de haber cortado el vínculo con la naturaleza.

Creo que eso es algo que necesitamos rescatar en un momento tan complejo como el que estamos atravesando, porque estamos afrontando muchos de los retos que él ya preconizó, y él nos ofrece mucha luz. Fue un hombre sabio, adelantado a su tiempo, pero incluso al nuestro, y considero que es importante rescatar ese pensamiento.

P: Se le ha conocido siempre como el amigo de los animales, pero por encima de todo era un amante de las personas...
R: A mí también me ha parecido muy curioso, porque él fue en gran medida el origen del despertar de la conciencia ecológica en este país, y sin embargo dentro de parte del movimiento ecologista, en las partes más radicales, hay una cierta deriva hacia un posicionamiento dualista entre la naturaleza y el hombre, y hay parte de este movimiento que considera que el ser humano es el peor enemigo de la naturaleza. 

El ser humano era el centro de su más profunda admiración y él confiaba plenamente en el ser humano.

Sin embargo, el origen, que era en buena medida mi padre, era todo lo contrario. Mi padre era un profundo admirador del fenómeno vital, es decir, del fenómeno de la vida en toda su diversidad; y dentro de ese fenómeno lo que más admiraba era que la naturaleza hubiera podido dar lugar a una parte de sí misma consciente, pensante y reflexiva. El ser humano era el centro de su más profunda admiración y él confiaba plenamente en el ser humano.

P: ¿Cuánto perdimos todos en ese accidente de avioneta de Alaska?
R: La verdad es que yo ahora que tengo 47 años y pienso que él murió con 52, ¡qué joven! Porque claro, yo era una niña entonces y me dije bueno, por lo menos ya es un hombre mayor. Pero no es así… Estaba empezando su carrera, y yo creo que hubiera hecho cosas absolutamente grandiosas. Estoy segura que en primer lugar hubiera dado el salto internacional. Estaría en la ONU. Lo que produjo en España en solo veinte años de trabajo, hubiera tenido por delante otros treinta para surtir ese mismo efecto a nivel global.

Luego hay gente que me ha preguntado: "si tu padre viviera ahora, ¿cuál es la especie en la que estaría trabajando?" Y yo digo: "sin lugar a dudas, el ser humano". Era su gran preocupación y como él le dijo incluso a mi madre antes de irse a Alaska: “creo que mi audiencia ya va estando preparada para que empiece a tocar los grandes temas”. Así que imaginad lo que nos esperaba.

P: ¿Cuál es el estado de salud de su legado después de cuatro décadas?
R: A mí siempre me abruma y me sorprende la respuesta cuarenta años después de fallecido, porque sigue estando muy presente. Consiguió impregnar a toda una generación de niños que hoy son adultos y que tienen esa semilla dentro. Se han hecho mayores pero todos tienen esa ilusión y cuando oyen la música de El Hombre y la Tierra se pone en marcha en ellos lo que representaba ese sentido de libertad y de ver la vida a través de los ojos de mi padre, que era enormemente luminoso.

Los niños de ahora piden otras cosas a la vida y el mensaje de mi padre estaba muy en línea.

Creo que eso es lo más importante de su legado. Más allá de su obra, que está ahí. Sobre todo son los miles de niños que hoy son investigadores, divulgadores, o personas que no se dedican a nada que tenga que ver con la naturaleza pero que tienen dentro esa semilla.

P: Una semilla que se puede mantener en las nuevas generaciones…
R:
 El mensaje de mi padre era muy postmaterialista, hablaba de otra idea del ser humano y gran parte de esta generación también es bastante postmaterialista. Es decir, nosotros, la generación anterior, crecimos con la ilusión y la promesa del éxito en este modelo socioeconómico. Había que ser una persona bien, estudiar, ser alguien y ganarse la vida... Yo creo que muchos de los niños de ahora vienen ya un poco de vuelta, de decir bueno, ¿y todo esto para qué? Para estar pagando una hipoteca toda mi vida, tener que trabajar y no poder disfrutar… Piden otras cosas a la vida y el mensaje de mi padre estaba muy en línea. Era un adelantado a su tiempo y al nuestro. Y creo que ese mensaje resuena con fuerza en estas nuevas generaciones.

P: Félix Rodríguez de la Fuente y cambio climático... ¿Cómo crees que lo hubiera afrontado?
R: De la misma manera que afrontó también un momento muy difícil para la naturaleza en España en los años 60 y 70. Si no hubiera existido mi padre, probablemente no existiría el lobo, ni muchísimas aves de presa, ni tendríamos la mitad de espacios preservados y protegidos que tenemos… Yo creo que él se hubiera dedicado en cuerpo y alma a este problema, aunque sobre todo siempre su fuerza residía en el pueblo.

Considero que con el cambio climático sería una de esas personas que afortunadamente no politizarían el mensaje, no utilizarían el mensaje para separar, sino todo lo contrario. Que es lo que hizo. Diría si hay algo que nos une a todos es la vida, y por tanto llevaría a todo el mundo de calle para que poco a poco se ejerciera cada vez más presión para que las administraciones tomaran cartas en el asunto, pero siempre, como digo, de esa manera pacífica y unificadora, que es lo que siempre más me ha llamado la atención de mi padre.

P: ¿Cuál crees que fue el secreto de El Hombre y la Tierra, el programa de televisión en español más exitoso de todos los tiempos?
R:
 Yo creo que fue una combinación de elementos. Por un lado, evidentemente, un equipo profesional impresionante con una dedicación total y absolutamente vocacional por lo que estaban haciendo. Luego también unas técnicas de vanguardia para aquella época. Y finalmente el ingrediente mágico de mi padre...

Ahora nos dan el mínimo común denominador, pero la gente responde muy bien cuando elevas su nivel cultural.

En los bares en España, que siempre hay bullicio, todo el mundo hablando y gritando... Y la gente se paraba, se quedaba callada por lo que decía mi padre en la televisión… ¡Sobre el lirón careto!  Yo es una de las cosas que más admiro de él, y que dice muchísimo de lo que fue el "fenómeno Félix", pero también dice muchísimo de nosotros, de su público, de la gente, de los niños... Y es que la gente quiere más de lo que nos hacen creer. Ahora nos dan el mínimo común denominador, pero la gente responde muy bien cuando elevas su nivel cultural, te lo agradece infinitamente, y se engancha. Pero claro, hay que saber hacerlo y sobre todo hay que hacerlo con autenticidad.

P: ¿Qué suponía Alaska para tu padre?
R: Es curioso, porque la vida de mi padre, no solo su mensaje, es casi de cuento, de ficción. Ocurren unas cosas que dices que es un personaje de ficción, no puede ser real. Desde que nace y muere el mismo día, hasta que no se escolariza hasta los diez años, o que ya desde niño era una persona que soñaba con la cetrería, cuando no existía ya la cetrería en España desde el Medievo; y que leía a Jack London, a James Oliver Curwood, y soñaba con esos espacios enormes que representaban el Gran Norte, con los tramperos, con esa relación íntima con la naturaleza.

La vida de mi padre, no solo su mensaje, es casi de cuento, de ficción.

Yo creo que todo, en el fondo, tenía que ver con volver un poco a ese estado que tuvimos en nuestra infancia colectiva, que fue el Paleolítico, un estado en el que estábamos inmersos en los brazos de nuestra madre naturaleza. No veíamos ninguna separación entre nosotros y el resto de formas de vida que eran hermanos en este viaje del planeta a lo largo del tiempo y del espacio en el universo, y yo creo que él tenía una gran nostalgia por sentir eso. Lo sintió como niño en su pueblo, pero creo que ya como joven imaginaba esos paisajes, esas aventuras de esos autores.

Que su vida finalice en esos paisajes que él ya dibujaba en sus libros de texto de literatura del colegio, pues también es sorprendente. Un niño de Poza de la Sal que dibuja el Gran Norte, trineos tirados por perros, y luego acaba su vida allí... Es, la verdad, increíble.

P: ¿Has conocido un poco más a tu padre confeccionando este libro?
R: He hecho una inmersión, y una de las cosas que más me ha llamado la atención, aparte de su mensaje, ha sido él, como persona. Es de las pocas personas que yo he conocido que era pleno y feliz. Estaba entusiasmado con su vida, con la vida que le tocó vivir, en la que cada momento para él era una aventura… Qué difícil es hoy en día encontrar a personas realizadas que utilizan su vida, que al fin y al cabo es una única oportunidad, para conocerse mejor a uno mismo, para vivir intensamente... Esa gente irradia una pasión y una energía que te atrapan y que son contagiosas.

Mi padre estaba entusiasmado con su vida, con la vida que le tocó vivir, en la que cada momento para él era una aventura…

Él hizo cosas extraordinarias en muy poco tiempo y vivió muy intensamente porque era sí. Se arrojaba a la vida y permitía que la vida pasara a través de él. La mayoría de nosotros tenemos muchos miedos, muchas inseguridades… No tenemos tanta autoestima como para utilizarnos como vehículo para que la vida se viva a través de nosotros. Pero él se dejaba totalmente llevar por el flujo de la vida.

P: ¿Cómo crees que fueron sus últimos momentos en Alaska?
R: Yo me lo imagino también en esos paisajes, como el marco de sus últimos minutos de vida y no creo que pudiera tener un marco mejor, porque no me imagino a mi padre falleciendo en una cama de hospital con una enfermedad de estas que te van deteriorando poco a poco. No me lo imagino así. Dentro de lo malo, su vida fue meteórica en todos los sentidos, y su muerte fue pareja a este tipo de vida.

RTVE

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