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La Operación Zendal y la enfermera que hizo historia

  • Unos 750 militares están preparados para recorrer España haciendo el test del coronavirus
  • Zendal es el nombre de la enfermera que acompañó a Balmis en la expedición contra la viruela en América y Asia

Por
Las mañanas de RNE con Pepa Fernández - Juan Eslava Galán: "Sin Zendal la expedición Balmis no habría sido posible"

El nombre de Isabel Zendal Gómez es el de una de tantas mujeres olvidadas por la historia. Esta enfermera fue la única mujer que se embarcó en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la viruela, una campaña que expandió este remedio por América y Asia, entre 1803 y 1806 y que salvó miles de vidas. Aunque la expedición estaba liderada por el doctor Francisco Xavier Balmis, "sin Zendal la expedición no hubiera sido posible". Lo cuenta en Las mañanas de RNE con Pepa Fernández el escritor Juan Eslava Galán.

Una de las tareas de Zendal fue el cuidado de los 22 niños españoles que partieron con la expedición desde La Coruña para inocular la vacuna, así como de los infantes americanos que fueron garantizando, posteriormente, la cadena de transmisión. Se trataba de la primera expedición humanitaria de ámbito universal de la historia, en la que el papel de Zendal fue clave para salvar muchas vidas. “Como no había refrigeración, la cura de la vacuna no aguantaba viajes tan largos. Había que llevarla inoculada en personas, en este caso en esos 22 niños”, cuenta Eslava.

“Zendal llevó a su propio hijo de nueve años en una travesía que fue durísima, pero ella hizo de madre no solo de su hijo, sino de todos esos niños abordo”, continúa Eslava. Algo en lo que Zendal tenía experiencia porque ella era, además, directora del orfanato del que salieron muchos de esos niños. “Había que pensar también en aquellos niños como conejillos de indias”, apunta Eslava. Lo cierto es que, aunque durante años fue el nombre de Balmis el que iba asociado a esta expedición, “la gran impulsora de esta idea de vacunación fue de Zendal”, continua el escritor. Una historia que el cine mostraría en la película dirigida por Miguel Bardem22 ángeles.

Para todos los públicos Cine en TVE - 22 Ángeles - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Campanas)

(EXHALA)

(Ladridos)

(Oleaje)

Esto, a la sala de cuarentena. -Sí, sor Milagros.

Pero ¿qué hacen con esos palos?

¡Apartad eso, hombre, que no son vacas!

Nos llenan el hospicio de huérfanos sin darnos nada para alimentarlos.

Váyanse.

¡Pobriños!

Terminarán comiéndonos por los pies, Isabel.

Pues de mí como no saquen huesos para el caldo...

Venga, angeliños.

Ya veréis qué casa más bonita, ¿eh?

Milagriños, dale algo a Xoan, anda.

¡Qué buena pinta, Maruxa!

¿Te gustan las naranjas? Sí.

¿Sí? ¿Y a ti? Sí.

¿Muchísimo? Muchísimo.

Lavad a esos niños a fondo, anda.

Buenos días, hermano Ximón.

Buenos días, neniños.

Xosé, tengo una sorpresa.

¿Quieres verla?

Dos hermaniños más.

A ver, vais a estar aquí 40 días todos juntiños.

Después, nos quedamos en esta casiña...

¿Quién quiere un poquiño de pan? -Yo.

A ver... -(TODOS) ¡Yo!

¡Hala! -¡Mira, mira!

¡Yo! -¡Hala, hala, hala!

¡Hala! -¡Hala!

-Isabel.

Sí, madre promotora. ¿Tiene un momento?

Por supuesto.

¡Yo, yo!

Isabel, me reclaman de Santiago para otros menesteres con adultos.

El hospicio podría quedar en sus manos

hasta que la orden nos envíe a otra religiosa.

Usted ha hecho milagros con las cuentas.

Por un momento, pensé que la orden

quería prescindir de mis servicios.

¿Prescindir?

Pero si lo que nos hace falta son muchas Isabeles de Cendala.

(Trueno)

(Richter "The triumph of time")

Aparta, hombre.

Soy inmune a la viruela.

Si vienes conmigo,

vas a estar muy calentiño.

¿Ves qué bien?

Y...

Y te puedo dar friegas en los peíños

como te hacía Goxa.

Tu mamá te quería mucho, muchísimo,

pero ya no puede ayudarte.

¿Me entiendes?

Y, si vienes conmigo,

yo te voy a cuidar.

Te lo prometo.

¿Sí?

(Trueno)

Ven.

Muy bien.

Muy bien.

Vamos, ven.

Ven conmigo, cariño, ven.

Ven.

Sí.

Vale, mira qué bien, ¿eh?

¿No está infectado este crío? No, no.

Gracias a Dios, no.

Ni rastro de tiña ni de viruela.

Solamente, moratones,

por los golpes.

Aunque tendrá que pasar la cuarentena igualmente, claro.

Isabel,

no quiero sumar más quebraderos a los que ya tenemos,

pero solo nos quedan sopas de pan.

Si Milagriños sabe que te di pan antes, nos riñe.

A ver, ¿tú cómo te llamas?

Yo me llamo Isabel.

¿Quieres dormir en una cama

calentiño?

Ven conmigo.

Y, si descansas bien,

¡tarán!, mañana te enseño a jugar.

¿Te parece?

Bueno...

Buenas noches,

Benito.

(Max Richter "Anathemata")

(Conversaciones cruzadas)

Señores miembros del Consejo, buenos días.

El continente europeo ya está siendo vacunado contra la viruela

gracias al descubrimiento del doctor Edward Jenner.

Esto es algo que todos ustedes saben.

Esa vacuna es una soberana estupidez.

Algo que sale de la vaca, ¿cómo quieren que creamos que nos curará?

Señor Márquez,

señor Márquez, quienes se vacunan quedan a salvo.

¿Acaso no ha vacunado usted a su familia?

¿Por qué lo ha hecho?

Gracias, ilustrísima.

Sin embargo, señores, está demostrado

que, a pesar de los intentos por llevarla a las Américas,

la linfa de la viruela guardada en cristales

no soporta las temperaturas de los mares de allí.

Les he convocado porque estoy seguro de haber descubierto

la manera de llevar la vacuna a nuestros territorios en ultramar

sin riesgo de que se deteriore.

Eso es imposible.

-¡Bah! Eso es imposible.

Proceda, doctor Ibáñez.

Con su permiso.

El primer niño fue infectado con la viruela de la vaca.

Como saben, es similar a la humana, pero no llega a ser mortal.

Con la linfa de sus pústulas,

procedemos a infectar al segundo niño.

-¡Dios!

En siete días, desarrollará la enfermedad,

de tal manera... Señores, disculpen.

No desarrollará la enfermedad,

sino unos residuos de ella.

Es importante que entiendan que el vacunado no enferma,

pero sí crea defensas que lo protegen

contra el virus de la viruela humana.

Caballeros,

pienso llevar al continente a los niños necesarios

para que la vacuna pase brazo a brazo

con todas sus facultades curativas.

¿Brazo a brazo?

¿Va usted a usar a un montón de niños como si fueran recipientes?

¿Y de qué manera piensa comercializarla, doctor Balmis?

¿Vendiendo a niños con pústulas?

Gracias a esos niños,

podremos replicar la vacuna en aquellos territorios.

Y lo que es más importante:

lo haremos sin coste alguno para los enfermos.

Los fondos saldrán de la hacienda pública.

¿Eso quiere decir, señor Godoy,

que el dinero saldrá de nuestros impuestos

y sin posibilidad de recuperar un solo doblón?

Caballeros, ven mi mano.

Está posada sobre tierras colombinas,

el territorio de ultramar

donde la viruela se está ensañando con su garra mortal.

Por eso, el virrey de Nueva Granada

ha pedido ayuda a su majestad Carlos IV

para erradicar esta cruenta epidemia.

Caballeros, las palabras de su majestad

fueron que el dinero saliese de donde fuese

para acabar con tanta muerte.

Esa vacuna puede reportar grandes beneficios al país

si se vende a los virreinatos y a sus gobernadores.

Que sean ellos los que decidan

si la entregan gratuitamente a sus súbditos o no.

¡Caballeros, caballeros!

¡Caballeros, la viruela llegó a ultramar en nuestros barcos!

¡Y en nuestros barcos ha de llegar la solución!

¡El Estado español no puede soportar ese gasto!

Doctor, usted como director plenipotenciario de la expedición

partirá de La Coruña en una corbeta de nombre María Pita.

Hágase con un equipo médico de su absoluta confianza

y parta de inmediato.

Los comerciantes ven en la vacuna un gran negocio

al que no piensan renunciar y tenemos que adelantarnos.

Doctor, le pido disculpas por el error...

No es un buen momento, Ibáñez.

Su torpeza casi nos cuesta un disgusto.

¿No esperará tener siempre a alguien como yo

corrigiendo sus errores?

No, doctor, aunque sí quería pedirle su ayuda

respecto al proyecto del que le hablé.

Disculpe, ahora no tengo tiempo.

Recójalo todo. Me tengo que ir.

(OBISPO OFF) "¡Ese Balmis!".

Si pudiésemos conseguir que el rey le retirase la confianza a Godoy,

caería también la cabeza de Balmis.

¿No está usted harto de ser un segundón?

¡Salga ya de debajo de la capa de ese hombre, por Dios!

El doctor Balmis es mi mentor.

Además, tengo pensado pedirle que apadrine mi proyecto:

el hospital de enfermedades de ultramar.

-Monte ese hospital de enfermedades tropicales que tanto le interesa

y empiece a vacunar.

Tiene mi respaldo, querido Ibáñez,

y el dinero de don Emiliano Márquez.

Con cuidado.

¿Y con qué voy a vacunar, con fe?

La vacuna que podría llevar allí sería imperfecta,

inútil probablemente al cabo de unas semanas.

No sería ético por mi parte proceder de esa forma.

-¡Oh!

Como ustedes saben, el calor de los trópicos

estropearía las linfas y... -La voluntad de Dios le guiará.

Ya usted allí sabrá cómo proceder.

Un hospital que llevará su nombre.

-Sería ideal para la Nueva España.

Yo mismo reparto buenos beneficios al virrey de esas tierras.

Estaría de nuestra parte.

Balmis acabará admirando su audacia.

No lo dude.

-Y utilizando los servicios de su hospital.

¿Me buscaba, caballero?

Soy la rectora regente del hospicio.

Ah, perdone, es que esperaba a una religiosa.

Hace un tiempo, leí ese tratado del doctor Jenner.

Me parece imposible que se pueda prevenir la viruela de ese modo.

Lo crea usted o no, es una teoría más probada

que el hecho de que poner velas a los santos cure las enfermedades.

(GRITAN)

Por su casaca, veo que es médico cirujano.

Isabel de Cendala.

Francisco Javier Balmis. Soy el director

de la Real Expedición de la Viruela a Ultramar.

Estoy aquí porque necesito a 22 niños sanos,

de entre ocho y diez años, que no hayan contraído la viruela

y que no hayan sido vacunados contra ella.

¿22?

Del pezón de la vaca a las manos de las mujeres que las ordeñan.

¿Y le parece raro que la gente le tenga miedo a la vacuna?

¿No me diga que usted cree que la peste no la propagan las ratas?

¿Tan ingenua es que aún piensa

que una epidemia no pasa de animales a hombres?

No creo que tengamos 22 niños en este hospicio

que cumplan con sus requisitos.

Tenga.

Seguro que el hospicio necesita tanto este dinero

como la expedición y la salud pública a esos 22 niños.

¡Pero que son niños, por el amor de Dios!

¿Me los quiere comprar?

Le prometo que serán bien tratados.

Cuando lleguen a la Nueva España, los alojaremos

en un hospicio igual o mejor que este mismo.

Por favor,

no me tome por inhumano.

El rey está dispuesto a correr con todos los gastos de la vacuna.

Es una ocasión que no podemos desaprovechar.

No podemos perder tiempo.

Así que cuento con usted.

(Max Richter "A duet for three")

¡Ayuda! ¡Ayuda, por favor!

¡Ha ocurrido un accidente en la calle entre dos carruajes!

¡Necesitan un médico!

Gracias.

(Max Richter "A duet for three")

¿Dónde están los otros candidatos?

¿Por qué quiere usted ser mi ayudante?

Soy un gran admirador suyo desde la contienda de Gibraltar.

He servido como cirujano de guerra en Irlanda.

Además, estoy al tanto de sus libros

y para mí sería un placer...

Nos tendió una trampa. Nos hizo salir para adelantarse él.

Caballeros, cálmense y esperen fuera.

Entiendo.

(LEE) Nacido en Barcelona hace 30 años.

Licenciado desde hace cinco en el Real Colegio de Cirugía

de Barcelona y cirujano del Real Sitio de Aranjuez

desde hace menos de cuatro meses.

Doctor José Salvany, siéntese.

Me sorprende su rápido ascenso dadas sus maneras.

¿Siempre ha demostrado tan pocos escrúpulos?

Solo hago lo necesario

para conseguir mis objetivos, señor.

¿Jugando sucio?

Yo no lo diría así teniendo en cuenta que, con este ardid,

le he librado de cuatro médicos mediocres

y a cambio le consigo un excepcional ayudante.

Le voy a encomendar una misión.

(Max Richter "A duet for three")

Hola. ¿Cómo te llamas?

Así que no quieres hablar.

¿Y usted quién es?

Mi nombre es José Salvany, para servirle.

El doctor Balmis me manda para ayudarla a elegir a los 22 niños.

¿Y por qué no vino él?

El barco zarpa del puerto de La Coruña en menos de una semana.

Estoy al tanto, gracias, pero solo contamos con diez niños

que cumplan con los requisitos que el doctor me expuso.

En ese caso, señora, cuanto antes busquemos al resto, mejor.

¿No cree?

(Max Richter "The rising of sun")

¿Qué desea?

Que te doy.

Cuídelo con su vida o le juro que...

Yo le prometo que tendrá un buen futuro,

como que me llamo Isabel de Cendala.

Aunque sea lo último que haga.

(Richter "Love and imagination")

¡So!

Espere aquí, por favor.

Olvídese de su expedición si se financia con nuestros impuestos.

La falsa vacuna que lleva el Dr. Ibáñez, la que les va a vender,

¿cómo la recibirán en ultramar cuando vean que no tiene efecto?

Parta para La Coruña, doctor Balmis.

La orden real le llegará antes de que suba a la corbeta.

Tome esto. Es de la reina.

Si se encontrase en apuros, déselo al virrey de Nueva Granada.

Él comprenderá.

Confío en su palabra, señor.

Buen viaje, doctor Balmis. Gracias.

¡Ay!

¡Ay!

Hola. -Hola.

¡Ay!

Este niño es Rufiano y lo que más le gusta es jugar a las tabas.

Y este niño tan precioso es Xoan y vivía con tu tío, ¿verdad?

Caballero, ¿permitiría que tanto los niños como nosotros

pasáramos la noche en esa cuadra?

Bien está, pero no tengo nada para alimentarles

más que la leche que les dé nuestra vaca.

(Richter "Love and imagination")

¡Yo soy el capitán!

¡Yo soy el capitán!

¡Eh! -¡Ay!

¡Soy el capitán!

¡Eh, oye! ¡Devuélvemela!

¡Oye, a ver, a ver!

¡Oye, oye, chist, chist! ¡A ver, a ver!

Pepín, ven conmigo.

Vamos, venga.

¿Qué es lo que pasó?

Es que me quitó mi bola.

Solo quería jugar con él.

¿Por qué no quieres jugar con Pepín? ¿Por qué no?

Es que me la dio mi padre.

Mi padre me dijo que no la perdiese.

¿Os cuento un cuento?

(TODOS) ¡Sí! ¿Sí? A ver.

Subimos aquí, que estaremos más calentiños.

No hace mucho tiempo,

unos niños se perdieron en el bosque

y estaban muertiños de frío, como vosotros ahora,

pero encontraron un castillo como este

para resguardarse.

¿Sabéis qué había en el castillo? (TODOS) No.

Estaba llenito de lobos.

Pero los lobos se comen a los niños.

Pero uno de los niños tenía un amuleto mágico.

¿Qué es un amuleto?

Con el amuleto, vencieron a los lobos

y se pudieron quedar en el castillo.

Este es vuestro amuleto.

Si lo compartís, venceréis a cualquier lobo

y seréis mucho más fuertes.

¿Estamos? Sí.

Pues ahora a dormir, que mañana hay que viajar.

Venga, todos tapadiños, ¿eh?

Buenas noches.

Buenas noches.

Hágale llegar esta carta inmediatamente al doctor Balmis.

Sí, señor.

(Max Richter "The departure")

No se le da a usted nada mal.

Me crie entre vacas,

ordeñando cada mañana y cada atardecer.

Por eso soy inmune a la viruela.

No parecen las manos de una mujer de campo.

¿Y usted qué es?

¿Yo?

Soy cirujano militar, ya se lo dije.

No, no, no me lo dijo.

Lo supe yo

por su casaca.

(Gruñido animal)

(Pájaro)

(Pájaro)

(OFF) "Falta uno".

Falta uno, no son todos huérfanos ni mayores de ocho años.

Y, además, llegan ustedes un día después de lo pactado.

No arreglamos nada con que se ponga así.

Nos pidió 22 niños y tenemos 21.

Pues busquemos una solución entre todos.

El número debe ser exacto para cubrir todo el viaje.

Cada pareja de niños necesita siete días para superar

la incubación de la vacuna y la travesía durará seis semanas.

Mañana tendrá el niño que le falta.

Yo misma lo llevaré al puerto hoy. Ahora, si me disculpa...

El María Pita saldrá al amanecer

y aún espero la orden real que Godoy prometió.

Así que estoy contratado.

¿Cómo dice?

Que... ¿qué haremos si la orden no llega, señor?

Embarcar igualmente.

¿Se le ocurre algo mejor?

("The work of providence")

(Crujido)

¡Quiero subir!

-Tranquilo, tranquilo, tranquilo.

A ver.

A la camita.

Venga.

¿Es verdad que nos llevan a las Américas?

El señor Salvany dice que es un viaje muy largo y peligroso.

Me parece a mí que el señor Salvany habla demasiado.

¿Es verdad que en el mar te mareas y vomitas sin parar?

Si te caes al agua, ¿quién te salva?

¿Siempre se come bacalao?

Rufiano, ¿por qué no le enseñas a Benito nuestro secreto?

¡Hala, una bola! (RÍE)

-¡Hala!

(TODOS) ¡Hala!

¡Oh! -¡Una bola!

¡Ah! -Quiero verla.

Es nuestro amuleto.

Y los niños compartieron...

compartieron el amuleto

y consiguieron entrar en el castillo.

¿Y sabéis qué descubrieron? (TODOS) No.

Que los lobos eran los habitantes del pueblo,

que se habían convertido en seres horribles y muy feos.

Y, gracias a compartir el amuleto,

se curaron

y volvieron con sus familias.

¿Usted estará con nosotros?

Nos dijo que éramos más fuertes juntos.

¿Sabéis a qué vais a las Américas?

(TODOS) No. ¿No?

Lleváis el amuleto,

la vacuna contra la viruela.

¡Oh! La cura para mucha gente enferma.

Así que sois héroes, pequeniños, pero héroes.

Y yo no voy a abandonaros.

¿Confiáis en mí?

(TODOS) Sí. ¿Sí?

Sí.

(Desplat "Harry surrenders")

Mi sobrino, el Dr. Francisco Pastor, supervisará el material.

Asegúrese de que toda la tripulación esté vacunada.

Que no suba ningún enfermo. Así se hará.

Lienzos para transportar el fluido, 2000 pares de vidrios, termómetros,

barómetros, lancetas, jeringas...

¿Dónde estará esa mujer?

Me garantizó que traería a los niños.

No podemos zarpar sin ellos, sin los 22.

Vendrá, doctor. Estoy seguro.

Eso espero.

Id por la pasarela.

(Richter "Love and imagination")

Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

(TODOS) Buenos días.

Le prometí a sus 22 niños y aquí los tiene.

Muy bien.

Señores, ¿podemos ir haciendo embarcar a los niños, por favor?

Lo siento, pero eso no es posible.

No van a ningún sitio sin mi persona, caballeros.

Los dejaron a mi cargo y a mi cargo van a seguir.

De ninguna de las maneras.

No se puede mantener la seguridad en el barco con una mujer.

¿No conoce la vieja tradición marina?

Para lograr una buena travesía,

no deben embarcar ni sombrillas ni sotanas ni mujeres.

¿Y las familias completas que emigraron a ultramar?

¿Quién se va a ocupar de mantener a estos niños en orden

y de procurarles bienestar?

Sin duda, podría resultarnos de gran ayuda.

Va a ser un viaje muy difícil para esos pequeños.

Bien.

En ese caso, no se mezclará con la tripulación.

Se moverá por el barco acompañada por un oficial.

¿Y quién será ese oficial?

Yo mismo, señor.

Está bien.

Ustedes ganan.

Si me disculpan...

(Max Richter "A duet for three")

Y seguimos sin tener noticias de la orden real.

Lo siento, pero no puedo retrasar más el embarque ya.

¡Esperen!

¡Esperen!

Gracias.

Capitán, mi nombre es Jonás.

Viajo a Puerto Rico a velar por los intereses de la Iglesia

en aquellas tierras para un convento.

Soy letrado de Oviedo.

Esta corbeta es la María Pita, ¿verdad?

Sí. Soy el doctor Balmis.

¿Usted es Balmis?

¿Le han dado algo para mí? Sí, naturalmente.

Presumo que no es lo que esperaba.

Muy bien.

Señores, embarcamos.

¡Todo el mundo a bordo!

(Silbato)

(Silbato)

(Canción "Arrival of birds")

(TODOS) ¡Adiós! ¡Adiós!

¡Adiós!

¡Adiós!

¡Adiós!

(Canción "Arrival of birds")

Neniños, bajamos a cubierta, ¿de acuerdo?

Sin molestar a la tripulación y con el culiño

bien pegado a los peldaños, así. ¿De acuerdo?

Sí, señora.

-Sí, señora.

Muy bien. Despaciño y sin empujarse.

¿Puede ayudar a los niños a bajar, por favor? Gracias.

Si me disculpan...

(Canción "Arrival of birds")

Cocinero, perdone, es que... Moisés para usted.

¿Qué se le antoja a su divina alteza con cuerpo de mujer?

Quería pedirle, por favor,

si me da un cubo que le sobre en la cocina.

Es para..., bueno, para mi...

mi aseo personal y otro para los niños.

Vengo de ver las letrinas y no... Es lo que hay.

¿Quiere que lo consulte con el doctor Balmis?

Seguro que podemos prestarle un par de cubos

para la correcta higiene de los niños, ¿no cree?

Dos cubos prestados, que no regalados, ¿eh?

Perfecto.

Desde ahora, tratará a doña Isabel con el respeto que merece.

¡Ay!

Ya está.

Eso es.

Muy bien.

A ver, Pedriño, ¿te dolió? No.

Anda, vamos.

Tráigame a otro. Adiós.

(Max Richter "A duet for three")

Despaciño.

Despaciño, sin caer, ¿eh?

(RÍE)

Vais a caer, ¿eh?

¡Puerca, puerca! No os vayáis lejos, ¿eh?

¡Maldito seas!

Os vais a marear.

Un poquito al otro lado, que os vais a marear.

Despaciño, sin caer, ¿eh?

El barco puede ser peligroso.

Os vais a marear.

Un poquito al otro lado, que os vais a marear.

(RÍE)

¡Estos niños!

¡Fuera de cubierta si no quiere que se los trague el mar!

Perdone, hombre.

Pero entienda que son niños. Tienen que jugar y correr.

A ver, los de arriba.

Señora.

Atienda a sus menesteres, haga el favor.

Vamos, por aquí, niños.

Aquí parece ser que molestamos.

(Max Richter "Anathemata")

Capitán.

Si puedo hablarle con franqueza,

he de confesarle que me preocupa la actitud del Dr. Balmis.

Las gentes que pecan de soberbia tienen el juicio nublado,

como nos recuerdan las Sagradas Escrituras.

Y ese nublado puede ser más peligroso para esta expedición

que un tornado a una corbeta firme como esta.

Letrado,

mejor sería que se ocupase de sus propios asuntos.

¿Queréis uno?

¿Sí?

Solo me quedan dos.

¿Los queréis?

¿Los queréis?

Os los doy si no se lo decís a nadie.

¿De acuerdo?

¿Me guardaréis el secreto?

¿Sí?

Rufiano, te toca ponértela. -¡No!

Vamos. -¡No!

¡No! -¡Venga!

¡No, no!

¡No!

Preparémonos para recibir esa tormenta como se merece.

Timonel, mantenga el rumbo a 23 grados.

Si conseguimos evitar el epicentro, no nos iremos a pique.

Que Dios nos asista.

¡Ayuda!

¡Ayuda!

Están llegando las olas a la verga de mayor.

Que Dios se apiade de nosotros.

Vamos a necesitar algo más que la ayuda de Dios.

Pastor, vamos a llevarlo a la enfermería.

Vamos. ¡Oh!

¡Luz! Luz.

(CANTA EN GALLEGO)

(Trueno)

Se agarra la cuerdiña, eso, eso.

(CANTA EN GALLEGO)

Pulso.

No tiene.

(CANTA EN GALLEGO)

(Grito)

¿Quién tiene el amuleto?

Trae.

Os acordáis de qué es esto, ¿verdad?

(TODOS) Amuleto.

¿Sabéis qué ocurre con esto?

No. Que nada malo va a pasar.

Nada.

Esto nos protegerá de la tormenta, ¿de acuerdo?

¿Confiáis en mí?

(TODOS) ¡Sí! ¡Muy bien, niños, muy bien!

Pues confiad en él.

(Cristales)

Todo va a pasar.

Vamos a juntarnos, ¿de acuerdo? Venga.

Venga.

(CANTA EN GALLEGO)

(Trueno)

(CANTA EN GALLEGO)

(Richter "I will not forget you")

(Risas infantiles)

Tendrán alguna explicación que justifique esta conducta.

Sí, eh...

El doctor... La tormenta... Isabel.

Llévese al siguiente niño para vacunar.

Sí.

Lléveselos a todos.

Y usted, Salvany... Es usted un irresponsable.

Doctor Balmis, los niños tenían miedo.

Decidimos quedarnos con ellos y...

No sé, supongo que...

que debimos de quedarnos dormidos.

Esta indisciplina necesita un castigo, doctor.

No, capitán.

Deje que yo decida el castigo más adecuado para mis subordinados.

(Tos)

Xorxiño, ¿qué haces despierto, hombre?

Si te caes de sueño. Ven, métete en la camiña.

Venga, a dormir.

Hasta mañana.

Así, muy bien.

Rufiano.

Este niño está muy caliente.

Rufiano. (TOSE)

Rufiano.

Isabel, ¿lista para la cena?

Doctor. ¿Qué ocurre?

(TOSE)

¿Y esa tos?

¿Por qué no me lo ha dicho? Porque acabo de saberlo.

Vi que tenía fiebre y quería bajársela.

Vamos, neniño.

Desabróchele la camisa. Sí.

¿Así? Sí.

Este niño está muy enfermo.

¡Dios mío!

Si se muere, dará al traste con toda la expedición.

¿Podría ser más sensible, por favor?

No me hable de sensibilidad.

¡Señores, ayúdenme, desalojen esta mesa!

¡Rápido!

Salvany, vaya a buscar mi maletín. Está al lado de la cama.

Tiene el vientre muy abultado.

Esto no puede ser una complicación de la viruela.

Doctor.

Este niño ha sido envenenado.

¿Cómo que envenenado?

¿Hay algún otro niño con calentura, vientre abultado o tos?

Eh... No, no, no.

Deberíamos averiguar si ha sido intencionado

o resultado de un despiste.

¿Quién más accede a la cocina aparte de Moisés?

Cualquiera. Permanece abierta todo el tiempo.

No estamos seguros de que no haya sido un alimento en mal estado.

Pero extremen las precauciones y estén atentos.

Solo puedo fiarme de ustedes.

Salvany, inspeccione la cocina.

Pastor, ayúdeme.

Tenemos que hacer lo imposible por que sobreviva.

Doctor,

sálvelo, por favor.

Venga, la cogéis.

¡Ahí va!

¡Benito!

¿Adónde vas?

¡Benito!

(Desplat "Ron's speech")

(Richter "Never did run smooth")

(Ruido)

(Desplat "Ron's speech")

Te ofrecemos, Dios Santo,

este pequeño cuerpo

para que lo acojas en tu seno.

En el nombre del Padre,

y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén. -(TODOS) Amén.

(Campana)

(Voces infantiles)

Doctor, este niño debe permanecer siempre vigilado.

La expedición depende de él y de los que nos quedan.

Isabel, procure que la tripulación permanezca alejada de los niños.

Es la tripulación la que no se acerca a los niños, doctor.

Está haciendo un gran trabajo, Isabel.

Doctor, doña Isabel.

Deberían acompañarme.

Prosiga vacunando, por favor.

Toma, te lo regalo para que te pongas bueno.

Bueno, Pepín.

¿Estás listo?

(Violín)

(Cazuelas cayendo)

¿Te gusta?

Llevo días observándole, Moisés.

Y, aunque no pueda demostrar que usted envenenó a ese chiquillo...,

¿Envenenado? ...los víveres han menguado mucho.

¿Está usted saboteando nuestras provisiones?

¿Qué atropello es este, Moisés?

¿Es cierto que falta comida?

No me atrevía a decírselo, capitán.

La cocina es mi responsabilidad.

Pero, sí, la comida mengua más ligera que mis cálculos.

Y han de ser los malditos ladronzuelos esos.

Su negligencia puede costarnos morir de hambre.

La negligencia es de doña Isabel, que no los mantiene a raya.

¿Cómo se atreve? ¡Pare!

¡Usted tiene la culpa! ¡Tranquilo!

¡Caballeros!

¿Qué hiciste con el...

caramelo secreto que te di?

¿Ya lo comiste?

Sí, señor, estaba muy rico.

Pequeño mentirosillo.

Tú sabes que es pecado mentir, ¿verdad?

¿Dijiste a alguien que venías a cubierta?

¿No?

Tenemos que racionar los víveres si queremos llegar a puerto.

Para toda la tripulación y para el equipo médico,

los niños incluidos.

Xoan, Pepe.

A cubierta con él.

15 latigazos, Moisés.

¿Viste ya los delfines?

¿No?

¿Quieres ver delfines?

¿Los ves?

¿Eh? Ahí, mira.

Asómate, ahí.

Allí, asómate.

¡Benito!

¡Benito!

¿Qué haces aquí?

El señor Jonás me enseñaba su violín.

Anda, ven aquí.

Vamos para abajo. Perdone.

No.

¡Hostia!

No se mueva.

¡Qué manía con rezar a solas!

Galeona bendita, líbranos de los demonios que acechan este barco.

¡Ay!

Si no se está quieto, no puedo limpiar la herida.

(NIÑO) Soy el capitán, soy el capitán.

Soy el capitán, soy el capitán.

¡Eh, mi caramelo!

(Alexandre Desplat "The exodus")

No corre ni la más mínima brisa.

¿Cómo se encuentra, Isabel?

Bien, bien.

¿Cuánto hace que no prueba bocado?

Eso no tiene importancia. ¿Cómo no va a tenerla?

¿Y los niños?

Están a base de agua y gachas de harina.

Al fin y al cabo, son los que más lo necesitan.

Claro.

Según el capitán, divisaremos tierra en tres o cuatro días.

Doctor, si tardamos más que eso, que Dios nos asista.

¿Podríamos racionar más la comida?

En tres días, no habrá nada que racionar.

A ver, neniños. ¿Quién quiere gachas por aquí?

Recién hechas.

Bien.

Pepín, abre la boca.

Vas a crecer muchísimo, ¿eh?

Benito, abre la boca.

(Viento)

¡Capitán!

¡Tierra a la vista!

Luego nos preparamos para atracar.

(TODOS) ¡Bien! ¡Doctor Balmis!

¡Tierra, tierra a la vista!

¡Gracias a Dios! ¡Tierra a la vista!

(TODOS) ¡Bien!

(Richter "Love and imagination")

Ilustrísima.

Bienvenido.

Bienvenido a bordo, ilustrísima.

Doctor Balmis.

Por orden del gobernador, Ramón Castro,

la corbeta María Pita y todos los hombres y niños

que en ella se hallaren a bordo

tendrán que abandonar nuestras aguas jurisdiccionales.

La población, yo incluido,

fuimos vacunados por nuestro médico militar,

afincado en San Juan hace años. Eso es imposible.

Con la temperatura y la humedad,

la vacuna no se mantiene activa entre cristales.

Es probable que su médico militar no esté informado, pero yo sí.

Dudo que esa vacuna de la que habla sea efectiva.

Tenemos la orden de vacunar dictada

por el mismísimo rey Carlos IV.

Muéstremela, si no tiene inconveniente,

y hablaré con el gobernador para que autorice su arribo a puerto.

Entiendo.

Pero... Señor obispo, su ilustrísima,

le pido, le suplico piedad,

aunque solo sea por los niños, por favor.

Permita a la tripulación que avitualle el barco para el viaje.

Es usted la que debiera haber mirado piadosamente por esos niños

no permitiendo que se embarcaran.

Mis hombres les traerán el avituallamiento necesario.

Y, después, saldrán de estas aguas.

Disculpe, letrado,

pero usted deberá proseguir hasta la Nueva España.

Su ilustrísima, mis órdenes eran ocuparme

de unas tierras para la Iglesia aquí, en San Juan.

Yo mismo lo he arreglado.

Es en la Nueva España donde la Iglesia debe extenderse.

Allí le esperan.

El avituallamiento está a bordo.

Al amanecer, partiremos de regreso a España.

¿Para qué hemos hecho todo este viaje entonces?

Los niños han sufrido en balde. Por favor, permítanos continuar.

No tenemos una orden que obligue a ninguna autoridad

a dejarle vacunar.

Esta expedición, según la orden, carece absolutamente de sentido.

-Permiso, capitán.

Disculpe, doctor.

Ha llegado algo a mis oídos y creo que deben saberlo.

He sonsacado información al guardia que traía los sacos de arroz.

Perdió a una hija de viruela días después de ser vacunada.

¿Qué tiene que decirme ahora, capitán? Vayamos a tierra.

Es que no podemos amparar a esa gente.

¿Cree que el virrey le permitirá vacunar allí sin una orden real?

Al amanecer, partiremos rumbo a España.

Pero, vamos a ver, ¿a cuánto estamos de España?

¿A cinco semanas, a seis? Le digo que no aguantamos.

¿Y a Cartagena de Indias?

Letrado, ¿no le esperan en la Nueva España?

Eso parece.

Pero en este barco solo soy un peón a las órdenes del capitán.

Si él decide volver a España, buscaré otra embarcación.

Esto nos abrirá las puertas ante el virrey en Cartagena de Indias.

Es un mensaje de su majestad la reina de España para el virrey.

Ella me lo hizo llegar a través del ministro Godoy

como prueba de que esta es la auténtica expedición real.

No se lo enseñé a Arizmendi porque no hubiera servido para nada.

Doña Isabel tiene razón.

Si emprendemos el regreso, moriremos todos en la travesía.

Contramaestre.

Señor.

Ponga rumbo a Cartagena de Indias.

(Richter "I will not forget you")

Me tocaba a mí.

(CHILLAN)

Me tocaba a mí.

-Una.

Te he dado. -Venga, vale.

(Música de intriga)

¡Socorro!

¡Socorro!

¡Isabel!

¿Le ha hecho daño? ¿Está bien?

No, estoy bien. ¡Moisés!

Hombre al agua, capitán.

Es el letrado.

Al mar vino a hacer daño

y el mar se lo tragó.

("The chambers of the heart")

Bajaré a tierra con Pastor

para pedir audiencia ante el virrey.

Mientras, el capitán reportará las bajas habidas en la travesía.

¿Y la de Jonás?

Claro, incluida la del letrado.

Ojalá se pudra en el fondo del mar.

Es que no quiero que ningún pez se indigeste. Eso es todo.

Vámonos.

(Boccherini "Pasacalle")

¡Ah, mi buen amigo Godoy!

Alabo la audacia con la que se mueve en la corte.

Señor, le agradezco la confianza que ha depositado en mi persona

por el simple hecho de mostrarle una joya de la reina.

Siendo su excelencia don Antonio José Amar y Borbón,

virrey de la Nueva Granada, podría haberme hecho apresar por ladrón.

Y, sin embargo, ha tenido la deferencia

de alojarnos en sus aposentos.

Doctor Balmis, carecerá usted

de orden real, pero hizo bien don Manuel Godoy

en mandarle con esta muestra que da buena fe su persona

y la expedición de salud que le ocupa.

(Risas)

Mira, querida.

Efectivamente.

Este broche es el regalo de boda que le hice a su majestad la reina.

Excelencia. (VIRREY) Bueno...

Te toca, querida.

Doctor, vacune a la virreina.

Excelencia, tengo interés en saber si un doctor llamado Ibáñez

ha pisado ya estas tierras.

Le envió el obispo de la corte española.

Si ese doctor es afín al obispo de la corte,

estará en la Nueva España.

¡Qué desgracia! ¿Qué ocurre?

Nuestro médico, Lorenzo Berllés, murió anoche de viruela.

Esa enfermedad se ha ensañado con nuestra capital.

Amigo Balmis, solicito de usted la mayor de las prudencias

si piensa llevar la expedición hasta la Nueva España.

Le necesito en Santa Fe de Bogotá.

¿Me está pidiendo que no vaya a la Nueva España?

Le estoy advirtiendo que aquí hace falta

y que viaja usted sin una orden real.

¿O acaso tiene más interés en alcanzar a ese médico, Ibáñez,

que en curar a la población?

Descuide, excelencia.

La expedición se dividirá mañana descendiendo por el río Magdalena

hasta Santa Fe de Bogotá y de allí hasta Quito.

Comience cuanto antes vacunando a la población.

(Richter "Action at a distance")

¡Yo soy el capitán!

Gracias por el vestido y por las joyas, excelencia.

Le quedan a usted muy bien.

(Max Richter "Recomposed")

Doña Isabel.

Creo que es usted la primera mujer

que ejerce oficialmente de enfermera.

Gracias por sus palabras,

pero creo que ese título debe otorgármelo el doctor Balmis.

¿No le parece?

No se pongan ustedes tan serios.

Fueron unos días muy largos y dificultosos hasta la tierra.

¿Bailamos? -Ajá.

Caballeros,

debo anunciarles que la viruela causa estragos

en Santa Fe de Bogotá

y el virrey solicita que, con urgencia, nos dirijamos allí.

Creo que debería ir usted, Salvany.

Mientras, Isabel, Francisco y yo

embarcaremos hacia la Nueva España.

Pero, doctor,

después de todo lo que han pasado los niños, otro trayecto así es...

Lo siento, pero no creo que puedan soportarlo.

Solicito que doña Isabel nos acompañe para ocuparse de ellos.

Tranquilo, no viajará con ningún niño.

Llegará en menos de una semana.

Portará en cristales la linfa del último vacunado.

Y allí proseguirá la cadena con otros niños.

Aun así, no creo que deba ir solo,

por si le ocurre cualquier cosa o...

El doctor Salvany ha sobrevivido a contiendas más difíciles.

Nosotros debemos entregar a los niños

al hospicio de la Nueva España.

¿O prefiere dejarlos solos

y viajar a Santa Fe con el doctor Salvany?

Doctor Salvany,

la expedición debe llegar a Santa Fe para detener tanta muerte.

Haré lo posible, señor.

Isabel, ¿no le gusta a usted bailar?

A mí sí, mucho.

(Richter "These I send to you")

Perdone, doctor, ¿está usted bien?

Disculpe, excelencia.

Doctor.

Espero que tenga un buen viaje y...

y que Dios le proteja.

Y...

Y quizá

volvamos a vernos

algún día.

(Richter "These I send to you")

Isabel.

Isabel, ¿está usted...?

Discúlpeme.

Discúlpeme. La imaginaba despierta y trabajando.

No sabía que... Perdóneme.

El virrey nos ha ofrecido toda la ayuda que necesitamos

para continuar la expedición a la Nueva España.

Es una gran noticia y quería compartirla con usted.

¿Dándome la espalda?

¿Le parece una bonita forma de compartir?

Soy un hombre de principios.

No me lo tenga en cuenta.

(Max Richter "Lost in space")

Podría decirse que este hospital ha sido mi casa

durante casi diez años.

¡Doctor Aguirre Llanes!

¡Qué alegría!

¡Doctor!

Doctor Cossío.

¡Doctor Echevarría, cuánto tiempo!

Doctor Galeano, ¿cómo está usted?

Mi ayudante, doña Isabel de Cendala, y yo mismo

les agradecemos su acogida.

Quietos ahí.

Señora.

¿Es usted doña Isabel de Cendala?

Sí, soy yo.

Vengo a llevarme a los niños al hospicio.

Pero ¿tiene que ser precisamente hoy?

Recibimos la orden desde el obispado.

A ver, alguacil.

Nuestra llegada es muy reciente y los niños están exhaustos.

Habiendo alojamiento en el hospital, podrían quedarse aquí.

¿Es mucho pedir?

El delegado del virrey me ordenó también

llevarlos al doctor Balmis y a usted hasta Puebla

porque se van a encontrar ahí.

Pero me voy a llevar a todos estos niños ahora mismo.

Un momento.

Este papel de aquí

da fe de que ese niño de ahí llamado Benito Vélez

fue adoptado por Isabel de Cendala, es decir, yo,

el pasado 3 de noviembre de 1803 en La Coruña.

Padre.

Si usted lo considera...

Pues se hace así nomás.

¿Quién es ese niño?

Neniños.

A ver... Eh...

Os tenéis que ir a otra casa

muy bonita y más grande.

Como...

Como si fuera vuestro nuevo castillo.

¿De acuerdo?

Así que no os preocupéis.

Volveré a por vosotros.

Toma.

¿Me das un abraciño?

¿Me dais un abraciño todos?

Vamos, niños, vamos.

Andando.

Vamos.

(Max Richter "Vergissmeinnicht")

¡Bienvenidos!

¡Bienvenidos a Puebla! ¡Bienvenidos!

Su reverencia. Deje, deje.

Señora mía, su nombre es reconocido en todos lados,

fruto de su valentía.

Muy amable, gracias.

Tengo dispuesto que extiendan en la plaza carpas

para vacunar debidamente a toda la población.

Muy bien. Mañana empezaremos sin falta.

Sean bienvenidos.

Gracias.

Isabel.

Disculpe mi atrevimiento, pero

hace tiempo que quiero decirle algo

que no me atrevo a verbalizar. Doctor.

Los niños no están bien.

¿Cómo? Antes de viajar hasta aquí,

su sobrino Francisco y yo

fuimos al hospicio en el que se alojan, en Ciudad de México.

¿Y lo han hecho sin mi consentimiento?

Les prometí un hospicio igual o mejor que el de La Coruña.

No cumplo con mi palabra si... ¡Por Dios! No es culpa suya

si el hospicio de aquí no es como esperaba.

No se mortifique, intentaremos arreglarlo.

Isabel,

nunca antes me había encontrado con una mujer como usted.

¿Y cómo soy yo?

Es usted admirable,

fuerte,

llena de... secretos

que me gustaría que alguna vez compartiera conmigo.

Pero, doctor,

¿usted no se embarca en breve en viaje hacia Asia?

Así es.

Con usted,

si quisiera hacerme

el honor de acompañarme.

¿Y...?

¿Y los niños?

(Rumor de conversaciones)

Doctor Balmis.

Por fin llegó. ¿Por fin?

Ibáñez, ha puesto en peligro la expedición

y todos nuestros años de trabajo.

¿Me creería si le dijera que no tenía escapatoria?

¿Me toma por idiota?

Me ofrecieron montar un hospital de enfermedades tropicales

a cambio de llegar antes que la expedición

y dejar que el virrey administrara la vacuna.

¿Qué encuentra de malo en ello?

Los que han pagado por ella son gente sobrada de riquezas.

Es usted un traidor.

Francamente, creí que se alegraría. ¿Que me alegraría?

Si pudiera, lo mataría aquí mismo

con mis propias manos. Doctor, por favor.

Isabel, le presento al doctor Vitoriano Ibáñez.

Su excelencia el virrey de la Nueva España,

José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui.

Aquí está la famosa expedición

de la vacuna.

Al fin.

Menos mal que su majestad Carlos IV tuvo a bien enviar al doctor Ibáñez

como avanzadilla de la tal expedición.

Esta política de intendencias, idea de mi buen amigo Godoy,

está generando más problemas que ayudas.

Excelencia, discúlpeme si no entiendo la relación que ve usted

entre la política de intendencias y la expedición de la vacuna.

Tenía usted razón, doctor Ibáñez. Este médico es un gran hombre.

Estará, entonces, de acuerdo conmigo, doctor...

Balmis. ...Balmis,

en que la mejor organización política

es la que depende del gobernante al que se le han otorgado los poderes

y que carece de sentido que se nombre a otra persona

para gobernar al gobernante.

Adonde quiero llegar, querido doctor,

es a que, si nos dejaran gobernarnos, otro gallo cantaría.

Por eso alabo la idea de que la expedición

delegue en el Gobierno de cada territorio

cómo ha de administrarse la vacuna.

Excelencia, tengo especial curiosidad

por saber cómo se ha llevado a cabo esa administración.

¿Ven? ¿Ven lo que les decía?

Desde España se mira con paternalismo

todo lo que hacemos aquí

aunque sea un español quien lo haga.

Caballeros, disculpen mis palabras si les ofenden,

pero ostento el cargo de director de la expedición

y tengo derecho a ser informado.

El Dr. Ibáñez ha conseguido frenar la viruela en las casas nobles.

¿Quiere usted vacunar a los indígenas?

Ahí los tiene, en la puerta de la catedral.

Vacune, doctor, vacune.

Doña Isabel de Cendala y yo mismo hemos empezado a hacerlo

en la Ciudad de México con la vacuna verdadera.

Quiero advertir a todos los presentes

que han sido inoculados con una vacuna que no tiene efecto,

una vacuna que se estropea.

Es un engaño. ¡Deje de calumniarme!

No voy a tolerar más insultos. Perdonen mi intromisión.

Me gustaría hacerle una pregunta al doctor Ibáñez si puede ser.

¿Cómo es posible que la gente inoculada

por la vacuna que se guarda en cristales

vuelva a contraer la enfermedad?

Señor, ¿me permite?

¡Tiene la viruela!

¡Ibáñez, ha ido usted por ahí vendiendo la falsa vacuna!

¡Es usted un estafador!

Yo no he vendido nada.

Ha sido el virrey quien ha decidido

dónde, cómo y a quiénes vender la vacuna.

¡Ya está bien!

¿Pretende seguir ejerciendo una profesión

a la que ha faltado en lo más sagrado de su código ético?

Guardias, apresen a este hombre.

¡No puede hacer eso! ¡Yo solo he cumplido su voluntad!

¡Por favor, doctor! ¡Suélteme!

¡Doctor, ayúdeme!

¡Llévense al doctor Ibáñez!

¡Doctor, por favor!

¡Por favor!

¡Doctor!

¡Por favor, ayúdeme, doctor!

Exijo una explicación.

Excelencia, y yo exigiría que toda la población,

sin distinción de clase social, fuera vacunada de nuevo

y gratuitamente si no quieren verse como este hombre.

¡Oh! Está bien.

Mañana mismo la población empezará a ser vacunada.

Y los gastos correrán a cargo del Estado.

Las órdenes de su majestad Carlos IV son llegar a Asia.

Y este virreinato debe sufragar la continuidad de la expedición.

¿Qué órdenes?

¿Quién me está dando a mí esa orden?

¿Usted?

¿Un cirujano?

Ya han traído con ustedes la que llaman vacuna verdadera.

¿No es así?

Estupendo.

Al amanecer, regresarán a España.

(Pasos acercándose)

Su excelencia. ¿Qué ocurre ahora?

Vengo desde Cartagena de Indias.

Emprendí viaje en cuanto se recibió este correo.

(LEE) Por la presente orden real, firmada de puño y letra

por su católica majestad el rey Carlos IV y en su nombre,

exhorto a su excelencia el virrey de la Nueva España

a sufragar la Real Expedición de la Vacuna

hacia los territorios de la corona española en Asia.

Te dije que volvería a por ti costara lo que costara.

Doctor, espero que la campaña de Asia ofrezca menos complicaciones.

Allí las complicaciones serán otras.

Muchas gracias por todo, Salvany.

Que Dios le bendiga, doctor.

Es usted un hombre ejemplar.

Y...

Y espero que sepa

entender mi decisión.

Cuídese mucho, Isabel.

Ha sido un inmenso honor haberla conocido.

Adiós, doctor.

Cochero, adelante.

Isabel.

Señor Salvany, ¿se quedará con nosotros?

Isabel, yo debo partir hacia Quito.

Hay que seguir con la expedición por aquellas tierras y nos llevará

meses, años quizá.

Pero esperaba que tú vinieras conmigo.

(Max Richter "Recomposed")

¡Yo soy el capitán!

¡Yo soy el capitán!

¡Yo soy el capitán!

¡Ya vienen!

¡Ya vienen!

¡Ya vienen!

(RÍE)

Vamos a ver vuestra nueva casa. Sí.

¿Sí? Sí.

Sí. Vamos.

Vamos dentro, vamos dentro, vamos.

Cine en TVE - 22 Ángeles - ver ahora

De todo ello dejó constancia escrita en su diario el director de la expedición, Francisco Xavier Balmis: "Con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades".

El nombre de esta enfermera se ha recuperado ahora tras darse a conocer una nueva operación sanitaria, llevada a cabo por el ejército, que llevaría su nombre: Operación Zendal. Un total de 750 militares están ya listos para salir a recorrer toda España tomando muestras a domicilio con los test del coronavirus. Fuentes de Defensa matizan, sin embargo, que la intervención del Ejército solo se producirá si la reclama Sanidad, desde donde también se estudian otros escenarios.

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