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Lucio Dalla, morir con las botas puestas

  • El cantautor italiano Lucio Dalla muere en Suiza a los 68 años debido a un infarto
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Este domingo habría cumplido 69 años, pero un infarto se lo ha llevado de manera súbita. Lucio Dalla estaba en plena gira por Suiza, pues sostenía que tenía que divertirse siempre y que era encima de un escenario cantando sus canciones una de las mejores maneras de lograrlo.

Había nacido en la bella ciudad de Bolonia, aunque vivía en el sur de Italia. Amado en su propio país; fuera de sus fronteras era un personaje de culto, casi para iniciados, y eso que en toda Europa se conocían mucho sus canciones, seguramente sin saber que él era su autor. El caso más paradigmático era “Caruso”, que se popularizó en la voz del genial tenor compatriota suyo también fallecido, Luciano Pavarotti.

La leyenda

Sin querer él, alimentó muchas leyendas urbanas: que era amigo de Berlusconi, o miembro del Opus Dei a pesar de que manifestara muchas veces de forma inequívoca que cuando se acercaba a las urnas en días de elecciones, siempre echaba su voto a opciones de izquierda, aun reconociendo que la izquierda italiana había perdido mucho en las tres o cuatro últimas décadas. 

Admitía divertido lo de Berlusconi, siempre diciendo “soy su amigo, pero no le voto”. Y lo del Opus, que no era verdad, se lo achacó a un periodista que tomó la vía del medio cuando le dijo que sí que veía bien, como creyente en Dios, aunque a su manera, que se pudiera “santificar una vida entregada al trabajo”.

Un gran compositor

Apreciaciones y suposiciones aparte, y a ese halo romántico y aventurero que se le atribuía por vivir temporadas en un barco donde tenía su propio estudio de grabación, lo cierto es que Lucio Dalla es (presente, a pesar de que ya no esté entre los vivos) uno de los artistas y compositores más grandes que ha dado Italia.

Era un cantautor atípico. Conseguía melodías muy pegadizas y fáciles con letras a veces crípticas y otras simplonas, también de compromiso y crítica social, y nunca exentas de cierta ironía. Pero también resultaba trasgresor, o era eso lo que le hacía trasgresor: la simpleza, su cercanía popular, y la erudición del arreglo musical o el giro literario.

Su obra en España

La rama italiana de su compañía discográfica, la multinacional RCA, hoy aglutinada en Sony, quiso trasladar el éxito de su país a España, no en vano, durante finales de los setenta y primeros ochenta triunfaban por estos pagos otros cantantes italianos que de alguna manera eran deudores de su forma de cantar e interpretar. Nunca se consiguió del todo, aunque ya a finales de los ochenta hubo un intento que casi lo logra. Fue cuando Dalla se unió a Gianni Morandi, otro cantante italiano que en España había triunfado en los sesenta.

El disco del dúo Dalla/Morandi, que alcanzó ventas de record en su país y toda Europa, fue adaptado al castellano con la ayuda del cantautor asturiano Víctor Manuel, un fan incondicional suyo. Hubo gira de los italianos por España, pero ni la versión italiana ni castellana del disco logró acercarse a lo que entonces se consideraba éxito. Sin embargo, como siempre pasa, las críticas de los conciertos y del disco fueron excelentes.

Volvió hace cuatro años a actuar en España, dejando un recuerdo imborrable de su paso por el madrileño Cuartel Conde Duque dentro de la programación de Los Veranos de la Villa. Nunca mostró preocupación por no haber trasladado su éxito a España, a pesar de que siempre se sintió muy afín a la cultura española. Admiraba a Almodóvar, Sabina le cedió el lugar principal en un concierto doble entre ambos en el Palacio de los Deportes de Madrid, y mantenía amistad con Víctor Manuel, Aute, Patxi Andión (estupenda versión la suya de “L'anno che Verrà, en castellano como “El año que vendrá”) y otros artistas de su generación.

También fue actor y dirigió teatro, además de ser un virtuoso clarinetista y amar el mar sobre todas las cosas. Casi un hombre del renacimiento que disfrutaba cambiando de registro artístico y creativo, pues como solía repetir que cambiar y hacer cosas diferentes, era, junto con lo de actuar, lo único que ya, bien sesentón, le divertía. Puede decirse, por tanto, que ha muerto haciendo lo que le gustaba. Estaba en mitad de una gira.

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