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Bloqueo y angustia: cómo me inmovilizó la violencia contra la comunidad LGTBIQ+

GEN PLAYZ  

  • "Logré ir a la manifestación contra la LGTBIfobia, pero me sentí un cobarde"
  • Por su situación emocional, personas del colectivo son incapaces de reivindicar sus derechos
  • No hay necesidad de martirizarse por ello: "El colectivo luchará por vosotros hasta que estéis preparados para uniros"

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Joven en la manifestación en recuerdo de Samuel Luiz y contra la LGTBIfobia
Joven en la manifestación en recuerdo de Samuel Luiz y contra la LGTBIfobia EFE

Durante las últimas semanas, en pleno mes del Orgullo LGTBIQ+, las denuncias de agresiones a personas del colectivo han aumentado exponencialmente. En Barcelona, el 24 de junio una pareja fue atacada en el barrio de Gràcia y el 26 de julio un hombre de 52 años fue asaltado en manada en el Parc Güell. En León un joven de 30 recibió un empujón y en Salamanca un chico que llevaba la bandera arcoíris fue golpeado y humillado ante un agresor que se bajó los pantalones tras volver del acto del Orgullo. En Valencia dos jóvenes fueron asaltados por un grupo tras ser inicialmente vejados por uno de los ofensores y en Madrid, el autor Javier Ruescas narra en Instagram que su pareja Andrew Klein recibió un guantazo por parte de un agente de la policía municipal. Y en Coruña, Samuel Luiz recibió una paliza mortal mientras sus agresores le gritaban "maricón", justo una semana depués de que una pareja fuera apaleada en esta misma ciudad con una porra extensible

Estas noticias, a través de diversos formatos como artículos, publicaciones, stories, tuits, y vídeos, se han viralizado por la red. Su difusión permitió su visualización en cualquier pantalla de cualquier dispositivo electrónico, reclamando el interés de sus usuarios y generando una ecología de la atención. Este concepto desarrollado por el profesor Yves Citton en su obra La Ecología de la Atención, afirma que un sujeto presta atención a aquello a lo que otros sujetos están prestando atención. Sin embargo, en el contexto digital esta atención se transforma, y lo que en un principio parece una norma de interacción social deviene en un sistema algorítmico cuyo pretexto reside en la prestidigitación de los elementos de participación y compartición como equivalente a un compromiso real. Esto quiere decir que, la difusión de un mensaje en grupo oralmente equivaldría a un retuit en una red social en la que, en vez de oyentes, tenemos seguidores. La diferencia en este caso se encuentra en la presencia del algoritmo. Este, tras un análisis de nuestros perfiles, crea un sistema de recomendación particular. En este caso, favorecería la difusión de las noticias sobre agresiones homófobas.

"Yo mismo narré la agresión homófoba que sufrí a los 18 años"

Durante esta semana ha sido imposible no prestar atención a publicaciones que denunciaban las agresiones homófobas y pedían la necesidad de crear una movilización. Las personas LGTBIQ+ hemos estado activas en redes sociales para que este mensaje llegase a la mayor cantidad de usuarios posibles. Este ciberactivismo ha logrado que el pasado lunes 5 de julio hubiese 21 concentraciones por toda España en rechazo a la mortal paliza de Samuel. Incluso, varios usuarios LGTBIQ+ se animaron a compartir en sus redes sociales las agresiones LGTBIQfóbicas que han sufrido. Como ejemplo, yo narré en un hilo de Twitter una agresión homófoba que sufrí cuando tenía 18 años.

Las redes sociales persuaden nuestros pensamientos debido a la presuposición de que tenemos la obligación de compartir nuestras inclinaciones públicamente en el instante. Si un usuario pone atención sobre un elemento y genera una discusión sobre ello, yo pongo atención a ese mismo elemento, aportando mi opinión. Particularmente, al ver que otros individuos compartían posts sobre la manifestación y sus agresiones, sentí el deber de replicarlo. Este acto no me supuso ningún tipo de presión y sentí que, como miembro de la comunidad LGTBIQ+, mi misión era difundir el mensaje. Sin embargo, puede ocurrir que haya usuarios pertenecientes al colectivo que tanto por su situación social, como por emocional y mental, sean incapaces de compartir sus historias y reivindicar sus derechos.

"Tuve que dejar de mirar las redes sociales tras leer tantas situaciones agresivas a gente de mi comunidad"

Estas personas pueden verse afectadas ante tanta violencia hacia su existencia, que su sensibilidad o salud mental las inhabilite. El domingo tuve que dejar de mirar las redes sociales y buscar el consuelo de mi pareja tras leer las diversas situaciones agresivas que gente de mi comunidad había sufrido, la incapacidad de los medios de posicionarse en contra de la homofobia y el rechazo ante nuestra causa de ciertos partidos políticos y cuerpos del estado. Es un consuelo que también he buscado en mi psicólogo, en mis amistades y mi comunidad.

La situación de estos individuos LGTBIQ+ vulnerables también dificulta su presencia en movilizaciones en espacios físicos como concentraciones o manifestaciones. Una de las razones principales es porque pueden llegar a sentirse asustados por las posibles agresiones policiales, sobre todo aquellas personas inmigrantes sin papeles que pueden ser severamente increpadas en caso de detención. También pueden sentir ansiedad por encontrarse en aglomeraciones o puede que no tengan amigos con los que poder asistir. Otra causa posible ser la desilusión por el sistema y la ignorancia institucional que genera desesperanza ante la efectividad de la protesta.

"Logré ir a la manifestación contra la LGTBIfobia, pero evité saludos y miradas, me sentí un cobarde"

Presentando alguna de estas ansiedades, logré asistir a la manifestación en repulsa a la mortal paliza de Samuel. Estuve presente una hora. Debido a la tristeza que sentía ante el motivo de la reunión, se me hizo cuesta arriba movilizarme a otras calles y decidí abandonar la concentración. Era tal sentimiento de pesadumbre que sentía que fui incapaz de relacionarme correctamente con amigos y conocidos. Evité saludos y miradas. Marché cabizbajo a tomar el aire. Sentí rabia de la imposibilidad de disfrutar de la colectividad de esta experiencia de ser LGTBIQ+ y luchar conjuntamente por tus derechos. Fui incapaz de despejar ese sentimiento y me tuve que marchar a casa. Mi madre me notó desanimado, pero no quise decir nada.

Por mi cabeza aparecieron pensamientos que me hicieron sentir desmerecedor de la lucha de mis derechos. Sentí frustración al ver que era incapaz de ayudar a mi comunidad en la búsqueda de un nuevo sistema que nos respete. Me bauticé como cobarde por tener más miedos que aquellos pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ que se encuentran en situaciones menos privilegiadas que yo. Pensé en no salir a la calle. Pensé en ejercitarme, muscularme y apuntarme a clases de defensa personal.

"El colectivo luchará por vosotros hasta que estéis preparados para uniros"

Sorprendentemente, lo que en un principio me generó angustia, me ayudó a enfrentarme a esos pensamientos tan negativos. Leer comentarios y puntualizaciones en redes sociales sobre miembros de tu propia comunidad que empatizaban con tus emociones y dilemas provocó que cambiase de gafas y escribiese este artículo. Que mis inseguridades y mi complejo emocional obstaculicen la reivindicación de mis derechos no significa que sea menos válido. Realicé un esfuerzo y por muy poco que fuese, estuve presente. La próxima vez, espero que mi estado de ánimo mejore y facilite mi aportación a la causa. Quizás mi situación no sea la misma que la de otros miembros LGTBIQ+. Empero, es necesario haceros saber que no hay necesidad de martirizarse. Participáis en un colectivo que os apoya, que os entiende y que luchará por vosotros hasta que estéis preparados para uniros. Mientras tanto cuidaos, buscad apoyo y no dudéis de vuestra identidad. Vuestra comunidad siempre estará ahí para comprender vuestra situación, respaldaros y ayudaros si es necesario.

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Pablo García (Madrid, 1998) es un filólogo inglés estudiante del máster en Industria Musical y Estudios Sonoros de la UC3M. Actualmente colabora en el medio online musical dod Magazine y trabaja en el sello discográfico Lago/Cráter.