Gonzalo Suárez, el "rey exiliado" del cine español, en cinco películas
- Su cine tuvo un marcado carácter literario y experimental
- Firmó clásicos como Epílogo, Remando al viento o Parranda
Fue uno de los grandes -¿o el mayor?- exponente de una generación de directores cortados por otro patrón: ligados a la literatura y la intelectualidad. Ya no hay casi perfiles como el de Gonzalo Suárez, fallecido este martes 29 de septiembre a los 92 años, sencillamente porque reducir a ‘cineasta’ su identidad no era suficiente. En el principio fue la literatura, luego los intentos de adaptar su literatura al cine y, finalmente, un compromiso de conjugarlo todo.
Fernando Trueba dijo de Suárez que “no conocía a nadie más parecido a un exiliado, ni siquiera un exiliado” y tampoco “nadie más parecido a un rey”. Suárez fue tan original que parecía querer escapar de sí mismo cada vez: incluso sus memorias -El hombre que soñaba demasiado- tienen un carácter experimental.
Fue un autor total, pero de los que no se dan ninguna importancia: basta recordar su hilarante papel-cameo de novelista frustrado en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, de Pedro Almodóvar. Siempre lúcido -como este mismo año al recoger el Goya de Honor- definió hace trece años su vida y carrera en otro homenaje: “Me propuse cambiar el cine, y lo que conseguí es cambiar yo mismo”.
Aoom (1973)
Aoom es hija de su tiempo -los experimentales finales de los 60 y comienzo de los 70- pero también una rareza única incluso para los estándares de Gonzalo Suárez. Una fantasía sobre mentes que abandonan cuerpos que explora la idea de identidad y que contaba en el reparto con Lex Barker, el Tarzán de los años 50.
Pese a su carácter anticomercial, logró estrenarla en el Festival de San Sebastián e incluso que su admirado Sam Peckinpah la viese: al director de Grupo Salvaje le sedujo tanto la película y su creador que acabaron siendo amigos y viajando a Asturias. No pudo estrenarla en cines y puede decirse que es su gran película de culto.
Parranda (1977)
La carrera de Suárez ganó peso a mediados de los 70 con personales adaptaciones de grandes de la literatura. Tras La regenta (1975) y Beatriz (1976) firmó Parranda (1977), todo un robo autonómico en la que trasladaba el clásico de la literatura gallega de Eduardo Blanco Amor a su Asturias natal y en la que contaba con un reparto histórico: José Sacristán, José Luis Gómez, Antonio Ferrandis, Fernando Fernán-Gómez y Charo López para dar vida a la juerga sin control de un grupo de amigos que deja un rastro de destrucción absurdo, pero inevitable.
Blanco Amor participó en el guion -lamentando no poder hacerla en gallego-, aunque acabó por comprender que una personalidad tan fuerte como la de Suárez no puede no dejar huella: "Parranda responde en realidad al confrontamiento de dos guiones, uno mío y otro del director. Son dos visiones distintas y una tercera realidad, que es la película misma, que es tanto más película cuanto más deja de ser novela".
Julio Cortázar, admirador de Suárez, alabó así la película: "Parranda parte de un tema que podría bordear el más truculento melodrama y que, en sus manos, vira a un tiempo para precipitar al espectador en una atmósfera de alucinación onírica, de enorme farsa fantástica que aumentará todavía más el impacto del regreso a la realidad".
Epílogo (1984)
Recuperando sus personajes literarios Rocabruno y Ditirambo (que también había filmado en los años 60) es la cumbre de sus juegos metacinematográficos y metaliterarios. Dos novelistas (José Sacristán y Francisco Rabal), antiguos amigos que firmaban juntos sus novelas, se reencuentran para un último libro y combatir por una mujer (Charo López), en un juego siempre al límite de la verosimilitud.
Remando al viento (1987)
Tal vez su película más aclamada y famosa, pero también completamente personal. Con un guion original abordó la recreación de la celebérrima estancia del grupo de jóvenes literatos románticos, entre los que se encontraba Mary Shelley, Lord Byron, Percy Shelley o John William Polidori, en la Villa Diodati del lago Ginebra en 1816 -el llamado "año sin verano"- del que nació Frankenstein.
La pictórica y onírica fotografía de su hermano Carlos Suárez enmarca lo que acaba resultando una reflexión sobre la creación y que supuso uno de los primeros papeles protagonistas de Hugh Grant y el Goya al mejor director para Suárez.
El portero (2000)
Tras llevarse a su territorio -es decir, el surrealismo, el thriller oscuro, la metanarración y Asturias- incluso a Hans Christian Andersen, cuyo relato Historia de una madre es el origen de El detective y la muerte (1994), su última gran película la filmó en el cambio de siglo basándose en un relato de Manuel Hidalgo.
Western futbolero (otra pasión de Suárez) ambientado en la posguerra asturiana, un exportero de primera división (Carmelo Gómez) que desafía a lugareños a marcarle penaltis, se involucra con uno de los náufragos de la guerra en una trama de opresores y víctimas.