Enlaces accesibilidad

Muere el cineasta y escritor Gonzalo Suárez a los 92 años

  • Director de películas como Epílogo, Aoom o Remando al viento, recibió el Goya de Honor 2026
  • El escritor, guionista y tantas cosas más ha sido una de las figuras más inclasificables de la cultura española
Muere el cineasta Gonzalo Suárez a los 92 años
Javier Villuendas
Javier Villuendas

El prestigioso cineasta Gonzalo Suárez ha muerto a los 92 años, según ha confirmado la Academia de Cine. Director de películas como Epílogo, Aoom u Oviedo Express, recibió el Goya de Honor 2026 en reconocimiento a una trayectoria desarrollada al margen de las convenciones del cine y también de la literatura, donde se prodigó profundamente.

El también guionista, escritor, dibujante, deportista, periodista deportivo, actor... llegó a ser ojeador para el Inter de Milán de Helenio Herrera. Imaginen qué vida. Y siempre bien (re)conocido por su acerado humor, que incluso le acompañó en su relación con los premios. Al recoger el Goya a Mejor Dirección por Remando al viento, en 1990, resumió su discurso en una frase: "Por fin tengo un pisapapeles". De los que se suele decir lo de "genio y figura hasta...".

"El cine es el último reducto para soñar despierto"

Nacido en Oviedo en 1934, Suárez pasó su infancia en Madrid, donde recaló su padre, un catedrático de francés rebelde, y estudió Filosofía y Letras y posteriormente se le vinculó a la Escuela de Barcelona, ciudad en donde se instaló con su mujer Hélène Girard. Sobre ella, dejó dicho en la última ceremonia de los Goya que en la Ciudad Condal se dio la "circunstancia" de publicar sus "primeros libros", "rodar películas" y "tener cuatro hijos". Y también es célebre su trabajo como periodista deportivo bajo el seudónimo de Martín Girard, en periódicos como El País. Su trayectoria literaria comenzó en los 60 y abarcó títulos como Trece veces trece, Gorila en Hollywood, Ciudadano Sade o El hombre que soñaba demasiado.

En paralelo a su insólita y libérrima obra literaria desarrolló también una insólita y libérrima carrera cinematográfica, donde probablemente alcanzó sus mayores cotas de reconocimiento en una trayectoria en la que recibió el Premio Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y el Premio Luis Buñuel, además de las distinciones de Caballero de las Artes y las Letras de Francia y de la Orden de Alfonso X el Sabio.

Cuando recibió este año el Goya de Honor tras seis décadas en el oficio, en el que ha sido de todo, incluso productor, Suárez realizó un alegato en favor del cine, un género que ha sobrevivido "a las redes y a las cavernas" y consideró que las películas son el "último reducto para soñar despierto". Aunque, con ironía, aseguró que "Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad".

En el acto en la Academia de Cine con Aitana Sánchez Gijón previo a la entrega, y donde se le pudo ver en buen estado de salud aparentemente y con su proverbial frescura mental, se elogió su "inteligencia irónica", su "marginalidad deliberada" y su obra "resbaladiza y casi inasible que dibuja en el panorama español algo análogo a lo que pudo dibujar en Francia Boris Vian".

"¿Escritor que hace cine?"

En este sentido, el que fuera su amigo Julio Cortázar le definió así: "Suárez transita desde hace años por los registros más variados de la vida intelectual española, pero esa actitud tránsfuga y casi de fantasma inquieto incluso enoja a los críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas. ¿Escritor que hace cine? ¿Cineasta que regresa a la literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos".

Una de sus grandes frustraciones cinematográficas fue el King Kong, una película que quiso hacer junto a Sam Peckinpah y Ray Bradbury. Suárez llegó a proponer que el gorila fuera albino, inspirado en Copito de Nieve, una idea que entusiasmó a Bradbury, pero el proyecto nunca salió adelante. "Me hubiera encantado formar parte de ese trío haciendo King Kong. Y además al...vino. Con uve".

El cineasta ovetense dejó de rodar en los últimos veinte años de su vida sin un motivo aparente y, si regresaba, decía que lo haría para adentrarse en lo desconocido. Con todo, en sus últimos años le hubiera gustado hacerlo y seguía pensando el cine como una forma de enfrentarse al tiempo y a la muerte. En aquella cita previa al Goya de Honor, recordó su Don Juan en los infiernos y rescató la frase: "Tengo fe en que la muerte sea mujer", aunque, con su humor intacto, proponía cambiarla por otra: "Tengo fe en que la muerte sea una película más".