Los niños saharuis dicen adiós a sus vacaciones de paz en Toledo
- 72 menores de entre 8 y 10 años se despiden de sus familias de acogida en la provincia de Toledo
- Han pasado 2 meses del verano en España gracias al programa anual 'Vacaciones en Paz'
Mansura, Chifra, Galia, Hamadi, Bela... son algunos de los nombres propios de los 72 niños que han pasado el verano en la provincia de Toledo gracias al programa 'Vacaciones en Paz' coordinado, entre otras, por la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui (AAPS) de Toledo. 25 de ellos se despidieron el viernes pasado de sus familias de acogida en un acto que tuvo lugar en la Biblioteca de Castilla-La Mancha de la capital regional, donde los niños pudieron disfrutar de un cuentacuentos y un taller de dibujo organizado por Trastadas, de la narradora infantil Patricia Castillo.
"Los padres y las madres de la mayoría de ellos en su momento participaron en el programa", revela la presidenta de la asociación, Ana Garrido, "como empezó a funcionar en 1979 ya llevamos hasta 3 generaciones de menores participantes". La colaboración entre familias voluntarias españolas y saharauis se inició 4 años después de la Marcha Verde, un movimiento orquestado por el entonces rey de Marruecos, Hassan II, con el que el país vecino consiguió anexionarse parte del territorio del Sahara Occidental (la otra parte cayó bajo soberanía de Mauritania). "No hay que obviar que durante casi 100 años el Sahara Occidental fue una colonia española, llegando a ser la provincia número 53 del Estado", asegura Ana. "La sociedad española no sé si es la más solidaria, pero sí la más numerosa en la causa por el Sahara Occidental".
“La sociedad española es la más numerosa en la causa por el Sahara Occidental“
La voluntad del programa 'Vacaciones en Paz' es seguir fortaleciendo esos vínculos entre las familias, para que la relación con el ex protectorado español no se pierda en la memoria colectiva. Algo que, desafortunadamente, ha sido erosionado por el reconocimiento por parte del Gobierno español de la autonomía de Marruecos sobre el Sahara, algo que supuso en 2022 un giro histórico en la política exterior nacional sobre la cuestión y la causa saharaui. "Desde entonces las administraciones nos dan muy poquito. Es una lástima, cada vez menos", nos reconoce pesaroso otro miembro de la AAPS, Félix Romero. Las aportaciones de las instituciones no llegan para sufragar los gastos del viaje de los niños. La asociación tiene que desarrollar diferentes actividades al cabo del año para financiar, al menos, los billetes de avión de los menores. Una vez con la familia de acogida, corre a cargo de esta su mantenimiento durante los dos meses que dura el programa.
Saharauis, sí, pero ante todo niños y niñas
Cuesta organizar un poco la sesión en el gallinero que se monta en el aula de la Biblioteca del Alcázar de Toledo. Los niños, aunque sentados, no paran de hablar a voces y de hacer bromas. Algunos ríen a carcajadas, dan la vuelta a las sillas y, cuando les piden que guarden silencio, contestan algo en su lengua levantando las risas complices de sus compañeros. Niños y niñas, al fin y al cabo... Eso sí, resulta muy llamativo ver a los chicos por un lado y a las chicas por otro. "Llevamos tiempo peleando para que se mezclen... pero nada, hijo, ¡que no hay manera!", apunta Ana.
“En el Sahara no hay montañas ni árboles, solo piedra y tierra“
Se portan bien durante los 30 minutos que dura el cuentacuentos. Algunos escuchan atónitos la narración de Patricia hasta que comienza el taller creativo. Tienen que recortar una cámara de fotos y dibujar, en 3 negativos de papel, los 3 momentos favoritos de sus vacaciones en España. "Yo voy a dibujar la playa de Santa Pola", nos dice Galia. "Yo un unicornio", nos cuenta Hamadi. "¿El típico unicornio español?", le preguntamos. "¡Sí, sí!", nos asegura, a lo que nosotros le decimos que los unicornios españoles tienen dos cuernos y los llamamos toros, lo que desata las risas entre sus amigos. "Yo voy a dibujar las flores, las mariposas, los columpios... pero también los árboles y las montañas", revela Mansura. "En el Sahara no hay montañas ni árboles, solo piedra y tierra".
"Les llaman muchísimo la atención los fuegos artificiales de las fiestas de los pueblos y, sobre todo, las piscinas", continúa explicándonos Ana. "Ver de repente esa gran cantidad de agua acumulada... y más viniendo de un desierto, el de la Hamada, que está considerado el desierto más inóspito del mundo y donde, entre otras cosas, escasea el agua". Es donde se ubican los 5 campamentos de refugiados saharauis de Argelia, en un territorio de unos 6.000 km2 cercano a la ciudad de Tinduf, en el suroeste del país. "Es una auténtica tierra de nadie. Allí no hay seguridad, ¡no hay nada!", nos asegura Félix. "Durante la noche se han llegado a producir actos de sabotaje. Agentes marroquíes han llegado, incluso, a envenenar los depositos de agua".
La gran familia española de los padres de acogida
"El primer año fue bastante duro. Son culturas muy diferentes y no es fácil establecer relación con el niño", nos cuenta Carlos Pedrosa, padre de acogida que vive durante el verano con Hamadi Mustafa (tocayo del del unicornio) en la localidad toledana de Illescas. "El niño lo pasó muy mal (yo también), lloraba mucho. Pero el segundo año ha habido mucha más conexión, el niño ha colaborado bastante más y estoy contento". La situación se complica más para Carlos al pertenecer a una unidad familiar monoparental: no tiene hijos y vive solo. Es un detalle importante, porque el programa no es solo para familias convencionales: cualquier núcleo de convivencia se puede adscribir al programa.
"¿Por qué te ofreciste a volver a darle acogida, después de la mala experiencia del primer año?", le preguntamos a Carlos. "¡Yo soy muy cabezón! Soy asturiano del norte y soy muy cabezón", su observación hace que nos tomemos una pausa para reírnos. "Estas cosas suelen salir mal al principio y hay que seguir insistiendo. Merece la pena seguir intentándolo". Aunque siga pareciendo cabizbajo, hoy Hamadi ha disfrutado de sus segundas vacaciones en paz. Se divierte y ríe con sus compañeros saharauis, grita como el que más cuando suben los decibelios en la sala. Puede que un día sea él quien anime a sus hijos a unirse al programa.
“Siempre he entendido muy bien el contexto, pero de pequeña es inevitable que surjan celos“
En la sala no solo hay niños y niñas saharauis con padres y madres españolas. Algunos de los nacionales reunidos no pueden, por su edad, hacerse cargo de la tutela de otro menor. Son los llamados hermanos y hermanas de acogida. Gente como Miriam Guerrero (cuya aptitud convierte su apellido en todo un aptónimo), que lleva compartiendo su hogar con los menores africanos desde los 12 años de edad. "Mis padres siempre nos han explicado por qué venían, yo siempre he entendido muy bien el contexto en el que todo esto se desarrollaba". Aunque nos reconoce: "De pequeña siempre surgen celos, esa necesidad de atención de tus padres. Ves que hay un componente nuevo dentro de la ecuación y te descoloca".
Miriam tiene 18 años actualmente y, aunque le da mucha vergüenza hablar de ello, cuando tenía solo 15, en 2023, fue premiada en la EUCOCO (la Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui) por ser la voluntaria más joven de todo el evento. Se trata de la cita anual más importante del movimiento internacional de solidaridad con el Sahara Occidental y Toledo fue su sede ese año. "Ana contó conmigo para la organización, estuvimos colocando las acreditaciones a los visitantes. En un primer momento iba a dar el discurso de cierre del evento, pero como era menor no quisieron involucrarme políticamente". A pesar de que no tuvo participación institucional, los políticos argelinos decidieron darle el reconocimiento en esa edición.
Una última comida para decir adiós
Aunque los niños cogen el avión la madrugada entre el lunes 7 y el martes 8 de septiembre, es la última ocasión en la que se van a reunir todos: menores saharauis y sus familias de acogida. La cita tiene lugar en un popular restaurante toledano y a comer sí que asisten todos los padres españoles (algunos han terminado de trabajar a esa hora). También acudimos nosotros. Es el mejor ambiente para disfrutar de las anécdotas del verano sin tapujos: sin la esponja del micrófono o el filtro de la camara.
"El cerdo ni lo tocan durante la estancia, pero yo con este fui a una boda el otro día y el jamón 5 jotas... ¡No veas cómo le gustó!", nos revela uno de los padres presentes. "Nosotros no les prohibimos nada, si quieren comer que coman, aunque generalmente los tienen bien instruidos y no se saltan sus normas". Cerca de nosotros, en el sector de los 'mayores', hay dos niños sentados juntos, separados del resto. "A estos los hemos tenido que sacar porque la estaban liando. El año pasado no paraban de levantarse y esto fue un sindiós". En fin, niños haciendo cosas de niños.
"Yo el otro día regañé a los míos porque no me hacían caso y me dijero: papa, mejor péganos, no te enfades con nosotros; porque cuando te enfadas con nosotros pensamos que no nos quieres y eso nos duele más", confiesa Alberto, que además de padre colabora como médico para la asociación. Esto evidencia que la disciplina que se aplica por las familias saharauis implica aún (como en el mundo árabe, en general) el castigo físico. "No veas qué respeto tienen por el padre y por la madre. Pero, más aun... ¡por el abuelo! Es increíble".
“Alucinan cuando les dices que el Sahara no es un país o que su Īsā es nuestro Jesús“
Alberto hace las veces de tutor de los niños. Sorprende la cantidad de cosas que les enseña y que ellos, con entre 8 y 10 años, todavía no conocen. "Ellos alucinan cuando les dices que el Sahara no es un país, que es un desierto, y que ellos viven en una parte muy pequeña de otro país que se llama Argelia. ¡Flipan en colores!". Los menores no saben ni siquiera situar los campamentos de refugiados en un mapa, a pesar de hablar a la perfección su lengua y el castellano y de recitar de memoria versículos del Corán. "No veas cómo se ponen cuando les explico que su Īsā es en realidad nuestro Jesús cristiano y que Mūsā es Moises. ¡Y lo mejor es cómo se ponen cuando les explico que los dos son judios! No se lo pueden creer...".
Terminando el ágape recolectamos las últimas conclusiones de la jornada. "Algunos nos dicen que de qué sirven que vengan a pasar 2 meses a España, si luego se van a pasar 10 en ese desierto, con escasez de comida, poca agua potable y condiciones tremendas". UNICEF señala que en los campamentos funciona un sistema educativo comunitario organizado por los propios refugiados, con educación infantil, primaria y secundaria en árabe. También existe la educación religiosa dentro de la comunidad saharaui. Para los que desean disfrutar del programa de las AAPS, la franja de edad normalmente son entre los 8 y 10 años de edad. "Nosotros les contestamos que es preferible que los niños puedan disfrutar de esta vida 2 meses al año, durante el tiempo que sea, a que no puedan disfrutarla ninguno". Muchas de las familias de acogida vuelan a Tinduf durante el año para visitar a sus niños saharauis. Ellos esperan que pase la primavera para que vuelva el verano español, con fuegos artificiales, montañas y piscinas llenas de agua. 10 meses de intemperie a cielo descubierto en el desierto de la Hamada por 2 meses de vacaciones en paz con sus familias españolas.