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El turismo rural da vida a Grañón, un pueblo riojano con poco más de 200 habitantes

  • Grañón acoge todo tipo de visitantes en época estival, pero en septiembre se especializa y recibe principalmente peregrinos
  • En otoño, turismo espiritual extiende la temporada alta vacacional en los pueblos riojanos del Camino de Santiago
El turismo rural en La Rioja abre una nueva etapa
Ana I. Montoro

Grañón es uno de los pueblos más emblemáticos en el Camino de Santiago y recibe a numerosos peregrinos. Sus vecinos comentan que los que viajan a pie son el grueso de sus visitantes, aunque no son los únicos.

Este municipio, de poco más de 200 habitantes, tiene mucho encanto y pasear por sus calles transmite una mezcla de alegría y paz. Cuenta con miradores y monumentos del románico, como la iglesia de San Juan Bautista.

En verano la población de Grañón crece y se llena de vida gracias a las actividades dirigidas especialmente a los jóvenes. Algunos visitantes disfrutan de las vacaciones en su segunda residencia, otros participan en campamentos y el resto se aloja en hoteles o casas rurales con familiares y amigos. Este agosto, sus vecinos han transformado el lavadero nuevo, y han pintado sus paredes con un mural colaborativo que refleja la biodiversidad de la zona.

Casas Rurales

El turismo estival en los pueblos riojanos busca conectar con la naturaleza, bajar las revoluciones, disfrutar del patrimonio cultural y de la gastronomía local. Cuando acaba el verano, su turismo no decae, sino que se transforma. "A partir de septiembre recibimos principalmente peregrinos. Son unos turistas muy buenos, dejan todo como lo encontraron y no hay que llamarles la atención", declara Esther Martínez, propietaria de la casa rural El Cerro de Mirabel.

Esther prioriza al visitante espiritual frente al que busca celebrar despedidas de soltero, que también contacta con ella para reservar su casa. Además, recibe familias y grupos de amigos, con la condición de no celebrar fiestas dentro de su recinto.

Hospital de peregrinos

Los peregrinos son el tipo de visitantes que nutre la localidad buena parte del año. Grañón está muy bien preparado, cuenta con tres hoteles, albergues, casas rurales y un hospital de peregrinos que funciona con voluntarios.

Este alojamiento es gratuito, dispone de habitaciones con colchonetas y un comedor. Está ubicado en la iglesia de San Juan Bautista y sus huéspedes no reciben un sello en el pasaporte de peregrino al llegar. La razón la descubren cuando acuden a la misa de bienvenida, el sello es espiritual y se estampa con un abrazo.

Un hospitalero voluntario recibe a los peregrinos en Grañón

Un hospitalero voluntario recibe a los peregrinos en Grañón José Luis Elguea

Las comidas las preparan y sirven los hospitaleros. Aunque el servicio es gratuito habitualmente los huéspedes colaboran con un donativo.

Ser hospitalero es otra forma de realizar el recorrido espiritual. La experiencia dura dos semanas. Para vivirla es necesario disponer de la Compostela y haber completado la formación. Para Heribert Einwang, un voluntario alemán de 68 años, la vivencia ha sido sorprendente y maravillosa. Pensó que sería agotador pero, tras tres días de trabajo, lo que más valora es escuchar a los viajeros, compartir vivencias y opiniones.

Tras una noche, los peregrinos se despiden de Grañón con un abrazo y con el deseo de un "buen camino".