El asedio térmico se acelera en Europa: un reto climático, económico y sanitario sin precedentes
- Desde junio se han registrado en España más de 4.600 muertes asociadas a las temperaturas extremas
- La mitad de la Unión Europea y el Reino Unido están afectados por la sequía
Con el cambio climático, las olas de calor llegan antes, son más intensas y duran más. Una combinación extrema que está transformando nuestro día a día.
Isamar intenta amortiguar el impacto del verano con los pocos recursos que tiene. En un piso humilde, sin aire acondicionado y con tres hijos a su cargo, el hogar deja de ser un refugio frente al calor. "Las noches son extremadamente calurosas y tenemos que ducharnos hasta cinco veces al día", explica.
En España, desde principios de junio hasta el día 21 de agosto de 2026, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) ha registrado más de 4.600 muertes relacionadas con las altas temperaturas.
Europa no escapa del infierno climático. Francia supera los 7.000 fallecidos y Alemania acumula más de 14.000. Aunque la tasa de mortalidad no escala con la misma rapidez que los termómetros.
Según Julio Díaz Jiménez, profesor de investigación del Instituto de Salud Carlos III, las temperaturas a partir de las cuales empieza a fallecer la gente están subiendo en España a un ritmo de unos 0,6 grados por década y la temperatura por el cambio climático está subiendo a un ritmo de 0,4. "El conejo corre a 0,6 y, sin embargo, el galgo va a 0,4. ¿Cuál es el problema? Que las pilas del conejo se están acabando y que el galgo cada vez corre más porque el cambio climático, la subida de temperaturas, no es lineal, es exponencial", asegura.
Trabajar con altas temperaturas
El calor ya no es solo una anomalía meteorológica. El impacto térmico es ya una crisis sanitaria silenciosa, según los expertos. Hay algunas profesiones más expuestas que otras. En las cocinas, por ejemplo, a veces se rebasan los límites confortables de la salud laboral y el trabajo cotidiano se transforma en una prueba de resistencia.
"Hemos establecido que los hornos hay que abrirlos lo menos posible, porque cada vez que abres un horno, en ese momento te sube la temperatura uno o dos grados y puedes llegar a niveles de temperatura que están por encima de los permitidos”, explica Elder Alonso desde su pizzería en Madrid.
El problema se multiplica para quienes trabajan al aire libre. Cuando el día se vuelve impracticable, la noche se convierte en una gran aliada. En una bodega de Anoia (Barcelona), la vendimia ha cambiado su compás y por primera vez están trabajando de madrugada. En Alcalá de Henares (Madrid) utilizan pulseras inteligentes que avisan cuando la temperatura corporal de los trabajadores sube demasiado.
Europa pierde su verde
Más allá de nuestras fronteras, latitudes habituadas al verdor sufren transformaciones insólitas. La mitad de la Unión Europea y más de dos tercios de Inglaterra están afectadas por la sequía.
Fernando Allende, profesor de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, asegura que Europa no está preparada para una subida de temperaturas porque no tiene la climatización adecuada. "Si te mueves por Europa ves que, en general, esa Europa verde progresivamente está transformándose en una Europa parda".
Europa tiene un problema añadido: está diseñada para un verano suave que está dejando de existir. "En Alemania y en Inglaterra este verano se han registrado 40 grados que a nosotros no nos parecen tanto, pero para allí es algo de récord porque al final su clima es distinto, pero también les está cambiando el clima", explica Javier Armenteros, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
El Danubio ha alcanzado su nivel más bajo registrado hasta la fecha a su paso por Budapest. Mínimos extraordinarios que en otros lugares del continente dejan al descubierto hallazgos históricos. Desde restos de mamuts hasta buques de guerra de la Segunda Guerra Mundial.
Un futuro en juego
Las consecuencias del cambio climático son cada vez más visibles: escasez de agua, menos cosechas y pérdidas económicas millonarias. Atajar el cambio climático sólo es posible, según los científicos, de manera global.
Según Fernando Allende, profesor de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, "no hay una conciencia global que transmita una visión homogénea de que efectivamente estamos en una etapa de cambio climático y que los riesgos de un cambio climático son a medio y largo plazo importantísimos para esta generación y para las venideras".
Para los más jóvenes, la pregunta ya no es cuándo llegará el cambio climático, sino cómo será el mundo en el que tendrán que aprender a vivir.