Las carabelas portuguesas, unos visitantes molestos que han llegado a las playas vascas para quedarse
- La elevada temperatura del agua del mar favorece la presencia de estos organismos
- Científicos del instituto AZTI creen que se están reproduciendo cerca de la costa vasca
Desde el comienzo del verano se han registrado alrededor de 40 picaduras de carabelas portuguesas en las playas vascas. El primer ejemplar de la temporada se detectó en el arenal vizcaíno de Laga el 20 de junio. Son unos visitantes molestos. Cuando sus tentáculos entran en contacto con el cuerpo humano causan dolor intenso, ardor y marcas urticantes en la piel. También pueden llegar a provocar espasmos musculares o problemas respiratorios.
Se suelen confundir con medusas, pero no lo son. Se trata de una colonia de organismos que trabajan juntos para flotar, alimentarse y reproducirse. Están formadas por un flotador de color azul violáceo y unos largos tentáculos venenosos. La primera vez que se detectaron en la costa vasca fue en 2008. Según los investigadores, han llegado para quedarse.
Se reproducen cerca
Los científicos del Centro de Investigación Marina AZTI creen que las elevadas temperaturas del mar de estos últimos años están propiciando que la carabela portuguesa se reproduzca más y por ello se encuentran individuos de pequeño tamaño muy cerca de la costa o en la orilla. Algunos, de menos de medio centímetro. Hasta ahora no se habían detectado estos ejemplares tan pequeños en costa. Por ello, asegura el investigador de AZTI Luis Ferrer, "pensamos que por la elevada temperatura del agua, encuentran el golfo de Bizkaia una buena zona de reproducción". Especialmente en la costa vasca, cuyas aguas son menos frías que en Galicia o Asturias.
La procedencia de estos organismos cuando son adultos, explica Ferrer, es el océano Atlántico abierto. Según estudios realizados por al instituto, su origen está dentro del giro subtropical del Atlántico norte. Con el tiempo, empujados por el viento y las corrientes superficiales, llegan a la costa cantábrica en los meses de junio, julio y agosto. Su vida pude rondar un año o un año y medio. Y terminan muriendo en la costa, cuando varan en las playas.
¿Cómo atajarlas?
La cuestión es si hay alguna forma de evitar que las carabelas portuguesas lleguen a las playas, por el riesgo que suponen y la molestia de no poder darse un baño en el mar durante un cálido día de verano. Poner redes, asegura Luis Ferrer, no es una buena solución, porque rompen la carabela y separan el flotador de los tentáculos. En este caso, los tentáculos llegarían a la playa y serían más difíciles de detectar que una carabela completa.
No hay que preocuparse cuando se encuentran en la arena ejemplares pequeños. A veces la gente los pisa al pasear por la playa, dice Ferrer, pero sus tentáculos son muy pequeños o inexistentes porque son bolitas transparentes, y no suponen ningún problema. En caso de sufrir la picadura de una carabela portuguesa, hay que acudir de inmediato a los servicios de socorro. Retirar los restos de tentáculos que hayan podido quedar adheridos con una pinza y enjuagar la zona afectada con agua salada, nunca dulce.