Esperar cuatro segundos en internet desespera a la mitad de los españoles
- Un estudio revela que los españoles cada vez son menos tolerantes a las esperas en internet
- La IA está transformando la infraestructura de la red, que exige milisegundos de respuesta
Tras una larga jornada de trabajo, llegamos a casa, preparamos la cena y para desconectar elegimos una serie o peli en streaming. Al darle al play, el icono circular de carga da más vueltas de lo habitual. Solo bastan unos segundos para pensar que se ha caído la conexión a internet, o que el wifi no va. Falsa alarma. El vídeo comienza y volvemos a relajarnos. Esos instantes tan breves, y tan habituales, generan en parte de la población sentimientos de frustración. Acostumbrados a la inmediatez, la espera se ha convertido en uno de los grandes enemigos de la experiencia digital. Y cuando ésta se chafa, lo más normal es echar la culpa al teleoperador de turno o a la propia plataforma.
Y así lo demuestran los datos más recientes. Según una encuesta realizada para DE-CIX, uno de los principales operadores mundiales de puntos de intercambio de internet, la mitad de los españoles se frustra cuando una página web, una aplicación móvil o un vídeo tardan más de cuatro segundos en responder. Y tres de cada diez reconocen que hoy tienen mucha menos paciencia con internet que hace cinco años. Más de la mitad no tendría reparos en cambiar de proveedor de internet si garantiza una conexión estable, aunque haya que pagar más.
Infraestuctura de uno de los puntos neutros de intercambio de DE-CIX t
De la velocidad a la latencia
“La velocidad ya no basta”, resumía Ivo Ivanov, consejero delegado de DE-CIX, en un breve encuentro con unos pocos medios en Madrid. Opina que los datos de la encuesta desvelan que el ancho de banda ya no es tan atractivo para el usuario final. Las teleoperadoras se han pasado décadas ofreciendo decenas de megas, después cientos y más tarde fibra con bajadas y subidas de datos en gigas. Y sigue siendo importante, pero cuando lo que buscamos es que todo funcione al darle a un botón, lo que estamos reclamando ya no es sólo inmediatez. “Si contrato una conexión de 250 megabits, el operador debería garantizar un determinado nivel de latencia, ausencia de interrupciones y una calidad real del servicio”, apunta Ivanov. Parámetros que, a su juicio, ya empiezan a ser un argumento comercial como en su día la velocidad contratada.
Que haya una alta o baja latencia -el tiempo que tardan los datos en ir y volver- tiene consecuencias reales. Y pasa muy a menudo. Cuando una videollamada se congela o una compra online responde con lentitud al confirmarla, no se suele culpar a la red. Para Ivo Ivanov, “la responsabilidad recae casi siempre sobre la empresa o la marca con la que se interactúa. La calidad de la infraestructura se ha convertido, sin que muchas empresas sean conscientes de ello, en parte de su reputación”. Las declaraciones del máximo responsable de DE-CIX van en línea con los datos de la encuesta que revelan que las operaciones de banca y las videoconferencias de trabajo están entre las situaciones que causan mayor irritación cuando la conexión falla. Dos tercios de los encuestados opina que hoy en día es tan importante el agua corriente o la electricidad como un buen acceso a internet.
La infraestructura invisible de internet
La labor de los puntos neutros es un reflejo de cómo ha cambiado internet. El crecimiento exponencial del tráfico de datos en la red y las distancias desde el origen hasta el usuario es tan kilométrica, que hace necesario que sea imprescindible la labor de alguien que acorte las distancias y que todo ocurra en milisegundos. Cuando una persona desde cualquier lugar pulsa reproducir en una plataforma de vídeo como Netflix o HBO, el contenido no viaja desde Estados Unidos. Estas empresas tienen sus propios servidores alojados en centros de datos repartidos por todo el mundo. A través de un punto neutro pasa desde ahí a la red de una empresa de telecomunicaciones que lleva la información a los usuarios finales. Lo mismo ocurre cuando descargamos una actualización en el teléfono o vemos una publicación en Instagram. De esta forma, los datos no dan tantos rodeos. El objetivo es que cuanto menos camino recorran, más inmediata será la interacción con los servicios digitales.
Fundada en Fráncfort en 1995, DE-CIX es uno de los actores que ha desempeñado un papel invisible en el desarrollo de la red en Europa. No llevan la conexión a los hogares ni dan servicios de telefonía. Su papel es establecer esos puntos neutros de internet. Proporciona una plataforma común a la que se conectan operadores de telecomunicación, centros de datos, computación en la nube o plataformas digitales para que la información recorra el camino más corto posible. Es como un sistema que facilita el intercambio entre autopistas por las que viaja la información. Gestionan 4.700 redes que suman una capacidad de 240 terabits. En España, hace diez años que incorporaron su primera red en Madrid. En Barcelona llevan cinco.
Plataforma de interconexion de DE-CIX Heinrich Holtgreve Heinrich Holtgreve
La Península Ibérica, nueva capital digital europea
Junto a Lisboa, las dos capitales españolas funcionan como un ecosistema digital interconectado. Actualmente hay más de un centenar de centros de datos, más de 800 redes y decenas de cables submarinos que enlazan la Península Ibérica con Europa, América y África. “La región ha dejado de ser una periferia tecnológica para convertirse en una de las nuevas capitales digitales del continente”, afirma Ivanov. Esa es la razón principal de que, en los últimos años, se hayan anunciado grandes inversiones por parte de las compañías tecnológicas. Solo Amazon prevé destinar para su negocio en la nube más de 33.000 millones de euros en Aragón hasta 2035. “Esta cifra demuestra que España ya reúne las condiciones para ser uno de los polos europeos de infraestructura digital”, matizando el jefe de DE-CIX que hay que vigilar la demanda energética que supone todo esto para la región, sobre todo cuando se está disparando el uso de la inteligencia artificial.
Una CPU con el acrónimo de "inteligencia artificial" sobre un mapa de Europa
La IA transforma la conexión a internet
La IA también supone un desafío para todos los actores que forman parte internet. “ChatCPT es sólo el principio de la historia”, advierte el consejero delegado de DE-CIX en su encuentro con los medios. “Estamos entrando en la era de la inteligencia artificial física, de la IA general y de aplicaciones más complejas”. Se refiere a los robots industriales, vehículos autónomos, sistemas de vídeo inteligentes, hologramas o, lo que ya es una realidad, asistentes que conversan en tiempo real y exigen respuestas instantáneas. “Hoy ya nos impacientamos cuando una herramienta de IA tarda dos, tres o cuatro segundos en responder. Imaginad lo que ocurrirá cuando dependamos de ella para controlar un robot o un coche”, señala. Según explica, la robótica avanzada necesita una respuesta de tres milisegundos y eso limita físicamente el espacio entre el usuario y la infraestructura informática.
No se trata de una simple app de un móvil o de ver un vídeo en streaming. Los datos que mueve la IA requieren más precisión y rapidez. Y eso ha obligado a replantear el modelo, conectando miles de procesadores gráficos (GPU) repartidos por diferentes centros de datos y que funcionen al unísono como si fuesen un superordenador. De esta forma, se facilita el entrenamiento de los modelos de IA y las respuestas en tiempo real. “Al final todo gira en torno al tiempo y el coste”. Ivanov lo ejemplifica. “Una empresa puede necesitar un millar de procesadores para entrenar un modelo de IA, pero ningún centro de datos dispone de esa capacidad. Si conectas 500 de un centro, 300 de otro y 200 de un tercero mediante una red de baja latencia, esa red trabaja como si estuviesen en una misma instalación”. Recuerda el caso de un modelo de IA sanitario cuyo entrenamiento con 2.000 GPUs llevo un mes. “Si hubiese usado sólo un procesador, habría tardado 450 años”.
La imparable demanda de IA y la necesidad de más centros de datos requerirá una mayor presencia de puntos de intercambio de internet por todo el territorio español. La compañía alemana no descarta establecerse en Sevilla y Valencia, y potenciar las zonas rurales. “Dentro de un radio de 100 y 150 kilómetros, las aplicaciones de inteligencia artificial deberán apoyarse en una red distribuida de pequeños centros situados junto a autopistas, parques empresariales, centros comerciales e incluso instalaciones industriales”, apunta Ivanov. “La infraestructura deberá comportarse como un león en las grandes ciudades y como un conejo en el resto del territorio”, haciendo alusión a instalaciones pequeñas, ágiles y flexibles.
Plataforma satelital de DE-CIX, Space-IX
Soberanía digital y la conquista del espacio
Ivo Ivanov también reivindica la soberanía digital europea para hacer frente al aluvión de tecnologías desarrolladas en Estados Unidos o Asia, y que dominan el mapa global de los datos y la conexión a internet. “La soberanía no consiste en encerrarse, sino en tener capacidad tecnológica”, puntualiza. La idea es promover servicios de interconexión privada destinados a administraciones públicas, entidades financieras o empresas que necesitan tener ciertos datos bajo control.
Siguiendo los pasos de Elon Musk y su red de conexión satelital Starlink, o el proyecto Leo de Amazon, Ivo Ivanov también mira al espacio. Están desarrollando el proyecto Space-IX, que pretende ser el primer punto neutro de intercambio de internet en el espacio: colocar routers en órbita que permitan interconectar futuros centros de datos espaciales, “necesitarán conectarse entre sí. Y cuando eso ocurra alguien tendrá que proporcionar esa interconexión”, avanza. Reconoce que suena a ciencia ficción, pero la tecnología avanza en esa dirección.
Asegura que ya están en conversaciones con operadores de satélites y con la Agencia Espacial Europea para hacerlo posible. Bromea diciendo que le gustaría colocar un logotipo de su empresa visible desde la Tierra con un telescopio. Un futuro que parece lejano, pero no para algunas empresas tecnológicas. “Si no aspiramos a las estrellas, tampoco tendremos nada con lo que soñar”, concluye Ivanov. En tres décadas, la conexión a internet ha pasado de la velocidad terrestre a soñar con la conquista del espacio.