Enlaces accesibilidad

Teknokasa: "El feminismo tardó años en ponernos las gafas moradas, el próximo movimiento será la tecnopolítica"

Teknokasa: "Igual que el feminismo tardó años en ponernos las gafas moradas, el siguiente movimiento es la tecnopolítica"
Recorte del cartel de un curso de autodefensa digital que Teknokasa va a celebrar este junio Teknokasa
Javier Villuendas
Javier Villuendas

Uno quería imaginar a los miembros de Teknokasa con rodajas de pepino sobre los ojos y en hamacas tumbados, escuchando música relajante mientras alguien les hablaba sobre 'skin care' digital, una limpieza y exfoliación de aplicaciones invasivas en el móvil. 

Sin embargo, a este curso de adutodefensa digital organizado por el grupo de tecnoactivistas que protagoniza este artículo no pudimos asistir. Sí estuvimos con ellos en el Centro Social de la Rosa (Madrid) mientras debatían sobre capitalismo de vigilancia y las distintas salidas a toda esta superestructura digital construida por las Big Tech, algunas de ellas enjuiciadas como culpables este mismo año por crear adicción a través de su diseño en un juicio histórico celebrado en Estados Unidos, cosa que desde Teknokasa han celebrado.

Aquella tarde-noche, sus miembros también tecleaban al otro lado de la mesa, seguramente en Ubuntu, y se habló de cómo trolear al algoritmo de TikTok o por qué utilizar determinados móviles y apps como Google Maps, pudiendo no hacerlo. Después, ya por teléfono, hablamos más en profundidad con Alicia para conocer las actividades y objetivos de este grupo hacktivista.

PREGUNTA. ¿Por qué hacéis cursos de autodefensa digital y tratáis de defenderos de las Big Tech?

RESPUESTA. Lo queremos pensar como una acción para capacitarnos tecnológicamente, sobre todo en comunidad. O sea, no hacerlo de manera individual, sino hacerlo juntos y de esta forma plantar cara a las lógicas capitalistas que imperan tanto en la web como en las aplicaciones móviles y de las que estamos rodeados. Y para tener herramientas y un despertar y una conciencia política de lo que está pasando detrás de todo esto. Sobre todo es ofrecer un espacio porque creo que es importante juntarnos para hacer cosas. El encuentro de actividades y charlas te empodera mucho, ¿no?

Ofrecer un espacio de enseñanza y de aprendizaje en todas direcciones. No es que queramos implantar una visión como unilateral o una dirección unívoca, siempre abordamos y fomentamos y estamos deseosos de enseñar y aprender. Vamos en todos los sentidos. Y también crear conciencia de la importancia de la lucha y de la respuesta colectiva a cosas que son colectivas. No dar una respuesta individual a un problema colectivo. Son problemas que nos afectan a todo el mundo y que permean en muchas capas de nuestra vida y es importante organizarse colectivamente. 

P. ¿Cuál es la vocación de Teknokasa y cuándo nació?

R. Nació hace un par de años. Y es un colectivo tecnopolítico que está centrado en el apoyo tecnológico y la capacitación digital de los movimientos sociales. Lo que buscamos es tener conversaciones y proponer acciones y perspectivas acerca de la tecnología capitalista y, sobre todo, fomentar una comunidad de experimentación y de reflexión colectiva acerca de la ciberseguridad, los derechos digitales y todo lo concerniente a la tecnología.

P. ¿Me puedes decir alguna acción concreta más?

R. Por ejemplo, no solo estamos haciendo este curso de autodefensa digital, sino que también a principios de 2025 iniciamos unos cursos para aprender Python, el lenguaje de programación, de manera autoorganizada. No tanto impartirlo como si fuera una clase de "yo te enseño y tú aprende", sino como algo más colectivo y social. En el aniversario de La Rosa hicimos una actividad que llamamos 'Cuidad Tech', que era dar a conocernos a gente menos metida en este mundo o con una visión menos tecnopolítica o sin haberse politizado. Charlar acerca de alternativas, por ejemplo, de las aplicaciones que tenemos más invasivas en nuestros teléfonos y una guía de lo que vertebra todo. Era un poco como una sesión de spa y como las limpiezas faciales que se hacen ahí. Hacer una limpieza en el teléfono de aquellas aplicaciones más tóxicas y buscar alternativas que puedan suplir esa carencia.

P. ¿De dónde venís formativamente?

R. Afortunadamente, cada uno venimos de un sitio diferente. Yo no tengo nada que ver con la tecnología, ni con la informática, ni con la ingeniería. Realmente yo soy lingüista. Lo que pasa es que, en la Universidad, recuerdo que hice una asignatura que era 'Lingüística computacional', en donde se hablaba de cómo formalizar el lenguaje para que lo entendiera un ordenador, cómo explotar computacionalmente el lenguaje. En esta asignatura no solo vimos cosas más técnicas y lenguajes de programación, sino que también debatíamos en clase de vigilancia en la web y de ciberseguridad. Un poco de dinámicas en las en las redes sociales. Y ahí mordí el anzuelo de todo esto.

Y en un evento de la librería Traficantes de Sueños acerca de un libro de Margarita Padilla que se llamaba 'Inteligencia Artificial: jugar o romper la baraja', conocí a otro integrante de Teknokasa. Aquí hay gente que viene del mundo de la programación o más ingeniero, pero hay gente que tampoco tiene nada que ver y realmente no es una cosa que prioricemos en ningún caso. No tienes por qué tener ningún plan tecnológico ni tener habilidades como lo que se conoce en el imaginario colectivo como hacker para sentirte bienvenido. Somos un colectivo que abrazamos mucho la diversidad y también como colectivo hacker somos un colectivo tecnopolítico. Cuando la gente piensa en un hacker, sobre todo piensa en un hombre joven que tiene este tipo de habilidades tecnológicas y precisamente nos queremos alejar de ese estereotipo y dar la bienvenida a gente que no tenga conocimientos técnicos, dar la bienvenida a mujeres también, y gente que a lo mejor no encaja tanto en ese perfil que tenemos en el imaginario. Y de esa forma enriquecernos y enriquecer el colectivo y dar a entender que la lucha tecnopolítica y todo esto no es una cosa solo de hackers. Es una cosa que nos compete a todo el mundo. Si tienes un smartphone, y creo que todos tenemos un smartphone, esto te interpela. Forma parte también de tu lucha.

P. ¿Qué son las aplicaciones invasivas?

R. No solo se limita a aplicaciones móviles, también hay sistemas operativos, hay páginas webs, hay como todo un entramado tecnológico que tienen diseños y una interacción con el usuario que está enfocado principalmente a la hiperdependencia de ese usuario, que, lejos de pretender tu bienestar y de ser únicamente como de utilidad, hay siempre un objetivo escondido, que es buscar toda tu atención para extraer de ti la mayor información posible de tu comportamiento. Registrarlo todo y venderlo. Es un fin realmente de marketing. Y hay todo un entramado político y de poder, que no es un poder que emancipe al ser humano. Es mucho más simple, es vender datos y un marketing que les enriquezca lo máximo posible. En Teknokasa creemos que toda la potencia emancipadora de la tecnología se está echando por el retrete debido al monopolio de unos pocos. No me canso de repetir esto: la tecnología así no sirve para el desarrollo del ser humano y realmente se está poniendo al servicio del capital y de las lógicas mercantiles. 

P. Existen alternativas a las aplicaciones invasivas, claro. 

R. Sí, y estamos encantados de hablar de ello, pero siempre, como que me gustaría recalcar, no es tanto de nuevo una solución individual. Si te instalas esta en lugar de esta otra, como que ya estás libre de pecado, por así decirlo. Esto tiene siempre que ir de la mano de luchas colectivas y de juntarse a plantear, a cuestionar estas dinámicas y alternativas. Pero sí, hay alternativas a Gmail, a Google Maps o al Google Calendar. Google como que tiene el monopolio. O alternativas a Spotify, cuyo CEO tiene relaciones con Israel y en el genocidio de Palestina. Entonces esto no solo es no escuchar Spotify, es también a quién le estás dando tu dinero y la cartera.

P. Y, de hecho, las aplicaciones del móvil escuchan nuestras conversaciones. Supuestamente, les hemos dado permiso pero… ¿tiene conciencia todo el mundo de esto?

R. Claro, no se tiene. No se tiene tanta conciencia tecnopolítica. Creo que de igual manera que el feminismo tardó años en ponernos a todo el mundo de las gafas moradas, lo siguiente, el siguiente movimiento que tiene que permear a todos los movimientos sociales, es darse cuenta de que un movimiento social, un movimiento de vivienda, un movimiento de algo que a priori no tenga que ser tecnológico, también tiene que tener en cuenta la tecnología que usa para su propia organización. 

Curso autodefensa digital de Teknokasa

Cartel del curso de autodefensa digital de Teknokasa Teknokasa

P. ¿Tiene costes a nivel vital o profesional salirse del carril de Google, Meta, etc.?

R. Hombre, desde luego. Pero insisto, cuando vamos juntos y de la mano de más gente es mucho más simple y mucho más llevadero que cuando lo haces tú solo. Pero sí que es cierto que requiere un mínimo de esfuerzo y de cuestionamiento. Claro, es que Google a ti te pone su correo electrónico en bandeja de plata, entonces cómo no vas a cogerlo si está ahí para ser utilizado y todo el mundo lo utiliza. La cosa es que no nos cuestionamos por qué nos lo pone tan fácil y por qué su diseño, por ejemplo, es tan intuitivo. Simplemente lo utilizamos sin más. Y todo esto es mucho más liberador cuando lo haces en comunidad. Ver con tus propios ojos que tu lucha no solo es tuya, que no eres la única. Es muy revigorizante y te da un sentido de pertenencia y te hermana con la gente, de formar parte de algo más grande que tú. Y siempre es mucho más potente y te va a llevar más lejos que hacerlo tú solo. Claro que hay costes, pero lo que ganas definitivamente y sin ningún tipo de duda es mucho más de lo que pagas.

P. ¿No hay un poco de resignación con este tema? 

R. Sí. Pero todo también va de la mano de esto que te comentaba… de despertar la conciencia tecnopolítica. Parece que hay un empuje por parte de las tecnológicas y de los monopolios tecnológicos en nuestra contra. Y esa desactivación social, por eso te decía que juntarnos es poderoso y es la chispa de cómo se empieza. Yo creo que nos falta el encuentro y el reencuentro. Y una vez te reúnes y te rodeas de gente que tiene también estas inquietudes, como que tú despiertas. O sea, claro que no estamos de acuerdo con el espionaje. Es decir, los monopolios hacen esto, ¿qué vas a hacer tú al respecto? ¿Cuál es tu respuesta? ¿Te ponen este espejo delante de ti y qué vas a hacer tú? No es algo meramente contemplativo. No es que estemos indefensos ante lo que está pasando, sino que requiere una acción por nuestra parte. Una respuesta que requiere organizarse en colectivo para plantar cara. 

P. ¿Por qué no calan las redes sociales del Fediverso?

R. Porque es una cosa que tenemos que hacerlo en masa. O sea, yo lo asemejo a las vacunas. No es casualidad que se vean o se conozcan pocas alternativas para Google, no es inocente. Que no se conozcan alternativas a Windows no es inocente, que no se conozcan alternativas a Twitter y que todo sea no solo monopolio, sino también este esconder o minimizarlas alternativas que operan a lo mejor con unas lógicas que no estamos acostumbrados. No es una cosa que estemos familiarizados y eso crea resistencia, de si me va bien con lo que ya tengo tampoco me quiero cambiar. Y tampoco están mis amigos. Pero realmente es una tecnología robusta y que sirve tranquilamente como alternativa.

P. ¿Cómo habéis visto el juicio contra Meta y Youtube por el que han sido consideradas culpables de crear adicción a una joven de Estados Unidos?

R. Esa es una sentencia pionera porque no solo impone a quién pone el peso de la carga. La responsabilidad no es a la persona como que es adicta sin más. La responsabilidad de esa adicción no es de la persona, sino de la tecnológica. Como que se ha dado la vuelta. Es muy difícil escapar a la adicción tal y como están planteadas, diseñadas, hay equipos y millones detrás de hacer un un diseño más interdependiente, hacer a los usuarios más interdependientes. Entonces, esta sentencia ha sido muy celebrada por gente que llevamos mucho tiempo queriendo poner el foco en esto y es un gran paso que se ponga los ojos no sobre los usuarios, sino sobre el diseño y que se vea que los responsables no son los usuarios sino las corporaciones. 

P. Pese a todo, sois optimistas respecto a estas tecnologías. 

R. Sí, sí, por supuesto. Creemos que la tecnología tiene muchísimo poder de emancipación y que no usarlas o negarse a usarlas por cómo se está llevando la corriente no es a nuestros ojos una una respuesta que te vaya a llevar muy lejos. Creemos en ese luchar colectivo y hacer que las cosas cambian y que sirvan a nuestros propios propósitos e intereses, no a los intereses de las corporaciones que solo buscan su propio rédito económico y su propia perpetuación en el poder. Estamos aquí para decir: "Oye, las cosas se pueden hacer de otra forma. Con toda la potencialidad del vamos a juntarnos, de hacer que pase".

P. El ciberespacio nació como un lugar casi utópico, con sus zonas temporalmente autónomas, como promulgaba Hakim Bey. ¿Esa visión ilusionante se mantiene?

R. La tecnología siempre ha estado al servicio de los recursos y las herramientas de producción. O sea, la tecnología nunca ha sido independiente de quién la ha hecho. Internet, por ejemplo, surgió o estuvo financiado por el Ministerio de Defensa de Estados Unidos. ¿Hasta qué punto puedes separar obra de autor? ¿Hasta qué punto puedes decir que la tecnología no tiene esos tintes con los que ha nacido? Por otro lado, ese tecno-optimismo que decías realmente solo fue así hasta que el mercado se dio cuenta de que la manera de organizarse más horizontal o descentralizada no era muy útil para generar ganancias. Entonces, una vez que se vio claro que podía usarse para hacer dinero, las grandes empresas y los capitales privados tomaron el control y giraron el timón y pusieron toda su fuerza para hacer lo que es hoy. Es un poco como toda tecnología. Y si tú no haces nada al respecto, la tecnología siempre va a estar al servicio de las clases dominantes. Pero lo que yo cuestiono también es si realmente estuvieron fuera del mercado y fuera de todo eso. Porque claro, cómo nacieron, tienen ese estigma. 

P. ¿Es ser una perspectiva tan radical, como vosotros decís de vosotros mismos, no querer ser partícipes de unas plataformas diseñadas por grandes corporaciones que incluso han sido juzgadas como culpables de estar diseñadas para crear adicción?

R. No creo que sea una perspectiva tan radical. Lo que sí que vemos que es más radical es a lo que te aboca esa perspectiva, porque no es una perspectiva como meramente contemplativa, sino que te obliga e interpela a tomar acción y a qué vas a hacer tú al respecto. Lo que es radical son las acciones colectivas que necesariamente acompañan a esta perspectiva. Porque no es solo un punto de vista, no es la idea de no querer estar subyugados y no querer estar adicto, sino que es la respuesta que se espera de ti. Es este despertar tecnopolítico y que tus acciones remen de forma consciente y activa. Vale que no estás de acuerdo con el espionaje, pero: ¿qué vas a hacer al respecto? Es un planteamiento que requiere tu respuesta. La tesis es muy cabal y sensata, pero la respuesta hay que ponerla en práctica. Es recoger el guante y hacerlo tuyo. Y hacer que tu lucha forme parte de algo más grande.