Enlaces accesibilidad

Studio Ghibli, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por transformar "creatividad en conocimiento"

  • Detrás de su nacimiento están los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata y el productor Toshio Suzuki
  • El viaje de Chihiro se convirtió en 2003 en la primera película de animación japonesa en conquistar el Oscar
El personaje Totoro en el Museo Ghibli en Mitaka, Tokio en Japón
El personaje Totoro en el Museo Ghibli en Mitaka, Tokio en Japón GETTYIMAGES

El estudio japonés de animación Studio Ghibli ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. El jurado le reconoce haber "transformado excepcionalmente la creatividad en conocimiento y comunicación". Considerado desde hace décadas como uno de los grandes referentes de la animación mundial, el estudio ha revolucionado el lenguaje audiovisual contemporáneo con una obra que ha trascendido fronteras, generaciones y culturas.

El acta subraya que su cine "ensalza la belleza de lo cotidiano y convierte en parte esencial de sus narraciones los instantes de silencio y contemplación", poniendo en valor una trayectoria que ha elevado la animación a la categoría de expresión artística universal.

Fundado en 1985 en Tokio, Studio Ghibli es mucho más que una productora cinematográfica: es una de las instituciones culturales más influyentes del cine contemporáneo. A lo largo de cuatro décadas, el estudio ha construido un universo creativo propio, reconocible por una estética minuciosa, una narrativa pausada y una capacidad extraordinaria para convertir la fantasía en una herramienta de reflexión sobre el mundo real.

Detrás de su nacimiento están tres nombres fundamentales de la cultura japonesa: los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata y el productor Toshio Suzuki. La creación del estudio llegó tras el éxito de Nausicaä del Valle del Viento (1984), considerada por muchos la semilla artística del proyecto. Aquella película ya contenía varios de los rasgos que acabarían definiendo su identidad: una profunda conciencia ecológica, protagonistas femeninas de gran complejidad psicológica y una mirada crítica hacia la relación entre humanidad, tecnología y naturaleza.

Larga trayectoria cinematográfica

Desde entonces, Studio Ghibli ha firmado algunas de las obras más influyentes de la historia de la animación. Títulos como Mi vecino Totoro (1988), La princesa Mononoke (1997), El viaje de Chihiro (2001), El castillo ambulante (2004) o Ponyo (2008) forman ya parte del canon cinematográfico internacional.

La consagración definitiva llegó con El viaje de Chihiro, que en 2003 se convirtió en la primera película japonesa en conquistar el Oscar a mejor largometraje de animación, además de obtener el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Más de veinte años después, El chico y la garza devolvió al estudio a la cima internacional al lograr un segundo Oscar en 2024, confirmando la vigencia creativa de una factoría que parecía haber dicho todo y que, sin embargo, sigue encontrando nuevas formas de emocionar.

Buena parte de su singularidad reside en su forma de narrar. Frente al ritmo vertiginoso que domina buena parte de la animación comercial, Ghibli ha defendido siempre una narrativa sustentada en la contemplación, el silencio y la pausa. En sus películas, los momentos aparentemente menores —un viaje en tren, una comida compartida, el sonido del viento entre los árboles— adquieren una densidad emocional extraordinaria.

Defensores de la animación dibujada a mano

Otro de los grandes pilares de su filmografía es su relación con la naturaleza. Bosques habitados por espíritus, océanos vivos, criaturas mitológicas y paisajes exuberantes convierten el entorno natural en un protagonista más de sus relatos. Películas como La princesa Mononoke o Nausicaä del Valle del Viento han sido leídas como poderosas alegorías ecologistas que, décadas antes de que la emergencia climática dominara el debate global, ya alertaban sobre los desequilibrios provocados por la explotación desmedida del medio.

A ello se suma una galería de personajes femeninos que rompió moldes dentro de la animación. Nausicaä, Chihiro, Kiki, San o Sophie son figuras alejadas de los estereotipos tradicionales: personajes complejos, autónomos y profundamente humanos cuya fortaleza nace de la empatía, la inteligencia y la capacidad de transformación.

En el plano técnico, Studio Ghibli ha sido durante años uno de los grandes defensores de la animación dibujada a mano. Aunque ha incorporado herramientas digitales, lo ha hecho sin renunciar a una identidad visual basada en el trabajo artesanal, la riqueza del detalle y el cuidado extremo de cada plano. Esa apuesta ha convertido cada una de sus producciones en una referencia estética para cineastas y animadores de todo el mundo.

Su influencia ha ido mucho más allá del cine. El Museo Ghibli, inaugurado en Mitaka en 2001, y el Parque Ghibli, abierto en la prefectura de Aichi en 2022, han trasladado su imaginario al espacio físico. Ambos lugares funcionan como una extensión natural de su filosofía creativa: espacios concebidos para la contemplación, la imaginación y el respeto por el entorno.

La historia del estudio también ha estado marcada por etapas de incertidumbre, especialmente tras las sucesivas retiradas anunciadas por Miyazaki y el fallecimiento de Isao Takahata en 2018. Sin embargo, lejos de diluirse, Studio Ghibli ha logrado preservar su esencia y proyectarse hacia el futuro.