'El sonido de la caída': una obra maestra sobre los traumas heredados en una granja alemana
- Se estrena la cinta de la directora alemana Mascha Schilinski, ganadora junto a Sirat del Premio del Jurado en Cannes
Que cualquier hogar esconde un universo lo sabe bien Mascha Schilinski. La directora pasó un verano en una granja de la región de Altmark, en el corazón de Alemania y, tras ver fotografías de tres mujeres de los años 20 del pasado siglo empezó a preguntarse qué contarían aquellas paredes, a saber: ¿qué se transmite entre las generaciones?, ¿hasta que punto se heredan los traumas?
La respuesta es la impresionante El sonido de la caída, la película con la que Sirat compartió, ex aequo, el premio del Jurado del Festival de Cannes el año pasado. Con solo su segunda película, Schilinski (Berlín, 1984) se ha situado como una de las voces con una poética más profunda y original del cine actual.
El sonido de la caída fluye entre cuatro generaciones que habitan la granja, desde finales del XIX hasta la actualidad, saltando sin aviso, rimando épocas y algunos temas, como la opresión de sus personajes femeninos, el deseo, o el suicidio, mientras, casi indirectamente, atraviesa la historia alemana. La escritora Clarice Lispector decía que la búsqueda del lenguaje era su esfuerzo humano y aunque volvía con las manos vacías, volvía con lo indecible. Lo que no se puede decir es el tesoro que encuentra El sonido de la caída, un despliegue de recursos estilísticos insólito en el cine actual al servicio de la poesía.
Paradójicamente, una obra tan vinculada a la imagen, sonido y montaje, deja un poso de gran novela, como si sus mayores influencias fueran literarias. “Efectivamente, tiene un carácter literario porque no nos interesaba el transcurso de la acción, sino que expresa el mundo de los pensamientos, de las sensaciones, de las reflexiones de esas chicas que viven en esa granja”, explica la directora. “Es algo que en la vida real no podemos hacer, dirigir la mirada tanto al pasado como al futuro. Nos inspiramos en la literatura para crear sentimientos invisibles, que no tienen nombre. Cuatro encontramos la forma para definirlo en imágenes, encontramos la estructura de la película”.
"Estamos muy lejos de tratar con naturalidad la perspectiva femenina"
En su investigación accedió a diarios de comienzos de siglo de personas humildes. “Tengo la impresión de que, por ejemplo, no conocemos las historias de las criadas de hace 100 años. Por eso cuando se muestra una perspectiva femenina sigue siendo un tema actual. Estamos muy lejos de tratarlo con naturalidad”. Schilinski lamenta que lo femenino siga percibiéndose como un tema en sí. “La gente lo ve así, pero no buscábamos una perspectiva femenina. Es algo que nació de años de investigación, de todo el material que almacenábamos y surgían estas historias de mujeres, de sus momentos llenos de vergüenzas, que normalmente se quedan marginadas. Pero mi sensación es que también cuento mucho sobre varones y el mundo masculino. Queríamos centrarnos en las relaciones de traumas y su transmisión. Y todos viven traumas”.
Uno de los personajes masculinos, de hecho, vive la amputación de una pierna. Y síndrome del miembro fantasma, el dolor de algo que ya no existe, podría pasar como definición de un drama al que, sin embargo, no le falta alegría y viveza: Schilinski no renuncia a las luces de la vida familiar y de la naturaleza. “Tenía presente capturar la ligereza de aquella vida, que percibo como algo muy bello”.
Imagen de 'El sonido de la caída'.
La cineasta explica de manera muy gráfica su confianza hacia el espectador. “Cuando vas paseando y te cruzas un segundo con dos desconocidos que conversan, en ese breve instante te haces una idea sobre esas personas. Del mismo modo, creemos que los espectadores pueden rellenar lagunas que dejamos con sus propias vivencias”. Y reflexiona sobre el panorama general: “Cuando se intenta cumplir expectativas y buscar público se acaba recurriendo a patrones, por eso cualquier otra propuesta parece la de un narrador ‘difícil’”.
Cita las fotografías de la estadounidense Francesca Woodman como una de sus influencias. “Porque contienen algo muy fantasmagórico y luminoso que creíamos que encajaba con la película, pero sobre todo la inspiración fueron las imágenes reales de las aldeas de la zona”.
En una película sin música, el sonido de la caída es literalmente un sonido que antecede a lo catastrófico y ensombrece la belleza, es decir, el trauma. Pero Schilinski deja a la interpretación del espectador que también existe un sonido para la elevación.