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30 años acogiendo a niños de Chernóbil en Euskadi

  • Familias vascas fueron pioneras en ayudar a los niños que vivían en la zona de la central nuclear ucraniana
  • El accidente de Chernóbil se produjo el 26 de abril de 1986, y los primeros acogimientos diez años después
Familas vascas, pioneras en acoger a niños de Chernóbil desde hace 30 años
Verónica Elorza

Centenares de niños ucranianos, residentes en zonas próximas a la central nuclear de Chernóbil, han sido acogidos por familias vascas desde hace 30 años. Fueron las pioneras en traerlos a pasar el verano, junto con otras de Andalucía. Algunos también vienen en la época de Navidad. Lo hacen para alejarse de la radiación, para tener una alimentación adecuada y cuidados médicos que mejoren su salud.

En 1996, diez años después del accidente de la central nuclear, Ucrania hizo un llamamiento internacional para ayudar a esos menores. En Euskadi se formaron asociaciones como Chernobil Elkartea o Chernobileko Umeak. Eran familias sensibilizadas por la situación que vivían allí miles de niños y niñas. Y empezaron a organizar los viajes en verano, que tan solo se vieron suspendidos por la pandemia.

Las pioneras

Entre esas familias estaba la de Mari Jose, aunque ella empezó a acoger a niños ucranianos en 1995, de forma particular. Desde entonces no ha parado de hacerlo. Asegura que hay que trabajar el acercamiento a esos niños y niñas. Pero sonríe al decir que 'no hay más que ver como llegan y como se van'. También está orgullosa de ver que han estudiado y se han hecho mayores.

Por la casa de Enrike y su esposa Belén han pasado once menores ucranianos. Asegura que para ellos son sus hijos que están en Ucrania. Y subraya el enriquecimiento personal que supone para los niños.

La guerra de Ucrania

La invasión de Ucrania por parte de Rusia y el conflicto bélico desatado ha contribuido a empeorar aún más, si cabe, la situación de los menores. A la contaminación por radiación se suma que las necesidades de todo tipo son más acuciantes, relatan desde las familias de acogida. Y además los niños están preocupados por lo que les pueda pasar a sus familias.

También es más difícil traerlos, porque ya no hay vuelos directos. Algunos vienen en autobús, lo que supone un viaje de tres días. Otros pueden volar desde Polonia. Y para todos se han complicado los trámites burocráticos.

Pero las familias de acogida no tienen ninguna duda: cuando ven llegar a los niños y niñas, todas las dificultades pasan a un segundo plano. Lamentan que la solidaridad vaya en descenso: les cuesta encontrar voluntarios. Y animan a sumarse, porque aseguran que la experiencia es muy enriquecedora.