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Tudela de Duero suma otra crecida histórica a su memoria: "¡Uy, la del 48... esa llevó casas a barullo!"

  • La gran crecida de estos días, que se suma a la lista de las más importantes, reaviva los recuerdos de los vecinos mayores
  • Archivos y fotos dan testimonio de las heridas que el Duero, fuente de riqueza, ha causado también siglo a siglo
Las mayores crecidas de la historia de Tudela de Duero

Los patos andan desorientados estos días en Tudela de Duero (Valladolid) porque ya no encuentran su parque para descansar; la orilla del río se les ha metido en el asfalto de la calle, donde pisan sin remedio. Poco a poco, el Arenal va asomando de nuevo, pero lleva toda la semana cubierto por el agua.

La de febrero de 2026, ya camino de evaporarse para solidificar en recuerdo, pasa por unanimidad a ocupar un puesto destacado en la serie histórica de las riadas que han marcado este pueblo, las que dejan heridas y se cuentan de generación en generación. Asoman ahora a la conversación cotidiana. Los mayores relatan una vez más lo que vieron de niños y lo que les contaron a ellos. Y aseguran que, como esta, pocas ha habido.

Las crecidas del río Duero han destruido casas en más de una ocasión en Tudela

1948, la riada que aún recuerdan los mayores

La más antigua en la memoria de los vivos es la de 1948. Carmen Pedriza tenía nueve años: "Uy esa, esa llevó casas a barullo... pasaban colchones, pasaba ganado, veías cerdos, aquella fue mucho, fue mucho". Valentín Sanz tenía ocho; sus recuerdos son los que le ha repetido en sesenta años de matrimonio su mujer, que tiene su misma edad y nació en el pueblo, y otros vecinos de toda la vida: "Esta mañana he estado hablando con una que le voló la casa, se la llevó entera, y estuvieron dos o tres años viviendo en una que les prestaron".

Marisa Cachorro nos cuenta que una de aquellas casas con las que arrasó la riada era la de su abuelo. Ella recopila para nosotros las fotos que dan fe de aquel desastre de mediados de siglo. Se ve a los vecinos en barcas por las calles del centro del pueblo. Los escombros de las viviendas ya inservibles. Y también se ve el puente, amenazado. "Le he oído decir a mi mujer que su padre estuvo aquel día, que iban a quitar las piedras del puente para que pasara el agua por encima".

El puente, nos cuenta Miguel Valentín, técnico en el Ayuntamiento de Tudela de Duero, ha pasado no pocas vicisitudes: "El puente, que se terminó en 1860 y pico, antes estaba unos 25 metros más allá y lo reconstruyeron porque con la cantidad de riadas que tenía, se caía una y otra vez".

Los ojos del puente sobre el Duero casi cegados por el agua en 1948

Igual que el pasado domingo 16 de febrero muchos pasaron la noche en vela asomados a sus muros para ver cómo el río no dejaba de crecer, en 1948 fueron soldados los que vigilaron la crecida, igual de temerosos: "Estuvieron aquí incluso los del Ejército toda la noche pensando si cuando tapara el agua los ojos del puente, había que dinamitarlo o no, porque si el agua llegaba a cubrirlo, se iba a convertir en una presa y se inundaría el pueblo entero".

La placa de la iglesia

La iglesia de Tudela de Duero es, como tantas de la zona, un gran templo y un pequeño museo. Alberga, entre otras joyas, una virgen de Gregorio Fernández y un cristo crucificado de Juan de Juni. No obstante, la atención del que entra al templo se va a menudo a otra pieza sin valor artístico, pero con peso histórico: la placa que señala la altura que alcanzó el agua en la crecida de 1860. Nos la muestra Antonio da Silva, párroco en Tudela de Duero: "Más o menos a 1,60 metros llegó entonces y esto a la gente le llama la atención cuando entra en la iglesia y busca siempre este detalle".

La piedra conserva la información que nadie vivo ya puede más que contar de oídas. El pasado va quedando en los archivos. De la documentación digital de la Biblioteca Nacional de España, Miguel Valentín rescata fragmentos de antiguas crónicas que dan fe de la fiereza periódica del Duero. Uno de 1788 es un "memorial literario" que mandan hacer y que dedica un capítulo a "Noticias de los estragos que la salida del río Duero ha causado en Tordesillas, Tudela de Duero y Convento del Abrojo". Cuenta que "a la medianoche el agua había llegado ya a la plaza Mayor, cayéndose 30 casas". También los periódicos La España y El Reino recogen noticias de las inundaciones de 1861.

El precio de ser el "oasis de Castilla"

"Desde que se tiene constancia, en 1500, en 1600, en 1700... cada cien años hay una gran crecida en Tudela. Pensábamos que se habían paralizado con los embalses, pero está claro que cuando se pone a llover y sueltan agua, estamos en una encrucijada muy importante", resume Miguel Valentín.

Tudela de Duero está en un meandro del río, su perfil es un desafío al curso natural del agua. Pero el pueblo vive de cara al Duero, presume de él, lo disfruta, recibe el sobrenombre de "oasis de Castilla", su riqueza y fertilidad era famosa ya en la Edad Media, nos cuenta nuestro cronista: "Unos mensajeros que traía Carlos V se quedaron aquí unos días porque les encantaba la zona del río, frondosa por la cantidad de álamos que tenía".

Se acerca una vecina y nos puntualiza que a este pueblo le llaman también "la lágrima del Duero", pensábamos que por su forma, pero ella dice que se debe a lo mucho que les ha hecho llorar.