Cinco años de Filomena, la borrasca que sepultó bajo la nieve a media España
- El temporal transformó ciudades enteras, paralizó infraestructuras y dejó una estampa inédita en gran parte del país
- Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), fue la nevada más intensa en un siglo
El 8 de enero de 2021, hace ahora cinco años, es una fecha que ha quedado grabada en la historia reciente de España. La borrasca Filomena transformó ciudades enteras, paralizó infraestructuras y dejó una estampa inédita en gran parte de la geografía nacional.
Durante la noche del 7 al 8 de enero, mientras la mayor parte del país dormía, la nieve comenzó a caer con una intensidad extraordinaria. No era una nevada más. En cuestión de horas, Madrid, Castilla-La Mancha, Aragón, La Rioja o Navarra empezaron a quedar sepultadas bajo un manto blanco que no dejaba de crecer. En apenas 30 horas, el centro peninsular acumuló entre 40 y 60 centímetros de nieve, cifras inéditas en muchas capitales desde mediados del siglo XX. En Madrid, la última nevada comparable se remontaba a 1971. Calles irreconocibles, coches enterrados y árboles vencidos por el peso de la nieve se convirtieron en la estampa del temporal.
La capital de España quedó prácticamente detenida, con su aeropuerto cerrado, las carreteras colapsadas, los trenes suspendidos y miles de personas atrapadas sin poder salir de la ciudad. Madrid, acostumbrada a inviernos más benignos, se vio desbordada por un fenómeno que superó cualquier escenario previsto en los planes de emergencia.
¿Qué hizo tan excepcional a Filomena?
Desde el punto de vista meteorológico, Filomena fue el resultado de una configuración atmosférica poco frecuente. La borrasca, nombrada oficialmente el 5 de enero, se formó en el Atlántico y avanzó cargada de aire muy húmedo y templado. Al mismo tiempo, una potente masa de aire ártico había descendido días antes y se había instalado sobre la península ibérica. Este aire frío quedó bloqueado por un anticiclón persistente sobre el norte de Europa, impidiendo su retirada.
El choque fue decisivo, ya que la abundante humedad aportada por la borrasca se encontró con temperaturas muy bajas en superficie. El resultado fue una precipitación continua en forma de nieve, incluso a cotas muy bajas. Además, Filomena se desplazó lentamente, lo que prolongó las nevadas durante más de un día entero.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirmaría más tarde que la nevada de los días 8 y 9 de enero fue la peor en más de cien años por intensidad en 24 horas y por el espesor acumulado. Había que remontarse a 1904 para encontrar en el centro de España una situación extrema de frío y nieve semejante.
Efectos durante semanas
Pero cuando Filomena se retiró, el episodio no había terminado. La nieve acumulada, lejos de fundirse, quedó expuesta a una ola de frío excepcional que se prolongó hasta el día 17 de enero. Las temperaturas se desplomaron hasta valores récord, con mínimas por debajo de −20 °C en numerosas zonas del interior y registros de hasta −26,5 °C en Teruel. Así, la nieve se transformó en hielo, complicando aún más el escenario.
Los efectos se dejaron sentir durante semanas. En Madrid, los daños en infraestructuras, zonas verdes y servicios públicos se estimaron en más de mil millones de euros. Miles de árboles quedaron gravemente dañados, alterando el paisaje urbano durante años. El sector agrícola fue otro de los grandes perjudicados. Cultivos arrasados por el peso de la nieve y el frío extremo provocaron pérdidas millonarias, especialmente en explotaciones de hortalizas y frutales. También hubo víctimas mortales relacionadas con el temporal (una pareja en Málaga, un hombre en Madrid y otro en Zaragoza).
Cinco años después, Filomena sigue siendo un caso de estudio para meteorólogos y un recordatorio para las administraciones: los episodios extremos no son imposibles, incluso en regiones poco acostumbradas a ellos. La atmósfera, cuando las piezas encajan, puede cambiar la rutina de todo un país en cuestión de horas. El temporal paralizó la economía, dejó cientos de personas bloqueadas en carreteras, obligó a suspender las clases y la circulación de trenes en muchos lugares de España y llevó al Gobierno a declarar zona catastrófica a ocho comunidades autónomas (Andalucía, Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Asturias, Aragón, La Rioja y Navarra).