Un libro repasa la historia del fantasma de la ópera coincidiendo con el centenario de la versión de Lon Chaney
- Mario Hernández publica Los mil rostros del Fantasma de la Ópera
- Un completo repaso por las muchas versiones del personaje creado por Gastón Leroux
Publicado en forma de serial en 1909 y recopilado en libro en 1910, El fantasma de la ópera, de Gastón Lerroux, es uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Aunque su trágica figura protagonista alcanzaría aún mayor fama gracias a al cine, destacando la versión de Lon Chaney (1925), de la que celebramos su centenario, y al teatro, con el famosísimo musical creado por Andrew Lloyd Weber en 1986. Ahora Mario Hernández (Albacete, 1988), repasa la historia de este mito en el libro Los mil rostros del fantasma de la ópera (Diábolo ediciones).
"Mi primer acercamiento al Fantasma fue a través de un juego de mesa, que era de mi hermano o mío o de ambos -nos confiesa Mario-. El dibujo de la caja me atraía más que atemorizaba, el género del terror (luego descubrí que era "terror clásico") me gustaba ya desde crío. Pero fue la versión del musical de Andrew Lloyd Webber, representada por el grupo de teatro Arte Escénico de mi pueblo, la que me enganchó para siempre al personaje: su malditismo, su trágico destino, su soledad, y también su genio, ironía y mala leche: un romántico empedernido al que no le tiembla el pulso a la hora de ahorcar a algún que otro tramoyista. Un ser marginal, que vive en los límites de lo humano, con un corazón herido y desgarrado, pero enorme".
"El musical inglés fue el que mejor supo leer la novela original de Gaston Leroux, aprovechar todas sus virtudes y potenciar la auténtica esencia del personaje; y como el musical es la versión más exitosa, en todo el mundo y desde hace casi cuarenta años, de la historia, Erik es hoy mucho más un antihéroe trágico y romántico que el monstruo de terror al que inicialmente el cine transformó", añade Mario.
Portada del libro 'Los mil rostros del fantasma de la ópera' (Diábolo ediciones)
¿Se inspiró Leroux en el Hombre Elefante?
Empezamos por el principio, por el creador del fantasma: "Gaston Leroux -nos explica Mario-, antes de dedicarse por completo a ser escritor, fue periodista, y no uno cualquiera: una estrella del rock de la época, un reportero famoso y respetado. Es cierto que cubrió algunos acontecimientos relacionados con la Ópera (la caída de la lámpara en 1896, la visita a las galerías subterráneas en 1907) que le inspiraron para la novela, así como algunos personajes reales de la época, pero el fantasma de la Ópera es creación absoluta del francés: todo teatro tiene un fantasma, y si el de la Ópera Garnier no lo tenía, Leroux se lo dio".
"Lo que sí hizo, muy inteligentemente, fue introducirse a sí mismo como personaje en la novela, un reportero anónimo que investiga los extraños sucesos ocurridos varias décadas antes, lo que le confería a su folletín, gracias a lo respetado de su posición como periodista, un aura de "basado en hechos reales" totalmente falsa que, en todo caso, caló en el público, hasta el punto de que hoy en día mucha gente piensa que el Fantasma existió de verdad. En fin; también hay gente que envía cartas al detective del 221B de Baker Street..."
Una de las aportaciones de Mario en el libro es ligar el nacimiento del fantasma a un famoso personaje de la época: "En cuanto a la posible inspiración del personaje en el auténtico Joseph Merrick, el llamado "Hombre Elefante", no hay documento ni testimonio que lo demuestre, es pura teoría mía. Eso sí, teoría que defenderé a capa y espada: la fama alcanzada por el caso de Merrick fue enorme a nivel europeo y conmocionó a la sociedad. Ocupó titulares y corrieron ríos de tinta sobre él. Aunque no escribiera nunca sobre el asunto, me parece harto improbable que Gaston Leroux desconociera la noticia. Merrick y Erik comparten, además de la desfiguración (y hasta un nombre similar), un trágico pasado circense como "monstruos de feria", pero también su amor por el teatro, el deseo de ser amados... Pareciera que Leroux hizo de su Fantasma el reverso oscuro del bondadoso Joseph Merrick".
Página de 'Los mil rostros del fantasma de la ópera'
"El fantasma de la ópera provocaba escalofríos en los lectores"
En cuanto a la novela, no fue un éxito instantáneo, como nos recuerda Mario: "En realidad la novela tuvo un éxito moderado en Francia, muy lejos de las enormes ventas de las novelas policiacas de Leroux protagonizadas por Rouletabille. Por eso nadie se esperaba el bombazo que fue la publicación seriada, y luego en formato libro, en Estados Unidos, que incluía hasta lecturas dramatizadas de la novela".
"En todo caso, las claves de su interés para el público podrían ser su ritmo trepidante, sus muchos y muy atrayentes misterios, su dominio del folletín y el cliffhanger, pero sobre todo, claro está, el personaje en sí: el fantasma de la ópera provocaba escalofríos en los lectores, pero también una oscura y misteriosa conexión, cierta empatía y hasta compasión. Era, contra todo pronóstico, un personaje con el que todo lector podía identificarse", asegura el autor.
Parte de ese éxito pudo ser por las ilustraciones que acompañaban a la edición de 1911. "Las acuarelas de André Castaigne para la edición norteamericana de la novela son grandes responsables, también, de su éxito: los seductores colores, su maestría a la hora de esconder el rostro del Fantasma, la espectacularidad del baile de máscaras o la escena de la terraza... marcaron para siempre la imagen del público respecto a momentos clave del libro, y su traslación cinematográfica buscó reproducir exactamente lo que sabía ya estaba en la imaginación de millones de lectores".
Ilustración de André Castaigne
"El éxito de la película de Lon Chaney fue tremendo"
Hace justo cien años se estrenaba la mítica película dirigida por Rupert Julian, que aumentaría la fama del personaje: "Si obviamos la versión alemana perdida de 1916, el primer "Fantasma" de celuloide llegó en 1925, un empeño personal de Carl Laemmle, el presidente de los estudios Universal, que buscaba repetir el éxito de otra adaptación francesa, El jorobado de Notre Dame. De ahí que contara con Lon Chaney, el hombre de las mil caras, que además de su inmenso talento para crear maquillajes inolvidables, era único a la hora de meterse en la psique de esos personajes torturados, marginales, trágicos, que tanto le gustaban y con los que tanto se identificaba. Chaney es clave en la historia de Erik, no solo en el cine, sino en la cultura popular: lo convirtió en un monstruo icónico del terror, sí, pero también le dotó de alma, de humanidad, de empatía, que lo hace mucho más cercano al espectador que otros mitos como Drácula o Frankenstein".
"El éxito de la película fue tremendo -añade Mario-, contando además con una de las primeras experiencias cinematográficas de merchandising y marketing publicitario; se pensó rápidamente en una secuela, que finalmente se transformaría en una versión sonora con algunas escenas nuevas, pero la llegada de nuevos monstruos en los años 30 le relegó a un discreto segundo plano".
Lon Chaney en 'El fantasma de la ópera' (1925)
Después seguirían la versión de Arthur Lubin de 1943, con Claude Rains en el papel del fantasma, y la de la Hammer, la famosa productora británica que desempolvó los personajes de la Universal. "Desgraciadamente, la versión de la Hammer estrenada en 1962 tiene poco de las mejores películas de la productora y bastante de las peores... En todo caso, fue la primera que ya jugaba con el conocimiento popular del personaje por parte del público, de ahí que la presentación del fantasma de Herbert Lom suceda directamente en su horada, junto al lago, tocando al órgano una conocida Tocata de Bach, ya para siempre asociada al personaje y el cine de terror".
"Aunque el actor fue una elección muy acertada (tenía la elegancia de Claude Rains, la sensibilidad de Lon Chaney, y algo de locura propia), esta versión desinfla su peligro y su carácter romántico. En todo caso, es una película de la Hammer, y consigue imágenes que se quedan para siempre en la memoria, y que hacen de ésta una versión muy querida".
Cartel de 'El fantasma de la ópera' de la Hammer
Y Brian de Palma dinamitó el mito con su ópera rock de 1974, en la que William Finley interpretaba al fantasma: El fantasma del paraíso es la primera versión musical de la historia, antes de la de Ken Hill y una década antes de la de Lloyd Webber. Meter al Fantasma en una historia apoyada directamente en las canciones, dado el carácter operático de la historia, parece una elección obvia, pero nunca se había hecho, o al menos, no bien. La película de DePalma lo hizo, demostrando de paso que el personaje tenía mucha más vida más allá de la época clásica, que su historia y personajes eran atemporales, y podían convivir con los modos irreverentes y rockeros de los años 70. Revitalizó el mito para toda una nueva generación y, definitivamente, abrió el camino para la más exitosa de sus versiones. La película, además, es estupenda por sus propios motivos, divertidísima, y con una banda sonora espectacular".
Página de 'Los mil rostros del fantasma de la ópera'
"Uno de los mejores musicales de la historia"
En 1986, Andrew Lloyd Webber, estrenaba su exitoso musical. "¿Cómo no va a ser uno de los mejores musicales de la historia? Lo tiene todo: una historia perfectamente contada, con romance, misterio, suspense, trucos de magia; una puesta en escena apabullante, arrolladora; y, sobre todo, una canción inolvidable tras otra. La música de Andrew Lloyd Webber, unida a las preciosas letras de Charles Hart, son clásico instantáneos nada más oírlos, y forman un trabajo impecable, una ópera moderna para todos los gustos, donde caben todos los géneros, y que gusta incluso a aquellos que detestan los musicales", asegura Mario.
"Por otro lado, es difícil decir si Michel Crawford es el mejor Fantasma de la historia, dado que no hay una grabación completa del espectáculo en el que podamos verle (a diferencia de Ramin Karimloo, otro actor descomunal). Pero sin duda fue uno de los principales artífices del éxito del musical, y durante cuatro décadas ha marcado el camino de los incontables intérpretes que le han tomado el testigo en las producciones de todo el mundo".
"El fantasma está aquí para quedarse"
En el libro, además de la novela y las películas, se repasan todos los productos relacionados con el personaje: "Hay objetos de coleccionista para todos los gustos. Por motivos ya explicados, le tengo particular cariño al juego de mesa de CEFA, pero está logradísima una figura de Reel Toys y Neca, que reproduce a la perfección el Fantasma de Chaney, y que está todavía más volcado en la promoción de este libro que yo".
En cuanto al futuro del fantasma de la ópera, Mario Hernández nos comenta: "Más de un siglo después de su creación, el Fantasma ha demostrado que está aquí para quedarse. Quizá no goce de la fama de otros monstruos clásicos, y el cine vuelve a él con escasa frecuencia, pero es que Erik es mucho más que eso. Aunque sea sobre todo por el musical, su presencia en forma de homenaje, cameo o guiño en otros formatos es constante (mientras existan Los Simpson, aparecerá de vez en cuando), y su máscara, capa y sombrero son iconos populares reconocibles en todo el mundo".
"Se siguen publicando novelas que indagan en su pasado o su futuro, así como novelas gráficas y versiones juveniles. Todas las edades tienen su propio Fantasma. Por su parte, el musical de Andrew Lloyd Webber no tiene visos de acabarse, continúa en Londres y muchas otras ciudades del mundo, en Estados Unidos y España está de gira por todo el país, en Nueva York se ha estrenado una nueva versión inmersiva, y en Francia, su país de origen, le ha salido un competidor musical. El interés por el personaje es constante, y aunque quizá haga menos ruido que el que despiertan Drácula o el monstruo de Frankenstein (precisamente Guillermo del Toro ha señalado que le gustaría hacer su propia versión del Fantasma, y las redes se han vuelto locas con la idea; yo también, sinceramente), continuamente revisitados, su música de la noche sigue sonando año tras año".
Página del libro 'Los mil rostros del fantasma de la ópera' (Diábolo ediciones)