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La sed de Doñana: "Hay que adaptarse al cambio climático que ya estamos viviendo"

  • El humedal más importante de Europa, reserva de la Biosfera, se enfrenta a una desecación por el deterioro del acuífero
  • Doñana ha perdido el 60% de las 3.000 lagunas contabilizadas por la Estación Biológica

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Informe Semanal - La sed de Doñana

En el aparcamiento junto al control de acceso a la reserva de Doñana, el área restringida del Parque Nacional, la investigadora de la Estación Biológica, Carmen Díaz Paniagua, a la que todos conocen como Poli, nos advierte incrédula: “Si vuestro todoterreno no tiene reductora, no puede pasar, porque os quedáis tirados…”

Los cuatro componentes del equipo de Informe Semanal entendemos sus palabras nada más cruzar la barrera: el todoterreno de la Estación que conduce ella misma avanza a duras penas por caminos de arena, mientras Chema Ortiz y María Varela, cada uno con una cámara, mantienen el pulso como pueden, entre tanto bote. Nos sorprende una luz brillante y cegadora al reflejarse en los arenales que rodean la vegetación, el pino mediterráneo y otros arbustos. Poli nos acerca hasta el borde de la laguna permanente de Santa Olalla, la más grande y profunda de Doñana.

Ante nuestros ojos asoma un páramo desolador cuyo suelo está resquebrajado por la sequedad. Este verano Santa Olalla se secó por completo y a primeros de septiembre, cuando los turistas se marcharon de Matalascañas, afloró el agua. “El chorrillo de la esperanza”, recuerda emocionada la investigadora, que muy lentamente fue creciendo con el paso de las semanas y donde ahora una veintena de flamencos picotea en el barro en busca de alimento.

“La laguna lleva un montón de años de deterioro. Ahora tiene la mitad de superficie que tiene que tener y todo eso está cubierto de vegetación que es terrestre, que no es acuática”, lo que en su opinión es una evidencia de la progresiva desecación de los humedales. Y añade: “Llevamos por lo menos diez años en los que hemos permitido que esto llegue a bajos niveles de inundación y que crezca y que se instale aquí este bosque de arbustos que son parajes”. Por eso cree que “es muy importante controlar y mantener un nivel de extracciones que sea sostenible con la conservación del parque. Esa es la clave”, concluye la investigadora.

Agricultura y sostenibilidad del parque

Doñana se asienta sobre un acuífero de 2.400 kilómetros cuadrados, agua subterránea que al aflorar a la superficie inunda el suelo arenoso de la red de lagunas y charcos que dan vida a esta reserva de la biosfera. Es el agua que da de beber a la agricultura intensiva de fresas y frutos rojos.

Miles de hectáreas que rodean el parque y que representa la principal actividad económica para estos municipios. Estimulado desde Europa, en 2014 el llamado plan de la fresa dejó sin permiso para regar 2.000 hectáreas de un total de 11.000 en aras de la sostenibilidad de Doñana. El pacto, que inicialmente fue apoyado por todos los agricultores, defraudó a un sector porque la decisión para excluir a esas 2.000 hectáreas se basó en una fotografía aérea de 2004. Para Julio Díaz, portavoz de la Plataforma en defensa de los Regadíos del Condado, la ejecución del plan “ha demostrado que ha hecho muchísimo daño a muchas familias de aquí del condado de Huelva”.

Una iniciativa legislativa, si la aprueba el parlamento andaluz, podría devolver los permisos para regar a unas 1.500 hectáreas de las que se quedaron fuera en 2014. La Asociación de agricultores Puertas de Doñana se opone porque, en palabras de su portavoz Manuel Delgado, “es una regularización de ampliación de terrenos de regadío sin aportar nuevos recursos hídricos, y significaría que el agua que hay disponible, que no es mucha y habría que repartirla entre todos, entre más gente y encima gente que lleva incumpliendo la ley más de 15 años".

El expolio del agua esquilma Doñana

Con el portavoz de la Asociación Ecologista para la Defensa de la Naturaleza, WWF España, Felipe Fuentelsaz, comprobamos que el expolio del agua es a día de hoy una realidad.

Desde la carretera nos enumera las fincas que riegan con agua del acuífero de Doñana incumpliendo la ley y, por tanto, traicionando la sostenibilidad del Parque. "Esta finca, por ejemplo, aquí de arándanos, esta finca se puso en regadío después del año 2004, es más, después del año 2014, en el año 2015 o 2016, ahí ilegal y sigue regándose” explica Felipe, mientras conduce entre los invernaderos que protegen las fresas que, en su mayor parte, abastecen el mercado europeo durante todo el año.

Lo que pasa, continúa el portavoz ecologista, es que “todas las administraciones han recibido una herencia de muchos años, compleja, con una falta de gobernanza absoluta, y cuando tienen que tomar acciones directas para el cierre de pozos, no hay una voluntad ni una unión política".

Turismo y sequía

Los males de Doñana no se acaban con la agricultura. Construida sobre una parte de las dunas de Doñana, Matalascañas es una urbanización cuyo desarrollo empieza en los años 70 del siglo pasado. Actualmente, su población pasa de los 1.500 habitantes en invierno a más de 100.000 en verano. Su consumo de agua para todo tipo usos, desde beber o asearse al llenado de piscinas, deja una profunda huella en las lagunas del parque.

“Se nota mucho los días de fin de semana y días de entre semana. El fin de semana hay más gente en Matalascañas. Luego llega el lunes y baja. También de día y de noche. Se nota muy bien cuando la gente se levanta por la mañana y tira de la cadena, vamos a decirlo así. Ahí pega un bajón”, asegura el director de la Estación Biológica de Doñana, Eloy Revilla, quien concluye que "Doñana no está muerta, está muy malita en el hospital, pero la cuestión es que tenemos una ventana de oportunidad. Es mucho mejor actuar ahora que esperar al año que viene o dentro de diez años, que es lo que hemos estado haciendo los últimos 30 años.”

Doñana no está muerta, está muy malita en el hospital

La sequía y las temperaturas extremas de hasta 46 grados centígrados que se registraron en la reserva este verano también han sido decisivas respecto a la extrema sequedad actual de los humedales. El director del Parque Nacional que depende de la Junta de Andalucía, Juan Pedro Castellano, no comparte el criterio de “deterioro continuado” del que alertan los científicos de la Estación Biológica de Doñana, dependiente del CSIC. Desde su punto de vista “tanto el agua, en superficie de la marisma como en la laguna de Santa Olalla, no así la más cercana a Matalascañas, tenemos la respuesta al campo, a la situación climática que tenemos. Esa es la realidad en que nosotros estamos", explica Castellano.

Dos caras de una misma realidad sobre las que el biólogo, Miguel Delibes de Castro, hijo del dramaturgo que dirigió la reserva biológica durante ocho años, trata de arrojar luz: "Yo creo que hay que quedarse con todas las lecturas. No ayuda mucho decir que si lloviera muchísimo podríamos regar y no pasaría nada. Quizá sea verdad, pero es que no llueve muchísimo. Pero lo cierto es que eso hay que meterlo en la ecuación que compongamos, hay que meter una adaptación al cambio climático que ya estamos viviendo".

Delibes, que actualmente preside el patronato de Doñana, cree que la grave situación por la que atraviesa el parque es un problema de Estado que exige acuerdos entre el Ministerio de Transición Ecológica y la Junta de Andalucía porque “afecta a la imagen de España en el exterior y a la idea que se tiene de nuestro medio ambiente”.

La grave situación por la que atraviesa el parque es un problema de Estado que exige acuerdos

Nosotros cuatro, los reporteros Chema y María, Patricia Ribas la realizadora y yo misma, nos quedamos con la belleza libre y salvaje que posee este espacio natural y que hemos sentido y vivido, incluso a pesar de la sequedad. Como nos recuerda Delibes, “con la obligación de ser optimistas respecto a su futuro” y la esperanza de que las próximas lluvias y la actuación conjunta de las administraciones contribuyan a saciar su sed de agua.