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El universo en su cerebro (IV)

Santiago Ramón y Cajal: el gestor científico y visionario educativo

  • Descubre las facetas del Nobel español en la serie documental Santiago Ramón y Cajal: el universo en su cerebro
  • El Museo Nacional de Ciencias Naturales expone a Cajal a la espera de un museo propio para el científico
  • Ramón y Cajal rechazó varias veces ser ministro de Educación, pero presidió la Junta para Ampliación de Estudios

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Santiago Ramón y Cajal: el gestor científico y el visionario educativo

Como en la mayoría de sus otras facetas, Ramón y Cajal miraba la Educación con otros ojos. Su nervio óptico era capaz de traducir sus propuestas originales en planes posibles y realizables. Supo entender que en lo diferente y lo diverso estaba el salto y la integración.

La gestión educativa del Nobel español

La labor de Cajal como gestor científico tiene bastante importancia y calado, aunque no es tan conocida: “Formó parte de la Junta para Ampliación de Estudios, una institución que intentaba mandar a jóvenes al extranjero para aprender en las naciones punteras. Fue capaz de avanzar al gestionar la Neurociencia y nos dejó el legado de la importancia de lo multidisciplinar”, explica Laura López-Mascaraque, neurocientífica e investigadora del CSIC.

Cajal, que ha denegado varias veces la oferta para ser ministro de Educación, entonces llamado de Instrucción Pública, sí que acepta presidir la Junta para la Ampliación de Estudios. “Convierte este organismo en una máquina engrasada, muy eficaz, que desarrolla la ciencia en España. Entre otras cosas, mandan a los jóvenes brillantes a las mejores universidades europeas de Alemania, Francia o Inglaterra. También se generan revistas científicas o institutos de investigación. Muchos de los que tenemos en la actualidad se fundan en la época presidida por Cajal”, asegura José Ramón Alonso, catedrático de Biología Celular.

'Histología del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados' es la Biblia de la Neurociencia. Recoge las ilustraciones con las que describió la anatomía microscópica del sistema nervioso.

Cuando Segismundo Moret, presidente del Consejo de Ministros español en la primera década del siglo XX, le quiere nombrar ministro Cajal dice que él no es parlamentario y afirma que es "un obrero de laboratorio" y que "no necesita ningún cargo”, según recordó Enriqueta Lewy, secretaria de Ramón y Cajal, al periodista Germán Sánchez en una entrevista rescatada del Fondo Documental de RNE.

Originalidad al enseñar y al producir

Cajal tiene unas ideas sobre Educación muy interesantes. Algunas las tenemos muy normalizadas en la actualidad, como combinar la teoría y práctica, pero entonces "no era muy típico porque en lo que más se profundiza era en la teoría”, valora Alonso.

El término neurodiversidad se amolda perfectamente a la visión de Cajal sobre Educación

Cajal habla de producir originalidad, tanto en materiales docentes como en la formación de cerebros: “Se da cuenta de que nuestros sistemas educativos intentan formar solamente a un mismo tipo de persona, por lo que reivindica, al contrario de lo que sucedía en su época, que cada joven desarrolle sus propias iniciativas y forma de ser”, enfatiza José Ramón Alonso.

“Ahora hay una palabra muy bonita que puede definirlo bastante bien que es la neurodiversidad", valora Alonso. "Una persona puede tener autismo, pero su forma particular y peculiar de mirar las cosas nos enriquece a todos. Nos interesa ser una sociedad neurodiversa que respete, valore e incorpore a todos los cerebros que tenemos cada uno de nosotros”, aprecia.

Los obstáculos para una de las mentes más brillantes

Hasta que pudo ocupar la cátedra de Madrid, Santiago Ramón y Cajal tuvo que hacer muchas oposiciones. El “provinciano desprovisto de valedores”, tal y como él se definía, tuvo que hacer surco y hueco entre los planes didácticos de la época y la endogamia que había en la Universidad: “Todo lo que él cuenta en Reglas y consejos sobre la investigación científica lo puedes trasladar a la actualidad”, asegura Juan Andrés de Carlos, neurocientifíco y responsable del legado del científico español.

Desde los veinticinco años hasta los cuarenta "tuvo que pasar hasta siete oposiciones para poder ocupar la cátedra de Madrid”, recuerda Enriqueta Lewy, última secretaria de Ramón y Cajal . El científico jamás dejó de dar clase por sus investigaciones y "todos los proyectos en los que se involucraba los completaba, porque a pesar de tener siete hijos y ser catedrático daba clases todos los días”, añade De Carlos.