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Coronavirus

El reto de aprender a hablar entre mascarillas y distancia: la secuela indirecta de los niños de la generación COVID

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Varios niños con mascarilla en un aula
Varios niños con mascarilla en un aula

La pequeña Mar, de ahora dos años, estaba empezando a hablar cuando irrumpió la pandemia de coronavirus en marzo del año pasado. Se acabaron la guardería, los juegos con otros niños y las visitas de la familia. Llegaron las mascarillas y el confinamiento. Y, entonces, se frenó su aprendizaje.

"Antes había más o menos 80 niños y que ahora son el doble"

Un equipo de TVE Andalucía ha hablado con sus padres, quienes, a la espera de una llamada de la Seguridad Social, han buscado ayuda profesional por su cuenta. "Tenemos la suerte de que tenemos una amiga logopeda que ahora va a seguirla", cuenta María del Mar, porque se prevé que el servicio público de atención temprana se demore aún entre dos y tres meses. "Nos dijeron que antes había más o menos 80 niños y que ahora son el doble".

Aprender a hablar sin bocas

"Estamos observando un incremento importante de cero a tres años, cuando antes la demanda era más de tres a seis", apunta Sara Serrano, logopeda y miembro del Comité de Educación del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid.

“Estamos observando un incremento importante de 0 a 3 años"

Las expertas consultadas nos recuerdan que todavía hay muy pocos datos empíricos que midan el impacto de la pandemia y el confinamiento en el desarrollo del habla, el lenguaje y la comunicación de los niños, pero algunas consecuencias ya han llegado a las consultas. El primer factor: la mascarilla. "Nos está privando de la comunicación no verbal", explica sobre el modo en el que los tapabocas no impiden observar los gestos de la cara, algo especialmente importante en el momento de aprender a hablar.

"Los bebes, cuando nacen, se fijan más en los ojos de las personas. A partir de su primer año de vida o año y medio, se centran en los movimientos de los labios de los adultos cuando hablan", desarrolla, por su parte, Núria Esteve Gibert, profesora agregada de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). En ese momento es cuando empiezan a balbucear y decir sus primeras palabras. Su mirada -que les ayuda a distinguir sonidos e, incluso, idiomas- ahora se da de bruces con una mascarilla.

Aislados con padres y madres

Pero este último año los niños y niñas han pasado la mayor parte del tiempo en casa, con sus padres, a los que podían ver la cara descubierta. No obstante, advierten las especialistas, una parte muy importante del desarrollo del lenguaje es la relación con otros niños. Si la comunicación "se reduce a hablar con los papás" pueden aparecer "interferencias", afirma Iciar Casado, psicóloga y logopeda. Porque padres y madres “somos expertos en traducir lo que dicen. Conocemos cuáles son sus intenciones antes de que las expresen, los entendemos por rutina y por contexto”, algo que no ocurre cuando se relacionan con sus iguales.

"Aprendemos a relacionarnos relacionándonos. Y cuando aprendemos a relacionarnos también aprendemos a regularnos emocionalmente. Al salir de su núcleo natural para ver a abuelos o amigos, el niño tiene que anticiparse y que tener nervios… Esa regulación emocional ayuda mucho a la capacidad del lenguaje", añade la logopeda Serrano.

El tacto

Con la vuelta al cole a partir de septiembre de 2020, se solventó la falta de relación con otros niños y niñas, aunque han persistido algunas carencias, debido a las medidas para evitar contagios de coronavirus. "No hay tanto contacto de piel. El tacto es uno de los sentidos de comunicación más importantes y que más nos ayuda a regularnos", explica Serrano, del Colegio Profesional de Logopedas de Madrid. Esto ha sido especialmente relevante en niños más mayores y en adolescentes.

Del mismo modo, las videollamadas durante el confinamiento han supuesto un especial handicap para los más pequeños. "No están preparados para ello, porque no diferencian si es una realidad o no", añade sobre un tipo de comunicación que nos ha exigido "un esfuerzo" a todos, también a los adultos.

Niños con problemas auditivos o de aprendizaje, los más vulnerables

Todas estas cuestiones se agudizan en niños y niñas con dislexias, trastornos del espectro autista o trastornos auditivos. Estos últimos, de hecho, a menudo compensan los problemas para oír bien observando los labios de la persona que les habla. “No tener esa información les puede causar todavía más impedimentos”, elabora Esteve, de la UOC, quien recuerda que el abanico de nuevas dificultades varía según la situación del niño y que todavía faltan estudios empíricos que lo recojan y analicen.

Desde la universidad, sí han podido constatar, en cambio, que durante los meses de confinamiento duro los logopedas se adaptaron a la “telepráctica” como pudieron, a través de videollamadas. “Pero hay tipos de intervenciones que no pudieron llevarse a cabo y eso ha sido muy importante para algunos niños y niñas”, alega.

En ese sentido, la logopeda Sara Serrano asegura que el parón ha supuesto casi “volver al inicio” para algunos pequeños que habían comenzado a sobreponerse a dislexias, retrasos del lenguaje o problemas conductuales.

Falta de recursos públicos

Para estos problemas, en aumento, los recursos públicos actuales resultan escasos, nos dicen. "Se sabe que hay una prevalencia del 7 % de trastornos del desarrollo y el lenguaje, pero se está diagnosticando mucho menos. Se detecta, sobre todo, cuando hay un problema muy severo", explica la investigadora de la UOC, Núria Esteve. Muchos de los casos leves que han pasado desapercibidos se revelan luego, en torno a los 7 años, cuando los niños aprenden a leer y escribir. "Se encuentran con muchas dificultades que no se han podido detectar a tiempo", agrega.

"La prevención es economía a largo plazo"

Por ello, desde el Comité de Educación del Colegio Profesional de Logopedas de Madrid, Serrano pide programas que permitan prevenir los problemas en la escuela infantil, de 3 a 5 años, con apenas unas horas a la semana con profesionales. "La prevención es economía a largo plazo", recuerda, y lamenta que no se vaya a mantener la ratio de profesores por alumno, mejorada este año por la pandemia.

Ante la posible preocupación de los padres, las expertas coinciden en la capacidad de adaptación del ser humano para aprender, y recomiendan a acudir a profesionales si observan algún problema. “No vamos a estar siempre con mascarillas, no vamos a estar siempre sin relacionarnos. Podemos ser positivos”, asegura Serrano, mientras Iciar Casado asegura: "Muchas veces la solución no es algo complicado y podemos darles herramientas o pautas para ejecutarlas en casa".

Asimismo, sugiere que se adopte un tono un poco más “dramatizado o teatral” al hablar con mascarilla con niños, y “sobre todo, expresar mucho con el cuerpo, los brazos y las manos”, para darles esa información que antes les contaba la cara.

Un problema desapercibido

Un estudio, llevado a cabo en Inglaterra con 58 escuelas de todo el país, asegura que el alumnado hasta los cinco años ha necesitado apoyo en la vuelta al cole tras el confinamiento, especialmente, en lo tocante al desarrollo de la comunicación y el lenguaje. Hasta un 96 % de los centros encuestados afirmaron estar “muy” o “bastante preocupados” por esta habilidad, por delante del 91 % que mostraron inquietud por el desarrollo personal, social y emocional de los niños, según apuntan los datos preliminares de la investigación, todavía en curso, de Education Endowment Foundation (EEF).

El problema había pasado desapercibido. Curiosamente, las habilidades personales y emocionales desasosegaban más a padres y madres, mientras solo un 3 % creyó que el lenguaje y la comunicación podría plantear dificultades para sus hijos. Ahora que la cuestión se erige como un problema más relevante, dos quintas partes de las escuelas primarias de Inglaterra han solicitado para sus más de 60.000 alumnos un programa de “intervención temprana del lenguaje”, financiado por el Departamento de Educación.