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Balonmano

Adiós a Juan de Dios Román, nuestro eterno profesor

  • El exseleccionador nacional de balonmano ha fallecido este sábado a causa de un derrame cerebral
  • Marcó un camino a seguir definido por unas pautas que nacían de un respeto absoluto por este deporte

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Imagen de archivo de la final del Campeonato del Mundo de balonmano de Barcelona (2013)
Imagen de archivo de la final del Campeonato del Mundo de balonmano de Barcelona (2013)

Resulta imposible explicar la historia del balonmano español sin poner en su contexto la relevancia casi icónica que ha supuesto Juan de Dios Román para este deporte. Resulta tan complicado como negar que la familia del balonmano español nos sentimos hoy huérfanos. Una orfandad que él rechazaría con la misma seguridad con la que siempre se manifestó. Y es que Juan de Dios entendía que esa supuesta paternidad era un privilegio que solo le correspondía disfrutar a Domingo Bárcenas. ¿Y entonces él? Simplemente su discípulo, su más fiel seguidor y, sobre todo, su amigo.

Con Bárcenas Juan de Dios mantuvo una enconada rivalidad en sus inicios en las competiciones escolares y, más tarde, compartió banquillo en su primera experiencia internacional para medirse a la selección femenina de Francia. Txomin fue su compañero en tantas y tantas etapas y en tantos y tantos proyectos. Al fallecer Domingo, Juan de Dios lamentó: "De un plumazo se nos ha ido toda la historia del balonmano". Hoy somos nosotros los que lloramos que la figura que ha vertebrado esa historia nos haya dejado.

El balonmano español de luto por la muerte de Juan de Dios Román

Pero es precisamente esa historia que queda herida la que ahora empieza a escribir su legado. El pasado del balonmano en nuestro país está jalonado por muchos nombres propios que, cada uno a su manera y cada cual en su ámbito, son responsables de haber ayudado al desarrollo, evolución y engrandecimiento de una disciplina que puede enorgullecerse de haber escrito algunas de las más exitosas páginas del deporte español.

Sin embargo, si algo particulariza a Juan de Dios Román es su capacidad para no solo haber colaborado a muchos de esos éxitos, sino, especialmente, haber tenido la virtud de trascender mucho más allá, de haber logrado ser influyente en muchos campos y para muchas de las personas que formamos parte de este deporte.

Resulta innegable que fue inspirador en las pistas y también en los despachos. Su palmarés en ambos es estupendo e incluso logró ser una referencia y un modelo también en los micrófonos. Detrás de ellos, con esa irrepetible pareja que formó con Luis Miguel López, enseñó balonmano a toda una generación y nos mostró una forma diferente de narrarlo. Lo hizo, lo hicieron, con un estilo que, siendo inimitable, marcó un camino a seguir definido por unas pautas que, de alguna manera u otra, tratamos de interiorizar todos los que nos dedicamos a relatar el balonmano. Esas pautas nacían de un respeto absoluto por este deporte y Juan de Dios, alejado ya de las cabinas desde hace años, nos exhortaba a seguir guardándoselo.

"Tenéis en mí a un feroz crítico y a un animador permanente", me recordaba en un mensaje en el arranque del Mundial de Francia de 2019. "Gracias por ello, por ser un animador exigente que nos invite a mejorar", le respondí.

Siempre he creído que fue consciente que el temor a sus críticas le convirtió a mis ojos en la vara de medir de cada cobertura que hacíamos de un campeonato. Así, cada paso dado, cada propuesta que sacábamos adelante, sabía que tarde o temprano pasaría por el algodón de Juan de Dios y lo hacía asumiendo que no siempre saldría limpio. Hoy agradezco cada corrección, cada llamada de atención y cada uno de los muchos emails con los que amenazaba saturar mi correo, porque si alguna vez supimos crecer es en parte gracias a él. Esa exigencia, su inquebrantable disciplina, su pasión o su inagotable curiosidad por no dejar de aprender y, especialmente, no dejar de enseñar, nos han dejado un reguero de lecciones que van mucho más allá del balonmano e incluso del propio deporte. Es esa influencia en tantos y tantos entrenadores, jugadores y periodistas la que sostiene y sostendrá ese legado que desde ya le sobrevive.

Se nos ha ido un hombre de muchas certezas, un tipo apasionado en fondo y forma, alguien que defendió siempre con vehemencia sus opiniones y que jamás ocultó su acentuada personalidad. Se nos ha marchado un divulgador insaciable y un profesor con un extraordinario afán pedagógico.

Y, sí, Juan de Dios, aún sin creerlo, has hecho que todos los que formamos parte de esa familia del balonmano español nos sintamos hoy más huérfanos.