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Miriam Ocariz se desgarra para mostrar su universo creativo

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La diseñadora Miriam Ocariz expone su obra en Bilbao.

Un enorme mural se extiende por todo el perímetro de la sala Rekalde y marca al visitante el camino, un recorrido que se inicia con una urna de metacrilato en la que descansa, ‘durmiente’, un maniquí. A partir de ahí se entra en el universo creativo de Miriam Ocariz a través de elementos que se conectan por los dibujos. El dibujo es aquí el punto de partida pero también el hilo conductor: es la trama y es la urdimbre del tejido sentimental de Miriam Ocariz.

Una camiseta gitante sirve de soporte para la obra de Ocariz.

Tras un largo proceso de creación, revisión e introspección la artista ha volcado sobre todo tipo de soportes sus dibujos, conformando una exposición que conjuga distintas disciplinas artísticas, distintos caminos por los que ha ido avanzando a la vez que diversificaba sus inquietudes, sus emociones, su talento. 

Vemos ropa pero también complementos, muebles, papel pintado, vídeos de sus desfiles, esculturas, un altar… “Alicia Fernández, directora de la galería, me ha animado mucho a hacer este trabajo, que no habría sido posible, y quiero destacarlo, sin el fotógrafo Eduardo Sourrouille, que ha sido el comisario. “¡Su visión sobre mí me ha ayudado un montón!”.

La muestra no plantea un recorrido didáctico ni se articula sobre un eje cronológico. “Todo está entremezclado pero a la vez todo está interrelacionado. Hay cosas mías y fotos que él me ha he hecho. Son suyas pero es mi historia”.

Los dibujos de Miriam Ocariz se expanden por diferentes formatos.

 El blanco da paso a rosa, el rosa a rojo, y el rojo al negro. El color cobra protagonismo y marca cada episodio personal y profesional, que en su caso están fuertemente hilvanados. En este combate de costura y sentimientos ha ganado la parte emocional que la racional.“Me pesa más la parte sentimental, en general. Va un poco con el tema de los colores y la mezcla de texturas aunque no descuido nunca el patrón, y cuido cada soporte”.

Dibujo de Miriam Ocariz tintado de rojo, uno de sus colores preferidos junto al rosa.

Los soportes, aquí, tienen mucha importancia porque permiten que el dibujo cambie, se transforme porque las escalas son distintas en la moda si se trata de moda o de pintura.

Mis dibujos hay que verlos de cerca. Siempre los he utilizado como texturas, como un falso liso. Y un mismo dibujo, presentado de maneras distintas o mezclado, cambia por completo”.

Cuenta Ocariz que esta exposición llega en el mejor momento, un momento de cambios importante en el que desemboca su vida tras colgar las tijeras en 2015.

“Sobre todo porque me ha hecho ver las relaciones que hay entre todas las cosas que he hecho pero también me ha ayudado a expresarme sin miedo. Todo ha ido funcionando y fluyendo hasta que ha tomado forma. Entonces Eduardo me ha dicho: ¡esta exposición eres tú!”.

Las prendas en negro ponen en valor el patrón y los volúmenes.

En la zona rosa, color fetiche de Ocariz, destaca un altar. “Está lleno de flores y ofrendas, como los altares mexicanos que son preparativos para un viaje. Yo dejé la moda por una situación personal complicada y empecé a trabajar con la porcelana fría y a hacer flores para evadirme. Repetía siempre el mismo elemento pero todas eran diferentes. Además estuve yendo mucho a mi casa, la de mi familia, y regresé cargada de recuerdos. Reciclé muchas cosas y con todo hice el altar”.

La obra de Ocariz se disfruta también en el hogar.

En la parte roja hay una explosión de color y vemos un grupo de maniquíes vestidos con trabajos de la diseñadora, todos son distintos pero estos están, de nuevo, conectados. Al final, en la parte del negro, otro batallón de modelos estáticas se visten de negro. “Aquí se da más importancia a la estructura, el tejido, los volúmenes.

Boceto de Miriam Ocariz

También hay dibujos míos más oscuros y retratos hechos a posteriori pero a la vez todo está muy relacionado, porque me he expresado a través de todos ellos, en ellos he plasmado distintas facetas de mí y muchos episodios personales”.

Ocariz, graduada en Bellas Artes, es una de las grandes agujas de la moda española y sus estampados han sido siempre su seña de identidad que trasladó, cuando se alejó de la moda, al textil de hogar. “Hay que hacer otras cosas porque hay que vivir”, dice. 

Sus trabajos han caminado por la pasarela y fuera de ella, y no es la primera vez que muestra su talento en una galería de arte, experimentando con otros formatos para expresarse mejor. “Esto no tiene nada que ver con la moda, con el hecho de tener que presentar una colección tras otra. Aquí planteas el proyecto de otra forma. Este es un proyecto importante pero porque la sala es grande ya que el planteamiento es muy íntimo”. La muestra puede verse hasta febrero de 2019.

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