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Vencer al cáncer de cuello de útero en 'Happyland'

  • Más de 4.000 mujeres mueren al año en Filipinas por cáncer de cuello uterino
  • Médicos Sin Fronteras vacuna a 25.000 niñas contra el virus del papiloma humano

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Cómo vacunar a 25.000 niñas contra el virus del papiloma humano en los barrios más marginales de Manila

Más de 300.000 personas viven hacinadas en los barrios marginales de Tondó, un distrito situado junto a los muelles del puerto de Manila, la capital de Filipinas. Se trata de uno de los lugares más subdesarrollados del país y también de una de las áreas urbanas más densamente pobladas del mundo.

En Tondó hay sólo un médico por cada 36.000 habitantes y el acceso a la salud por parte de la población es bastante deficitario. Por ello, Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó el año pasado una campaña de vacunación a gran escala con la que pretendía inmunizar a 25.000 niñas contra el virus del papiloma humano (VPH), uno de los principales causantes del cáncer de cuello de útero.

Cada día mueren 12 mujeres en Filipinas debido al cáncer de cuello de útero; más de 4.000 al año. Por este motivo, en 2015 el Gobierno incrementó sus esfuerzos para combatir la enfermedad, priorizando sobre todo a las regiones más pobres del país.

La insalubre ironía de vivir en 'Aroma' y 'Happyland'

Una mujer en la zona de Aroma, en Manila, devastada por un incendio reciente.

Una mujer en la zona de Aroma, en Manila, devastada por un incendio reciente. Hannah Reyes Morales

En la capital de Filipinas, que también es el principal centro financiero del país, hay barrios muy prósperos que elevan el índice medio de riqueza de la región. Y eso hace que aunque haya otros barrios extremadamente pobres, la región en sí no sea considerada como uno de los lugares con mayores necesidades. Sólo unos cuantos kilómetros separan a los prósperos distritos comerciales de los vecindarios de Tondó, pero la brecha entre aquellos que tienen dinero y los que no lo tienen es enorme.

Manila es una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, con más de 70.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Y aunque los nombres de sus barrios bajos puedan sonar un tanto pintorescos, reflejan las difíciles condiciones en las que viven sus vecinos.

Uno se llama "Happyland" (tierra feliz), un juego de palabras con la palabra ‘hapilan’, que significa ‘basurero’ en un lenguaje local. Otro es ‘Aroma’, que lejos de referirse a los exclusivos olores de un caro perfume, evoca los fuertes olores que emanan de las montañas de basura que rodean los barrios marginales.

Con el apoyo del departamento de Salud de la Ciudad de Manila y en colaboración con la organización local Likhaan, MSF lanzó una primera ronda de vacunaciones en febrero de 2017. Más de 25.000 niñas de entre nueve y 13 años recibieron la primera dosis de una vacuna que, para ser efectiva, necesita ser completada con una segunda dosis seis meses después.

Nómadas en un laberinto de calles sin nombre

Las calles de los barrios bajos de Tondó son como un laberinto, todas muy parecidas y por supuesto sin nombre. Además, muchos de sus habitantes cambian de hogar de un día para otro; muchas veces en función de las oportunidades económicas que les vayan surgiendo o del dinero del que dispongan.

En un hormiguero de calles y sin domicilios fijos, encontrar a 25.000 niñas para vacunarlas fue todo un desafío; y no perderles el rastro lo fue aún más

La mayoría de las viviendas -y sus habitantes- no disponen de una dirección oficial. Grandes almacenes en desuso se han convertido en refugios improvisados y cada uno alberga a cientos de familias. En este caos, encontrar a 25.000 niñas a principios del año fue todo un desafío. No perderles el rastro para poder volver a encontrarlas seis meses después lo fue aún más.

Residentes de un suburbio en Manila se refugian en una pista de baloncesto tras un incendio que destruyó sus viviendas.

Residentes de un suburbio en Manila se refugian en una pista de baloncesto tras un incendio que destruyó sus viviendas. Hannah Reyes Morales

Además, en Tondó no hay una tradición de políticas públicas que ayuden a la sensibilización de la población en cuestiones de salud, y eso hace que algunas personas no sean demasiado conscientes de lo crucial que resulta el tener al día las cartillas de vacunación o de la importancia de no abandonar los tratamientos.

En resumen, todos y cada uno de los factores que se iban poniendo sobre la mesa solo servían para terminar de darse cuenta de las enormes dificultades que habría que superar para poder llevar esta empresa a buen puerto.

Movilizando a las comunidades locales

Y justo aquí es donde se demostró la importancia de contar con una organización como Likhaan y donde se puso en valor su profundo conocimiento sobre el funcionamiento de los barrios marginales de Manila.

Likhaan ha apoyado la salud de las mujeres y la planificación familiar en Filipinas por más de 20 años. Y gracias a ello, hoy en día gozan de un gran reconocimiento por parte de la comunidad. Junto a ellos, Médicos Sin Fronteras realizó una campaña de sensibilización a gran escala para explicar a las niñas y a sus familiares los motivos por los cuales debían regresar a por su segunda dosis de la vacuna una vez transcurridos los seis meses.

Una movilizadora comunitaria recorre la comunidad de Aroma para encontrar pacientes que han de vacunarse.

Una movilizadora comunitaria recorre la comunidad de Aroma para encontrar pacientes que han de vacunarse. Hannah Reyes Morales

Cuando se fue acercando la fecha, los trabajadores sociales recorrieron muchas calles y fueron puerta por puerta para contactar a tantas niñas como les fuera posible. También organizaron una campaña de mensajes de texto con los 10.000 números de teléfono que se registraron durante la primera ronda de vacunaciones y así enviar recordatorios sobre la segunda dosis.

Finalmente, realizaron sesiones de educación comunitaria para recordar a la gente la importancia de la vacunación, además de seguir llevando a cabo sesiones regulares sobre salud reproductiva y planificación familiar.

Después de semanas de arduo trabajo, los equipos consiguieron resultados que sobrepasaron las expectativas: casi el 90% de las niñas volvieron para recibir la segunda dosis de la vacuna. Y este es un gran dato, ya que en este tipo de campañas, en las que se espera que los pacientes acudan por sí mismos al centro de salud, los organizadores normalmente logran solo reubicar a un 60 o 70% de las personas que recibieron la primera dosis.

Niñas de familias con pocos recursos de Tondo, en Manila, antes de recibir sus vacunas contra el virus del papiloma humano.

Niñas de familias con pocos recursos de Tondo, en Manila, antes de recibir sus vacunas contra el virus del papiloma humano. Hannah Reyes Morales

Venciendo al cáncer de cuello de útero

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda vacunar a todas las niñas menores de 15 años para reducir el número de mujeres que desarrollan cáncer de cuello de útero cuando crezcan. En 2011 el Gobierno de Filipinas integró la vacuna del VPH dentro de su plan de inmunización nacional y en 2015 amplió la cobertura, pero las mujeres de mayor edad, para quienes está vacuna no existía cuando eran jóvenes, tienen muchas más probabilidades de contraer esta enfermedad.

MSF y Likhaan también crearon programas de diagnóstico y tratamiento. Sus equipos brindan información sobre el cáncer de cuello de útero, realizan consultas y brindan tratamiento gratuito en su clínica de Tondó y en su clínica móvil, una camioneta que atraviesa los distritos más pobres de Manila para poder llegar a un mayor número de mujeres.

Los exámenes de rutina sólo toman tres minutos. Las mujeres con células precancerosas son tratadas inmediatamente con crioterapia, mientras que aquellas que se sospecha que ya están en una etapa más avanzada de la enfermedad, son referidas al hospital para recibir un diagnóstico más preciso.

Dentro de este programa, más de 1.200 mujeres fueron examinadas entre enero y septiembre de 2017. El equipo de MSF les presta apoyo durante cada una de las etapas del proceso.

Una niña vacunada contra el virus del papiloma humano, en su improvisada casa en Manila.

Una niña vacunada contra el virus del papiloma humano, en su improvisada casa en Manila. Hannah Reyes Morales