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'La escala': mujeres en un limbo entre la guerra y el hogar

  • Se estrena la cinta francesa que recrea los programas de “descompresión”
  • Son estancias de tropas en lujosos hoteles antes de regresar del frente
  • RTVE.es entrevista a sus directoras: Delphine Coulin y Muriel Coulin

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 Ariane Labed y Soko protagonizan 'La escala'.
Ariane Labed y Soko protagonizan 'La escala'. noticias

Los traumas de los combatientes, ya sea en durante la guerra o al regresar a la patria, son un tema recurrente en la gran pantalla. La escala, película francesa dirigida por las hermanas Delphine Coulin y Muriel Coulin, ofrece una novedosa vuelta de tuerca. Tras obtener el premio a mejor guion en la sección ‘Una cierta mirada’ de Cannes en 2016, se estrena el 8 de septiembre en España.

El principal hallazgo es el poco conocido punto de partida: antes de regresar al hogar tras meses de combate en Afganistán, un batallón francés realiza una escala de tres días en un resort a todo lujo en Chipre. El objetivo es ‘descomprimirse’, sacudirse la tensión antes de volver a la vida civil. Y también someterse a terapia psicológica y cerrar un pacto de silencio: lo que pasa en combate, queda en el campo de batalla.

“Somos de Lorient, en Bretaña, una ciudad con mucha tradición militar. Y por eso nos enteramos de la existencia de esos programas de descompresión”, explican las hermanas Coulin en una entrevista para RTVE.es. “El choque es sorprendente: militares que tras meses de suciedad, polvo y guerra, aterrizan en un mundo de alcohol, música, piscinas y chicas en bikini. Pero además nos daba la ocasión de hablar de guerras que en principio no iban a tener incidencia en nuestras vidas, pero hemos visto que sí: hemos acabado pagando por ellas”.

Ariane Labed y Soko (bien conocida también como cantante) interpretan a dos amigas de la infancia que llevan su amistad al ejército. “En Lorient se suele decir que si eres hombre, te haces soldado; si eres mujer, esposa de soldado”, explica Muriel. “Cuando empieza la película creemos que son iguales a los hombre, y poco a poco descubrimos que no, que es más complicado para ellas”.

La teórica igualdad castrense se derrumba en las relaciones personales. La testosterona se revuelve con violencia contra la presencia de mujeres que, en el mejor de los casos, son vistas como gafes, y en el peor, objeto de furia y acoso. “La mayor parte de los jóvenes no se imagina a lo que van. El ejército es ahora profesional, pero siguen siendo carne de cañón”, sostiene Delphine. “Son personas de clases bajas y medias a las que se les promete ver mundo. Hay una ironía de clase, de jóvenes que se hacen masacrar con mentiras”.

La construcción de lo femenino, en un entorno tan brutal, es el tema de La escala. “La amistad femenina, por ejemplo, creo que es diferente. Hay algo de construcción mutua frente a un mundo que no siempre hace regalos. Hay algo en la amistad femenina de crecer juntas”, explican.

La escala explota las supuestamente terapéuticas sesiones de "debriefing": recreaciones de realidad virtual en las que un programa parecido a un videojuego simula en tiempo real el relato que cada soldado hace de sus traumas bélicos. “A veces ayuda y a veces no. Depende de la potencia del trauma: cuando es demasiado grande, hunde tanto sus raíces en la memoria que sacarlos es contraproducente”, opinan.

Por último, Chipre es el perfecto escenario para revelar el absurdo de las fronteras: los soldados franceses que se cuestionan por qué han luchado se mezclan con los lugareños azotados todavía más por la crisis económica en los confines de la Unión Europea. Y, como ruido de fondo, los refugiados que navegan el Mediterráneo huyendo precisamente de los conflictos en los que intervienen los soldados.

“Se cuestiona la idea de patria y el sentido de la guerras: esos soldados que ni han perdido ni ganado la guerra, metidos para curarse en un lugar que simboliza un fracaso”, concluyen.

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