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Elecciones en Reino Unido

La depreciación de la libra, la inflación y la negociación con la UE, retos del nuevo Gobierno británico

  • La inflación sube al 2,7% tras la depreciación de la libra frente a dólar y euro
  • El crecimiento económico desaceleró en el primer trimestre del año
  • El paro se sitúa en mínimos desde 1975 y el empleo, en máximos de 46 años
  • La negociación con los Veintisiete, sobre todo la comercial, una de las claves

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Pago efectuado en un mercado de Londres
Pago efectuado en un mercado de Londres.

Reino Unido celebran este jueves sus segundas elecciones generales en dos años -las anteriores se celebraron en 2015- y las primeras tras el referéndum del Brexit, que marca la política y la situación de la economía del país. El Ejecutivo que salga de las urnas deberá negociar la relación que tendrá con la UE. Entre lo más importante, el tratado comercial ya que 45% de las exportaciones británicas se dirigen hacia los Veintisiete.

Desde entonces, hace un año ya, la libra se ha depreciado un 14% frente al dólar y un 12% respecto al euro, lo que ha contribuido a disparar los precios -la inflación en abril fue del 2,7%, máximo en tres años- y a desacelerar la economía. En concreto, el PIB creció un 0,2% entre enero y marzo, un comportamiento mucho peor al registrado en el segundo semestre del año pasado.

Entonces, la economía británica se mantuvo robusta al expandirse un 0,5% en el tercer trimestre y un 0,7% entre octubre y diciembre, superando las expectativas que llevaron, incluso, a Londres y al Banco de Inglaterra a aumentar sus previsiones para este año de forma notable. Sin embargo, la caída de la libra ha comenzado a minar en los últimos meses a los sectores más expuestos a la confianza de los consumidores, según ha señalado a la agencia Efe Gordon Colquhoun, miembro del grupo de pensamiento Britain in Europe.

"Anticipamos una creciente incertidumbre y una subida en el coste de la vida, lo que afectará de forma negativa a la inversión de las empresas y al gasto de los consumidores a corto plazo", ha afirmado el también fundador de la consultora Event Horizon. Esto podría impactar en el crecimiento económico del país, sobre todo por el menor consumo doméstico.

Los analistas subrayan, además, que Reino Unido ha logrado evitar hasta ahora un impacto mayor en su economía gracias a las medidas del Banco de Inglaterra, que recortó los tipos de interés al mínimo histórico del 0,25% y amplió su programa de estímulos en agosto de 2016 para mitigar el efecto negativo del Brexit.

"Las medidas del banco central, que se adelantó a cualquier potencial shock en los mercados, han aportado sin duda certidumbre económica. Sin embargo, vivir en una economía de bajos tipos de interés, con la libra esterlina depreciada, puede tener también problemas", subraya a Efe Mark Fennessy, colaborador de Britain in Europe y socio de la firma Proskauer en Londres.

Empleo e inmigración

Lo que, por el momento, no se ha visto afectado es el empleo. De hecho, entre enero y marzo la tasa de paro bajó hasta el 4,6% de la población activa, la más baja desde 1975. Según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS), el número de personas sin trabajo descendió en ese periodo en 53.000 hasta llegar a 1.541.000 desempleados.

Mientras, el índice de empleo fue del 74,8% durante esos meses, el porcentaje más alto desde que se comenzó a tener constancia de estos datos en 1971. En total había 31,95 millones de personas trabajando en el primer trimestre del año, 122.00 más que en el periodo anterior, según la ONS.

Otro de los aspectos que más preocupan es la inmigración. El grupo The UK in a Changing Europe alerta de que la previsible rebaja en la entrada de trabajadores inmigrantes tras la salida de la Unión Europea puede afectar asimismo a la economía británica.

"Es difícil predecir cuáles serán las consecuencias directas de la reducción en la inmigración, pero los datos sugieren que saldremos perdiendo, ya sea por la falta de personal en empleos clave, o bien por la pérdida de ingresos fiscales", ha afirmado a Efe Anand Menon, profesor de Política Europea y Asuntos Exteriores en el King's College de Londres.

Según la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), órgano consultivo del Gobierno, reducir la inmigración neta, desde las 265.000 personas al año que llegan al Reino Unido actualmente hasta 185.000 en 2021, restaría a las arcas británicas 6.000 millones de libras anuales (unos 6.900 millones de euros).

La negociación de acuerdos comerciales, clvae

Uno de los principales objetivos de la actual primera ministra británica, la conservadora Theresa May, que aspira a ganar las próximas elecciones, es firmar lo antes posible un acuerdo comercial con los 27 socios de la Unión Europea, una tarea que no se presenta sencilla, tal y como ya ha advertido el presidente del Consejo Europeo.

El pasado 16 de marzo, el Tribunal de Justicia de la UE dictó una sentencia que obliga a pedir el visto bueno de los parlamentos nacionales antes de ratificar acuerdos que involucren cuestiones como contratación pública y desarrollo sostenible. Esto podría convertirse en un laberinto que retrasaría la aprobación de cualquier acuerdo con Londres.

Algunos analistas en Reino Unido, sin embargo, creen que la sentencia, que valoraba un acuerdo comercial con Singapur, abre la puerta a otras vías más directas. Julian Hoerner, profesor de la London School of Economics, ha indicado a Efe que la sentencia "deja claro que la mayoría de asuntos que cubre el acuerdo comercial son competencia exclusiva de la UE", mientras que tan solo algunos, como "ciertas formas de inversión extranjera", requieren el consentimiento de las cámaras nacionales.

Eso significa que Londres y Bruselas podrían "limitar el alcance" de su acuerdo comercial, dejando fuera algunos aspectos, según Hoerner, y aprobar con celeridad un pacto que podría incluir cuestiones arancelarias.

Pero la senda no es fácil y entre los primeros escollos ya se encuentran la factura que Bruselas reclama al país británico -según el diario Financial Times, podría rondar los 100.000 millones de euros- y la situación de los ciudadanos europeos y británicos.