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Se reeditan 'Puño de hierro' y 'Alpha Flight', dos cómics míticos

  • Dos títulos fundamentales de Chris Claremont y John Byrne
  • Se reeditan en sendos voluminosos tomos llenos de extras

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'Puño de Hierro' y 'Alpha Flight', por John Byrne
'Puño de Hierro' y 'Alpha Flight', por John Byrne

Los setenta y los ochenta fueron una segunda edad de oro para los cómics Marvel gracias a la incorporación de una generación de jóvenes autores que revolucionarían el medio como Frank Miller (Daredevil, Batman), Walter Simonson (Thor) o la pareja que hoy nos ocupa, el guionista Chris Claremont (X-Men) y el dibujante y guionista John Byrne (Los Cuatro Fantásticos), que hicieron de La Patrulla X uno de los mejores cómics de la historia de la compañía.

Pero todo empezó con Bruce Lee. En los años setenta, Marvel cómics buscaba nuevas ideas para ampliar el universo creado por Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otro puñado de autores, y así surgieron su línea de cómics de terror (entre los que destacamos La Tumba de Drácula) o la de fantasía heroica (Conan y compañía).

Pero en aquella época también arrasaban las películas de Bruce Lee de forma que, en 1972 llegó a la pequeña pantalla la serie Kung-Fú, protagonizada por David Carradine. Su éxito hizo que Marvel crease el personaje de Shang-Chi, Master of Kung-Fú, que triunfó y se convirtió en un mito gracias a la brillante etapa de Doug Moench y Paul Gulacy que, por cierto, usaron a Bruce Lee como modelo para su protagonista. De ahí que pronto surgiese un nuevo personaje experto en artes marciales: Puño de Hierro (Panini).

Puño de Hierro, rey del Kung-Fú

Por aquel entonces Roy Thomas (el sucesor más aventajado de Stan Lee) creó a Puño de Hierro con la ayuda del gran dibujante Gil Kane. Ambos narraban la historia de Danny Rand, un chaval que viajaba con sus padres en busca de la mítica ciudad de K’un-Lun (una nada disimulada versión de la mítica Shangri-La) en el Himalaya. Sus padres eran asesinados por su codicioso socio pero el joven lograba refugiarse en K’un-Lun, a la que sólo se podía acceder desde la tierra cada diez años.

Durante esos diez años, el niño se entrenó hasta convertirse en un experto en artes marciales y conseguir el poder del Puño de Hierro, mediante el que lograba concentrar toda su fuerza en su puño con el que podía dar un golpe devastador. Cuando tuvo que elegir entre la inmortalidad, permaneciendo en K’un-Lun, o vengarse del hombre que mató a sus padres, Danny eligió esto último, regresando al Universo Marvel.

Tras ese estupendo primer número, Thomas y Kane abandonaron la serie en manos de otros autores (aunque Kane siguió haciendo las portadas). Y tras unos números de transición, Chris Claremont, por entonces dando sus primeros pasos como guionista, se llegó al título y muy pronto recomendó, como dibujante, a un joven artista canadiense al que conocía de convenciones: John Byrne.

Así nació el equipo creativo más importante de Marvel de los 70 y 80. Y es que ambos rescataron el espíritu de los cómics de Lee, Kirby y Ditko en los que tan importante era la vida personal de los superhéroes como sus batallitas. De esta forma pronto empezaron a llegar los personajes secundarios, destacando dos de las mujeres con carácter que harían famosos a sus autores, Colleen Wing (una joven experta en artes marciales) y Misty Knight (una joven afroamericana con un brazo biónico). Y es que ambos fueron fundamentales en la lucha por la igualdad de las heroínas de Marvel.

Byrne, admirador de Jack Kirby, Steve Ditko y, sobre todo, de Neal Adams (Batman), fue el artista perfecto para dotar a la colección del dinamismo que requería. En estas páginas asistimos a su maduración como artista hasta conseguir el estilo que le convirtió en uno de los dibujantes más populares (y premiados) de esos años.

Poco a poco la pareja fue introduciendo a Puño de Hierro en el Universo Marvel, haciéndole compartir aventuras con personajes como el Hombre de Hierro y el Capitán América. Y en sus páginas asistimos al nacimiento de un villano que se convertiría en el antagonista de Lobezno, el mismísimo Dientes de Sable.

Finalmente, Puño de Hierro coincidió con otro de los personajes míticos de aquellos años, Luke Cage (Powerman) (El primer héroe afroamericano en tener su propia colección). Y terminarían compartiendo cabecera como los famosos Héroes de Alquiler.

Pero para entonces Claremont y Byrne se pasaron a La Patrulla X, una colección recién resucitada, que llevaron a la grandeza, convirtiéndola en la más popular de la década. Luego, como pasa con casi todos los dúos creativos (los llamaban el Lennon y el McCartney de los cómics) terminaron rompiendo y Byrne devolvió la grandeza a Los Cuatro Fantásticos con la que es (para mí al menos) la segunda mejor etapa de la colección tras la de sus creadores, Stan Lee y Jack Kirby. Una etapa que Panini publicará a principios de 2015 y que es imprescindible para cualquier aficionado a los cómics (ya hablaremos de ella en su momento).

 ‘Alpha Flight’, el “no grupo” canadiense

Durante su comentada etapa en La Patrulla X, John Byrne dejó de ser un simple ilustrador para colaborar activamente en los guiones con Claremont, de forma que enseguida quiso aumentar el protagonismo de Lobezno (canadiense como él) un personaje que a Claremont no le caía demasiado bien.

Tras convertir a Lobezno en un elemento imprescindible del grupo, la pareja fue más allá y decidieron crear otro superhéroe canadiense: Guardián, llamado así en homenaje a una estrofa del himno nacional de Canadá. Aunque tuvieron que cambiarle el nombre, por Vindicador, debido a que en aquella época acababa de publicarse el cómic Guardianes de la galaxia.

Vindicador (cuyos poderes venían de un traje de batalla electromagnético) recibió la orden de llevar de vuelta a Lobezno a Canadá, pero no pudo lograrlo al encontrarse con la resistencia de la Patrulla X. Por lo que pronto volvería con un equipo entero: Alpha Flight (Panini), formado por Sasquatch (un científico capaz de convertirse en un gran mounstruo naranja), Aurora y Estrella del Norte (dos hermanos que vuelan y tienen poderes lumínicos), Shaman (un brujo indio) y Ave Nevada (capaz de convertirse en cualquier animal candiense), a los que muy pronto se añadirían Marrina (la Namor del grupo) y Puck (un enano que sería el Lobezno de este grupo).

Los dos números en los que La Patrulla X peleó contra Alpha Fligth se hicieron tan populares que, unos años después, Marvel quiso darles una colección propia y Byrne, que en aquella época ya triunfaba con Los Cuatro Fantásticos, se vio obligado a encargarse de ella para que otros autores no jugaran con sus personajes.

De esa forma, en agosto de 1983 se publicó el primer número de Alpha Flight, en el que el grupo estaba a las ordenes del Gobierno canadiense, y que fue un gran éxito. Y Byrne demostró que podía guionizar y dibujar dos episodios de 22 páginas al mes, además de otros encargos especiales. Aunque pronto reclamaría ayuda para los fondos de Alpha Flight.

Pero lo que hizo especial a este cómic fue su carácter de “no grupo”, ya que los personajes casi nunca se reunían y las aventuras eran protagonizadas por uno o varios de sus miembros, pero raramente por todos juntos. Y descubrimos que su nombre no era casual, porque también existía un Beta Flight (preparado para intervenir si fallaba el primer equipo) e incluso un Gamma Flight, que servía para entrenar a los nuevos superhéroes.

Además, cualquier cosa podía pasar, hasta la muerte de uno de los personajes principales apenas una docena de números después. O que en uno de sus números hubiese cinco páginas en blanco (sólo con los diálogos) mientras el grupo luchaba en medio de una tormenta de nieve.

Todo contribuyó a crear uno de los cómics más diferentes, arriesgados e interesantes de la época. Un experimento que no hemos vuelto a presenciar en los cómics Marvel.

Sin embargo, Byrne terminó cansándose y tras el número 28 decidió abandonar la colección cambiándola por El Increíble Hulk. Los autores de esta última, Bill Mantlo y Mike Mignola, se encargaron del grupo canadiense pero ya nada sería igual, y la colección fue convirtiéndose en una más de las dedicadas a grupos superheroicos, aunque resistiría hasta el número 130.

En fin, dos obras maestras que Panini reedita en dos lujosos tomos llenos de extras Puño de Hierro y Alpha Flight, y que demuestran que los tebeos de superhéroes también pueden ser cómics de autor. Ylo mejor está por llegar porque el año que viene se reedita Los Cuatro Fantásticos, la obra maestra de Byrne.