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Así nació la vacuna de la polio

  • Antes de la vacuna la polio infectaba a medio millón de personas al año
  • La primera inmunización era inyectable y la creó Jonas Salk en 1955
  • El virólogo Albert Sabin inventó más tarde otra vacuna en forma de jarabe

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Jonas Salk, creador de la primera vacuna de polio
Jonas Salk, creador de la primera vacuna de polio Universidad de Pittsburgh

Ataca los nervios

El virus de la polio se contagia por ingestión de agua o alimentos contaminados. Infecta primero el intestino delgado. Allí el virus se replica y se extiende al torrente sanguíneo, desde donde llega a la médula espinal, el órgano del que parten todos los nervios motores del cuerpo humano. La polio puede atacar los axones de las neuronas, una parte de estas células, algo así como los cables de nuestro cuerpo. Cuando el virus los deteriora, las neuronas crean unos nuevos, pero mucho más débiles y no son del todo eficaces. Como consecuencia el enfermo pierde la movilidad de las piernas. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables. Alrededor del 8% mueren por parálisis de los músculos que controlan la respiración y una de cada 200 infecciones son irreversibles.

El virus de la polio afecta a la humanidad desde tiempos inmemoriales. El primer caso documentado se remonta al Antiguo Egipto. Se trata de la momia de un sacerdote con un pie deformado datada del año 1200 antes de nuestra era.

Más adelante, en 1834 los casos dejaron de ser puntuales y apareció el primer brote epidémico en la isla Santa Elena. Poco a poco se extienden por Europa y Norteamérica. En el siglo XX la epidemia llegó a Australia. En total se registraban medio millón de casos cada año. En 1952 el peor brote sacudió Estados Unidos, afectó a 58.000 personas y dejó 3.145 muertos y 21.269 supervivientes con secuelas graves.

El camino hacia la creación de la vacuna de la polio es una sucesión de pequeños pasos en los laboratorios. Lo inició el médico inglés Michael Underwood, que describió en 1789 por primera vez la enfermedad como una debilidad acusada de las extremidades inferiores.

Desde entonces se sucedieron las investigaciones hasta que en 1908 dos médicos austríacos Erwin Popper y Karl Landsteiner (el mismo que descubrió los grupos sanguíneos), averiguaron que la enfermedad está causada por un agente infeccioso y aislaron el virus.

En 1931, dos australianos, el biólogo Frank M. Burnet y el médico Jean Macnamara, identificaron las tres variedades de virus que producen la enfermedad.

En 1948 el virólogo John Enders dio el paso definitivo al inventar una manera de cultivar el virus en el laboratorio, sentando las bases para la creación de una vacuna y logro por el que ganó el Premio Nobel seis años después.

La vacuna llega en 1955

La ansiada vacuna de la polio llegó en 1955 de la mano de Jonas Salk, microbiólogo neoyorkino de origen judío y ruso. La historia de su creación es un ejemplo de perseverancia y trabajo duro.

En 1947 la Fundación Nacional estadounidense para la Parálisis Infantil, le propuso buscar una manera de frenar la polio. El médico no dudó. Estaba muy sensibilizado, veía que la enfermedad producía tantas muertes, dolor y secuelas que decidió dedicarse en cuerpo y alma a la investigación para el desarrollo de una vacuna. Así estuvo durante ocho años hasta que anunció la creación de un prototipo vacunal.

La vacuna era inyectable y estaba basada en las tres variedades del virus cultivadas en tejido de mono e inactivados posteriormente en formol. Una vez se inyectaba en el organismo los virus recorrían el torrente sanguíneo y el sistema inmunológico del paciente desarrollaba defensas contra el virus. Las personas vacunadas no desarrollaban la enfermedad pero sí podían ser portadoras del virus que seguían propagando a través de las heces y la saliva.

Los primeros en probar la vacuna fueron un grupo de voluntarios entre los que figuraba el mismo Salk, su mujer y sus tres hijos. Todos los que probaron la vacuna generaron anticuerpos contra el virus y no enfermaron.

En 1953 publicaba su hallazgo la revista Journal of the American Medical Association. Tras esta primera prueba, Salk inició un ensayo clínico a gran escala con la ayuda de su mentor, el microbiólogo Thomas Francis Jr., con el que años antes trabajó como ayudante en el desarrollo de una vacuna contra la gripe que se usó para inmunizar a los soldados en la Segunda Guerra Mundial. El ensayo se hizo con 2 millones de niños. Los resultados probaron que la vacuna era efectiva y segura.

Un héroe nacional que no patentó su invento

La información se hizo pública en abril de 1955. La población recibió la noticia con extremo entusiasmo y emoción. La polio era uno de las enfermedades más temidas y uno de los mayores problemas de salud pública. La vacunación masiva comenzó enseguida.

Desde ese instante, la incidencia de la enfermedad empezó a disminuir drásticamente. Salk se convirtió en un héroe nacional y no quiso patentar su invento porque no quería rédito económico y su intención era que se diseminara por el mundo lo más rápido posible.

Tan solo dos años más tarde, otro virólogo estadounidense de origen judío polaco, Albert Sabin desarrolló una vacuna más eficaz que se administra en forma de jarabe de manera oral. Con dos gotas es suficiente. Al pasar por el tracto gastrointestinal, protege a los individuos de contraer la polio y también hace que no sean portadores de esta enfermedad, algo que no lograba la vacuna de Salk. Esta nueva inmunización, hecha con virus vivos atenuados, desplazó la vacuna de inyectable. Sabin tampoco patentó la inmunización.

Hoy la polio está erradicada en gran parte del mundo gracias a la vacuna. En América el último caso se produjo en 1991 en un niño peruano. En Europa se consideró erradicada en 2002. En España la vacunación también logró que no se registre ningún caso desde 1989. En India se ha declarado este año erradicada.  

Sin embargo, el virus sigue azotando en países envueltos en conflictos violentos donde es difícil llevar a cabo las campañas de vacunación. Por este motivo la enfermedad sigue siendo endémica en Afganistán, Pakistán y Nigeria y desgraciadamente en Oriente Medio y en el cuerno de África están volviendo a aparecer casos.

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