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Juan Mayorga: 'El chico de la última fila' trata de dos ámbitos del amor y desamor: familia y escuela'

       
  • El texto de Mayorga que llevó al cine François Ozon vuelve a escena
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  • El autor muy satisfecho con el montaje dirigido por Victor Velasco
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  • Desde este miércoles hasta el 10 de noviembre en el Teatro Galileo

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Cartel del montaje. Teatro Galileo

Muy contento estaba este miércoles por la mañana el dramaturgo Juan Mayorga, al presentar sobre el escenario el montaje El chico de la última fila  que se estrenará por la noche en el Teatro Galileo. La obra ha llegado a su barrio: Chamberí. Cerca en la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria fue bautizado y estudió en el colegio Fernando el Católico.

Muy satisfechos y orgullosos los actores de la compañía, a su lado. Todos sentados ante una gran mesa, un puzzle hecho con decenas de pupitres…

“No hay montaje definitivo pero yo estoy muy satisfecho con éste”, ha afirmado nada más comenzar Mayorga, en referencia al último de los 11 montajes profesionales que ha generado su texto, en todo el mundo; también en Francia –un montaje teatral le dio a Ozon la idea para su "excelente" película-, Italia, Bulgaria, Argentina o Rumania, y próximamente incluso en Corea, donde se está preparando un espectáculo.

Él mismo podría ser uno de sus propios personajes, con la sabiduría de un hombre aún joven (Madrid, 1965) y la naturalidad y sinceridad de su expresión llena este escenario explicando tanto su texto como lo que los seis actores –Miguel Lago Casal, Óscar Nieto, Olaia Pazos, Rodrigo Saénz de Heredia, Sergi Marzá y Natalia Braceli- y el director,Victor Velasco, han hecho con él.

La génesis de este montaje es para Mayorga, “una historia hermosa” que cuenta así: “Me llamó Miguel Lago para decirme que querían montar la obra, ¿por qué no? pensé y fui a verles al espacio Tabacalera, allí descubrí un montaje excelente

Un montaje imaginativo

A continuación, Mayorga, explica  las razones de su entusiasmo: “Es un montaje imaginativo para una obra que habla sobre la imaginación y hay coherencia entre el fondo y la forma”, afirma haciendo referencia a los distintos espacios (aula, casa del profesor, hogar del chico espiado) que aúna la escenografía.

Hay un tercer motivo para la satisfacción “Esta es una compañía y no una mera agregación de actores”, subraya.

La historia, según su autor, habla de “dos ámbitos extraordinarios de amor y desamor: la escuela y la familia, un lugar de encuentro y desencuentro, de luz y herida”.

También nos habla de la imaginación, “el nervio de la vida”. Una historia sencilla sobre “imaginar la vida de los que tenemos alrededor y no de espacios siderales”.

Y de los puntos de vista, algo que está genialmente plasmado en la particular puesta en escena, con los seis actores siempre presentes pero no siempre del mismo.

Un relato que nació en su cabeza en los años 90, cuando, como profesor de instituto, leyó en un examen en blanco sobre fracciones el mensaje personal de un alumno: el chico callado de la última fila.

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